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Dimas Iván Figueroa Castellanos, de 40 años, el nicaragüense que cayó de La Bestia y perdió sus piernas, regresó al país y se encuentra en Mozonte, Nueva Segovia, su ciudad natal. 

Él viajaba como polizón en el lomo de "La  Bestia", también conocido como el "Tren de la Muerte". Antes lo había abordado cuatro veces. 

Guardaba imágenes en su cabeza de una joven migrante hondureña que había quedado con una mano desgarrada y también de un hombre de avanzada edad, a quien miró cómo el tren le arrancó una mano y un pie. “Después me tocó a mí y aquí termina mi historia", dijo.

Dimas acepta que la confianza lo aventó de la cima del vagón, donde iba con dos hondureños y su coterráneo José Miguel Landero. 

"El tren comenzó a correr y a correr. Cuando llevábamos unas cuatro horas, me puse de pie, le dije a mi compañero: 'Agarrate duro porque este tren va muy duro y nos podemos caer'", rememoró.

El cansancio, los desvelos y el hambre lo vencieron. Intermitentemente se despertaba y todo iba bien, hasta que llegó el momento en que despertó por el impacto en el suelo.

"Caí en las ruedas. El tren comenzó a molerme un pie, después agarró la punta del otro zapato, y como que me enredó. Me dio vueltas y me disparó hacia fuera", relató.

Hizo el ademán de tocarse las piernas. "Y fue cuando dije: '¡Ay, Señor, ¿por qué me siento sin piernas?'”

Ladeó la vista y miró supuestamente a un trabajador de la línea ferroviaria, quien no se le acercó.

SOLIDARIDAD

"Jefe, ayúdeme, lléveme a esa sombra. Me respondió: 'No, no te puedo tocar. Si solo te quedan cinco minutos para morir'", le sentenció.

Minutos después llegó su compañero de viaje, quien se lanzó del tren para auxiliarlo. Para la familia de Dimas, José Miguel fue como un ángel porque  nunca se le separó.

Una patrulla policial lo levantó y una ambulancia lo llevó al Hospital General de San Luis, en Guanajuato, donde se recuperó-

Reconoció la solidaridad de mexicanos quienes le prestaron teléfonos para que se comunicara con su familia en Mozonte. También le sobraron brazos en el centro asistencial que lo asistieron en sus necesidades.

Agradece la ayuda del Club de Leones de México, y en especial a un sacerdote católico de Estelí que le ayudó con vestuario y en el trámite de su situación migratoria y su retorno vía aérea, que ocurrió el viernes seis de enero. También le regaló una silla de ruedas.  

Resalta la solidaridad en su pueblo y agradece al personal médico del Hospital "Alfonso Moncada Guillén" y del centro de salud de Mozonte, donde le ayudarán a terminar de cicatrizar sus heridas.