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El representante en el país del Fondo Monetario Internacional (FMI), Humberto Arbulú, negó que en este momento estén negociando con autoridades de gobierno la reducción de unos 40 millones de dólares de las reservas del país para cubrir la brecha presupuestaria, y más bien dejó en el aire interrogantes sobre por qué recurrir a ellas, y qué manejo se le va a dar a esa disminución.

Reacio a ahondar sobre las declaraciones que brindó el lunes el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Antenor Rosales, en las que pintó un peor panorama del que ya se venía vislumbrando en la economía local, Arbulú fue categórico al insistir que no existe negociación sobre una posible baja en las reservas.

“Creemos que este año las condiciones nos obligan a perder reservas, algo así como 40 millones de dólares, algo que al FMI no le parece, por lo tanto, estamos haciendo proyecciones”, afirmó Rosales, quien a la vez consideró que tratará de cerrar la brecha presupuestaria con títulos por 30 millones de dólares y por disponibilidades del Banco Central por 30 millones de dólares adicionales.

“En este momento no estamos negociando, hace una semana se fue una misión técnica (del FMI), estamos mirando números, pero no se está negociando, él dice que se pueden reducir 40 millones de dólares que no le puede gustar al Fondo, pero hasta ahí, es lo que él dice”, dijo Arbulú.

Indicó que el organismo financiero tiene una posición sobre el manejo de cifras macroeconómicas y sobre lo acordado en los programas financieros que firman con cada país, pero que prefieren decírselo en “privado” a los representantes de los gobiernos, no hacerlo de manera pública a como lo hizo Rosales.

“Si él quiere conversar de asuntos como éstos, tiene la puerta abierta siempre para hablar educadamente y con cierto orden, pero no puedo contestarle públicamente.

Esencialmente (Rosales) ha dado unas declaraciones públicas que son su pensamiento, que no se han negociado con el Fondo, dice que están trabajando en varios escenarios y nosotros no podemos comentar sus comentarios”, se excusó.

Arbulú dijo no entender lo que quiso decir el presidente del BCN, cuando habló de separarse un poco de la ortodoxia del FMI para hacer frente a la crisis, y recordó que ese organismo ha sido flexible en varias ocasiones en las que Nicaragua no ha cumplido con los compromisos que ha asumido en diversos momentos y con distintos Gobiernos.

¿Le parece que tocar reservas sea una buena opción?

“Es que las reservas no son un número que sale del aire, ¿por qué son 40 millones? ¿cuál es el déficit presupuestario detrás de ese monto? ¿cuál es la política presupuestaria detrás de esos 40 millones? Eso es verdaderamente lo discutible, eso es lo que en su momento tenemos que conversar y no estamos en ese punto”, concluyó.

José Adán Aguerri, Presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep, dijo que el programa con el FMI ha brindado estabilidad macroeconómica al país, pero que es vulnerable y se pone en riesgo cuando el mismo presidente del Banco Central reconoce que la reducción en las reservas no es aceptada por dicho organismo.

Hizo un llamado a buscarle una respuesta al problema entre todos los sectores y no de manera unilateral.

El representante del organismo empresarial afirmó que tomar recursos de las reservas lo han hecho algunos países como Honduras, pero que esta nación está en mejores condiciones que Nicaragua, y le permite quedar en una posición más holgada.

El presidente del Cosep reiteró que la solución al déficit presupuestario pasa por resolver el tema de la cooperación externa, un problema que se suma a la caída que están experimentando las exportaciones del país, que en febrero registraron la segunda reducción consecutiva en el año.


Gobierno debe aprovechar crisis y pedir cambio de programa al FMI
Quienes sí retomaron las declaraciones de Rosales relacionadas con la ortodoxia del FMI, fueron los economistas Néstor Avendaño y Adolfo Acevedo, apuntando que el gobierno debería aprovechar los efectos que comienza a sentir el país producto de la crisis, la negociación de un programa distinto del que fue firmado el año pasado, pues ese se transó “con otro mundo” --financieramente hablando-- y, por tanto, el convenio es ahora “obsoleto”.

