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Originario de una familia muy pobre de Chinandega, desde muy chavalo tuvo que trabajar cuidando cerdos para poder continuar sus estudios, pero el destino le abrió las puertas hace más de 30 años para vincularse con los diversos sectores sociales del país, tanto urbanos como rurales.

Enrique Picado, Presidente del Movimiento Comunal, se acomoda para empezar a contarnos aspectos de su vida, y empieza diciéndonos que con muchos sacrificios se bachilleró en el Colegio Mercantil de Occidente.

Luego hizo estudios universitarios algunos años en contaduría pública y administración de empresas. También estudió ciencias sociales y hasta incluyó en su formación una especie de diplomado en la extinta Unión Soviética, en 1980.

Logró vincular conocimientos en ciencias sociales y políticas, logrando así acumular una experiencia técnica, vinculada a la práctica social, “lo que fue determinante en mi vida”.

En la lucha por el derrocamiento de Somoza, Enrique tuvo una participación mínima, aunque la experiencia que acumuló en tiempos de la dictadura, durante los años 77 y 78, marcó su vida en la participación de algunas obras de carácter social, por lo que desde ese entonces “amarraba” su vínculo con la comunidad, como fue la construcción de escuelas y proyectos de agua potable.

Golpes de la vida

Enrique desciende de una familia tan pobre, que al morir su papá, estando él muy niño, su progenitora le dijo cuando terminó la primaria, a los 13 años: “Mirá, Enrique, hasta aquí llego, ya no puedo seguirte apoyando en los estudios”, por lo que tuvo que comenzar a trabajar en una panadería.

Después de que hacía sus labores en la panadería tenía que cuidar 50 cerdos que también eran propiedad del mismo lugar donde comenzó a trabajar.

Esta experiencia Enrique la ubica como parte de su formación, algo así como una escuela. Su mamá enviudó a los 28 años, “por lo que quedamos con ella cinco chavalos”. Con mucho esfuerzo sacó la secundaria en el Colegio Mercantil de Occidente, de donde salió bachiller técnico en contabilidad.

Otra experiencia que le dio la escuela de la vida es que consiguió trabajo en el Ingenio San Antonio cuando estaba en segundo año de secundaria, donde fue contratado por tres meses y obtuvo la oportunidad de lograr ampliación a dos años. Al año y medio de la última validación lo dejaron permanente.

Labor organizativa desde Chinandega

Después del derrocamiento de Somoza pasó a ser dirigente a tiempo completo de los entonces Comités de Defensa Sandinistas en Chinandega. Comenzó en su cuadra como brigadista de salud, además que su casa en esa localidad de occidente fue un centro de alfabetización urbana.

Rápidamente llegó a convertirse en el Secretario de Organización de los CDS del barrio donde vivía. Después pasó a ocupar el mismo cargo, pero a nivel municipal. En esa ocasión recibió la oportunidad de viajar a la URSS a hacer una pasantía de año y medio.

Al retornar a Nicaragua lo promocionan y llega a ser el Secretario General de los CDS en Chinandega. Después pasa a ocupar la Secretaria de Organización del mismo departamento occidental. En esa ocasión se produce la regionalización del país, y León y Chinandega llegan a constituir la II Región, y ahí se fusionan las dos estructuras departamentales de los CDS y vuelve a quedar como Secretario de Organización de esa jurisdicción, el diez de septiembre de 1983.

A los nueve meses de estar ocupando el cargo organizativo en León, la entonces jefa de los CDS, Leticia Herrera, llevó a cabo una reorganización de esos comités, por lo que lo pasan a Managua a ocupar, en octubre de 1984, el cargo de Secretario de Organización en el Ejecutivo Nacional de esa organización.

“Desde 1984 al día de hoy estoy en la misma organización, con la variante de que los CDS tuvieron un proceso de transformación profunda a partir de 1988, para llegar a convertirse en el Movimiento Comunal”, dijo Enrique, quien aclaró que ahora el movimiento no tiene un carácter partidario como fueron los Comités de Defensa Sandinista.

Recordó que durante los años 1985-1986, durante la intensidad de la guerra, “los CDS estábamos quedando en un cascarón, sólo estábamos los sandinistas en los barrios, y la mayor parte de la gente se nos había retirado producto de errores, dificultades y situaciones que no las supimos difundir de la mejor manera”.

Añora la vigilancia revolucionaria

Dentro de las tareas que califica como positivas que tuvieron los CDS estaba la vigilancia revolucionaria, “que ya quisiéramos volverla a tener”, porque cuando existió esa participación ciudadana “yo dejaba mi carro en la calle al frente de mi casa y no había los robos que existen ahora, ni mucho menos situaciones ligadas a la delincuencia criminal organizada”.

“La vigilancia contribuyó mucho, pero al igual afectó a algunos sectores de la población”, dice Picado desde un sentido autocrítico.

También recuerda que en la etapa en que se debilitaron los CDS había bastante sandinistas, “pero esto nos llevó a hacer un análisis profundo, y si queríamos hacer un movimiento fuerte y amplio y revivir el espíritu participativo, amplio y plural que tuvimos en los primeros años de los 80, teníamos que hacer cambios conceptuales, organizativos, de procedimientos y conductas.

“Esa transformación --que se inició antes de la pérdida de las elecciones del 90-- significó llamar a los que estaban alzados en la Contra, a los evangélicos, a gente apática a la revolución, y así nos planteamos estructurar una organización de la gente, para la gente y con la gente, y partir de eso que se organicen a como les dé la gana y no llevar nosotros la fórmula organizativa”.

