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I

La charla

Denis Martínez, de 62 años y quien siempre carga en la bolsa de su pantalón un rosario traído desde Roma que huele a rosas, inicia la charla hablando sobre sus inicios en Triple A. Viste jeans, camiseta negra y un saco plomo. Parece cómodo hablando frente a un grupo de mujeres y hombres que lo observan fascinados.

Su público esta vez no está compuesto por jóvenes estudiantes de secundaria o de la universidad. Son todos periodistas y fotógrafos mayores de 20 años. Digamos que están todos en calidad de admiradores y que más de uno no entiende en qué consiste un Juego Perfecto ni sabe cuántos equipos hay en las Grandes Ligas.

Tres años atrás decidió impartir charlas motivacionales como una forma de devolver algo al país. Ha recorrido unos veinte colegios y universidades contando sus triunfos y sus fracasos. Junto con su historia ha llevado también consejos, en cada charla le insiste a los jóvenes que perseveren, que estudien inglés, que sean competitivos sin meterle el pie a nadie, que no olviden a Dios. Sobre todo esto último.

En la próxima media hora, la gloria deportiva mencionará mucho a Dios e insistirá en que él es un instrumento del de arriba. No faltarán el humor, las risas, las preguntas recurrentes de cómo fue el Juego Perfecto, qué sintió entonces y cómo superó sus problemas de alcohol. Todas las contestará con una sonrisa, como si fuese la primera vez que se las hacen.Charla con unos privados de libertad en Granada.

Empieza la charla regresando a sus 18 años, cuando conoció a Jim Palmer. “Lo vi corriendo como caballo y dije: quiero ser como ese tipo”. Denis Martínez no rebusca las palabras, intenta todo el tiempo hacer contacto visual con los demás, hace muecas y muchos gestos con las manos. En una de ellas (la izquierda) sobresale un anillo que tiene un Cristo. De pronto hace que aquellos que lo escuchamos nos imaginemos al muchacho lleno de energías, ágil, alto, flaco, pelo negro y chirizo al que una vez el mánager le preguntó en inglés durante un importante juego que iba ganando si se encontraba cansado.

−Are you tired?

−Yes! Yes!, contestó él con entusiasmo.

Repreguntó tres veces más y tres veces más contestó entusiasmado que sí, que sí lo estaba. Al final lo sacaron del juego y él terminó molesto, no entendió la decisión pues pensó que estaba contestando que sí, que podía seguir lanzando y terminar de ganar el juego. La lección que le quedó fue que debía aprender mejor el idioma, era evidente que no lo comprendía.

Cuando termina de contar la anécdota el salón estalla en risas, así que aprovecha para insistir en la perseverancia, en la necesidad de hacer esfuerzos extras para lograr las metas. Cuenta que entonces dedicó muchas horas a ver en la televisión un programa de enseñanza del inglés y aprovecha para relatar que al inicio muchos apostaban que en dos meses estaría de regreso en el país. Eran apuestas en las que maceaban. “Pero yo llevaba el deseo y el hambre de triunfar”, dice.

El rosario le fue obsequiado por el obispo Abelardo Mata, quien le quitó el que usaba y le regaló este.En este momento nos explica que el fin de sus charlas es motivar a los jóvenes a desarrollarse, promover la educación y el deporte, y también contar “lo que Dios ha logrado conmigo”. Recuerda entonces que ha tenido fallas, que hubo una temporada en que abusó del alcohol, que bajó su rendimiento y que una noche a mediados de la década de los 80, después de tomar por largas horas después del entrenamiento, se le ponchó una llanta en un expressway, por lo que fue llevado a la policía y el hecho luego salió en los periódicos. Dice que comprendió que pudo haber muerto en un accidente de tránsito y  lamentó la vergüenza que provocó a sus hijos, así que entonces decidió dejar de beber y aún asiste a reuniones de alcohólicos anónimos. Por eso está aferrado a Dios. “Si fallé pido perdón, lo importante es saber cómo nos levantamos”.

Denis Martínez fue el primer nica que ingresó a las Grandes Ligas y también el primer latinoamericano en lanzar un Juego Perfecto. La hazaña ocurrió el 28 de julio de 1991, ganó 2-0 ante los Dodgers de Los Ángeles.  El país, entonces necesitado de alegrías, celebró su triunfo y aún hoy el expícher es recordado con admiración y sobre todo con respeto. Estuvo 23 años en las Grandes Ligas y entre los números más importantes de su carrera está que ganó 245 juegos.