Esto provocó que diversos sectores de la población se comenzaran a integrar, poco a poco, a una tarea que fue por la “cual nos da las Naciones Unidas el premio”. En los CDS y el Movimiento Comunal en 30 años “hemos tenido distintos ejes de trabajo, entre ellos la salud comunitaria, el tejido social, la red de brigadistas, las promotoras y las parteras”.

Vida del Movimiento Comunal

“El eje de salud es el que en los últimos 30 años le ha dado vida al Movimiento Comunal”, dice Enrique, quien a renglón seguido indicó que “esto le ha dado renovación de liderazgo. En 1979 los CDS comenzaron con 30 mil brigadistas, y ahora esa generación tiene 30 años más, por lo que andan arriba de los 50 y hasta de 60 años de edad”.

Muchos de los dirigentes que ocupan cargos en la red nacional del movimiento comenzaron como brigadistas de salud y ahora son responsables de municipios y de áreas importantes en los departamentos.

El cambio de CDS a Movimiento Comunal no se produjo en 1990, sino entre 1988 y 1989, “después del proceso de revisión a que nos sometimos, y si eso no lo hubiéramos realizado no estaríamos aquí hablando”, sostiene Picado.

En los mismos años en que se “siembra” la primera transformación de los CDS a Movimiento Comunal aparece el emblema de la hormiguita como símbolo, el arco iris como logotipo y su bandera, que es color amarrillo.

El cambio se hizo rescatando todo lo mejor que “tuvimos en lo anterior, porque había muchos elementos buenos en la experiencia de los CDS”, dice, aunque reconoce que durante hubo esos comités “no teníamos el lenguaje comunitario ni comunal”. Esto necesariamente llevó a Enrique a recordar un gran logro que se hizo en la etapa anterior, como fue erradicar la poliomielitis en 1983.

Los huertos familiares

Picado también extrajo de su memoria otro logro que se hizo efectivo con el tejido social, y fue la formación de los huertos familiares, donde una gran cantidad de personas se convirtió en pequeños empresarios que todavía tienen su huerto a orillas del Lago de Managua y venden su cosecha en el Mercado Oriental.

“He tenido la oportunidad de transitar de alguna manera contribuyendo en todos esos procesos de cambios y nuevas visiones que hemos tenido en la organización desde finales de los 70”, dice el presidente del Movimiento Comunal, que a nivel nacional tiene unos 20 mil actores locales.

De esos actores, unos 15 mil son brigadistas de salud. También tiene el movimiento en todo el país a 3,500 líderes comunales, así como unas 800 educadoras comunitarias. En su momento organizaron a 1,200 procuradores escolares.

Llamó la atención en torno a que dentro de los brigadistas de salud ahora hay médicos, como el doctor Roberto Sánchez, de Ciudad Sandino, y el doctor Enrique Beteta, “que fue dirigente nuestro, por lo que ahora tenemos excelentes médicos que están ejerciendo su labor profesional, ahora con una concepción distinta de lo que es el rol de un profesional en la medicina”.

Económicamente el movimiento se maneja con algunas fuentes de apoyo, entre ellas la ayuda comunitaria, que consigue recursos mediante actividades que se desarrollan en los diversos sectores, algunos recursos se generan en un centro de capacitación que hay en Matagalpa, que da servicios a terceros.

También cuenta con la vía de la solidaridad y la cooperación internacional. Uno de esos organismos es Solidaridad Práctica de Suecia. Cuenta también con respaldo del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Unfpa, así como Unicef y la OPS.

Derechos sexuales y reproductivos

A partir de 1994 el movimiento asumió otro proyecto: fomentar los derechos sexuales y reproductivos, que no es nada más que comenzar a erradicar el sistema patriarcal en las casas, donde hay opresión hacia la mujer y los niños, y también produce violencia en los hogares.

Incluye esta fase el tema de las enfermedades de transmisión sexual, el embarazo precoz, que tiene altos índices en Nicaragua, los derechos de la mujer, que eran temas tabú, y “por eso el movimiento a partir del 94 asume como componente importante en el salud esta temática con el respaldo del UNFPA”.

Y finalmente, sobre el premio que el Fondo de Población de las Naciones Unidas otorgó recientemente al Movimiento Comunal, Enrique dijo que se entrega anualmente a personas y movimientos.

En noviembre pasado “nosotros tuvimos la sorpresa de que habíamos sido postulados al premio, y por lo tanto tuvimos que llenar una serie de requisitos después que nos postuló el Unfpa, y elaborar un informe con algunos requerimientos que necesitan en Nueva York sobre lo que somos nosotros”.

En Nueva York se produjo un proceso de selección a través de un comité que selecciona los premios. Ese comité lo preside el embajador de Malasia en las Naciones Unidas, y “con mucha más sorpresa, hace días nos informaron que habíamos sido seleccionados para recibir el premio”.

Enrique destacó que este premio es para quienes forjaron al Movimiento Comunal desde los años 78 y 79, y que por distintas situaciones, como fue la lucha contra Somoza y la guerra, hoy no están con nosotros, y me imagino que en algún lugar deben estar muy orgullosos de este premio.

En segundo lugar, a los miles de brigaditas, promotores y dirigentes comunales que de manera anónima y sin ninguna remuneración laboraron en lo que se conoce como un voluntariado social, que “lo hemos construido en los últimos 30 años”.

ebarberena@elnuevodiario.com.ni