II

El mensaje

“Quizás no se acuerde de mí”, escribió el estudiante de 16 años. “Soy el joven que habló con el señor Denis Martínez, tengo seis meses limpio, tres meses en el centro de rehabilitación y tres meses fuera”.

El correo entró en julio del año pasado al buzón de entrada de Jorge Luis Ayestas, quien acompaña a Martínez en las charlas motivacionales.

“He encontrado de todo, problemas de alcohol, de droga, problemas de violencia, chamacos maltratados por sus padres”, dice Martínez al terminar la charla.

Otro de los problemas recurrentes que encuentra son los hijos que crecen sin sus padres. “En nuestro país desafortunadamente hay padres que tienen un hijo y después desaparecen, por eso a las jóvenes tratamos de incentivarlas y decirles que aprendan a decir no, varios chamacos se nos han acercado y nos han preguntado qué haríamos para resolver ciertos casos, el problema con la bebida de sus padres, por ejemplo, que les afecta a ellos porque no les dan amor, no le ponen atención, los descuidan y no están al tanto de la vida que están llevando”.

Antes de continuar reflexionando sobre los propósitos de los talleres, el expícher advierte que Jorge Luis Ayestas ha sido clave en este proyecto. “Él me empuja, reanima e incentiva”. Dice incluso que ambos se complementan y además de los talleres en los colegios impulsan también programas de atletismo, baloncesto y beisbol.

Seis meses del año los pasa en Nicaragua. Según dice, su esposa le ha comentado que aquí se “pone eléctrico”.

Cuando está en el país da charlas, juega golf y en ocasiones junto con autoridades de la Alcaldía de Managua visita el Estadio Nacional de Beisbol que llevará su nombre y está siendo construido en el centro de Managua.

En esta etapa de su vida, Denis Martínez dice que quiere mostrar una imagen espiritual. “No tengamos miedo de acercarnos a Dios, de buscar a Dios, cuando lo encontramos tenemos esa fortaleza y determinación para enfrentarnos al mundo porque de lo contrario el mundo nos come”.

A diario reza el rosario y va a misa. En Miami suele acudir a la iglesia a mediodía y en Managua al finalizar la tarde. Su esposa, con quien ha compartido 44 años, lo acompaña en ambas actividades. “Ahora ella se me pegó, entendió que hay que rezar en familia. Ha ido cambiando al ver mi consistencia y los cambios”.

III

Las preguntas

Jorge Luis Ayestas interrumpe para comentar que le están avisando que la charla está siendo transmitida en vivo por las redes sociales, así que Denis se emociona y nos insta a hacer más preguntas.

Minutos antes le habían preguntando por los momentos que antecedieron al Juego Perfecto. “Me da escalofríos porque lo vivo, lo estoy viviendo (mientras lo cuento)”, dice. Recuerda que decidió ir a misa antes del juego pese a que eso significaba no irse al estadio con los demás compañeros del equipo. “Mi compromiso siempre es no fallar a mi misa”.

Le preguntan por su relación con Alexis Argüello, con quien dice que compartió muchos y buenos tiempos, y también sobre cómo le anunciaron que había sido escogido para ingresar a las Grandes Ligas.

−Esas damas, ¡que pregunten esas damas!, insta Denis.

−¿Qué ritual tenía antes de cada juego?, consulta una periodista.

−Yo llegaba al estadio, me iba a ver al equipo contrario mientras bateaban, quería ver qué es lo que traían, contra quién me iba a enfrentar ese día. Me formaba una idea y después me ponía mi uniforme y bueno papá, les decía, voy a dar mi siesta, me despertás 40 minutos antes del juego. La siesta era como de relajamiento y rezaba mi rosario. Cuando me levantaba, lo hacía con una fuerza increíble, era un toro, con la mira en mi meta, ¿qué hacía a la hora del montículo?, preguntaste. Siempre −se persigna− y vamos para adelante. Calentaba y después les decía a los muchachos: ¡Let´s go, let´s go!

La charla casi está terminando. Como siempre sucede, abundan las personas que desean tomarse fotos, pero hay quienes prefieren selfis. En pocos días la historia se repetirá, solo que esta vez en un salón de clases.