Avendaño dijo que la ortodoxia del FMI a la que se refirió Rosales, se empecina en obligar al gobierno a que cumpla lo que firmó cuando no había crisis, y, por tanto, se debe aprovechar la adversidad para plantear al organismo multilateral la elaboración de un plan anticíclico, que no es más que contrarrestar los efectos severos de la crisis económica mundial.

“Tenemos que salirnos de la ortodoxia para trabajar más con la realidad y no seguirnos empantanando en la política pro cíclica del Fondo, que lo único que busca es seguirnos hundiendo con la recesión económica mundial”, dijo Avendaño.

Explicó que la ortodoxia del FMI está referida a restringir circulante, aumentar reservas internacionales, elevar las tasas de interés, independientemente de la desaceleración económica que resulta de las medidas “fondomonetaristas”.

Por su parte, Acevedo consideró correcto que las autoridades nicaragüenses estén comenzando a reconocer la gravedad de la crisis, porque hasta el momento habían sido triunfalistas, ya que comenzaron con un Presupuesto de 2009 que proyectaba un crecimiento del 4 por ciento del Producto Interno Bruto, PIB (la producción total del país).

Añadió que posteriormente hicieron un ajuste, pero que todavía no han presentado el escenario que tienen previsto para este año, porque el presidente del BCN dijo que están ajustando las cifras de ingresos fiscales.

En entrevista con Canal 8, el economista también criticó a las misiones técnicas del FMI, que vienen a recomendar las recetas ortodoxas con medidas más restrictivas, que sólo agravan la crisis económica.

Dijo que es positivo que el gabinete económico le haya planteado al FMI que en estas condiciones no puede prevalecer el esquema ortodoxo, y recomendó al equipo nicaragüense buscar una negociación con las más altas autoridades del organismo, para plantear este problema.

Avendaño recordó que Nicaragua es el país más vulnerable de Centroamérica por factores como su elevado endeudamiento externo, lo que provoca que la mitad de lo que se produce sea saldo contable de la deuda externa. De igual forma, indicó que somos la nación con mayor déficit fiscal, que corresponde alrededor del 4 por ciento del Producto Interno Bruto, antes del registro de las donaciones externas.

“Si a eso le sumas que tenemos las reservas internacionales brutas más bajas del istmo, cercanas a un mil millones de dólares --que en este momento garantizan menos de tres meses de importaciones para este año--, más que no se han diversificado los mercados, definitivamente estamos en desventaja”, señaló.

La falta de recursos líquidos y el fraude

Esos cuatro parámetros que hablan de la gran vulnerabilidad de Nicaragua, se agravan con la suspensión de las donaciones líquidas de libre disponibilidad, porque una política fiscal que se dirija a contrarrestar los efectos perversos de la recesión económica, demanda un mayor gasto de inversión en infraestructura económica, pero ésta no se puede hacer sin recursos externos, explicó el economista.

“Se requiere normalizar las relaciones gubernamentales con las principales fuentes de cooperación de divisas líquidas en el momento actual, y no son minucias, como dicen algunos, porque sólo 60 millones de dólares que nos da el Grupo de Apoyo Presupuestario, es vital para pagar anualmente parte de los 100 millones de dólares de deuda externa y no tenemos capacidad de pago”, dijo Avendaño.


Otero: “Tocar reservas puede ser peor”


Cristhian Marenco
Aunado a la reducción de reservas internacionales pronosticada por Rosales, la congelación de donaciones de países cooperantes viene a perjudicar en gran medida las designaciones presupuestarias, según indicó el economista, Cirilo Otero.

“Si uno revisa el Presupuesto General de la República de los últimos siete años, te das cuenta de que el 38% del presupuesto ha estado en manos de cooperación internacional, eso significa que este año le estamos sustrayendo recursos al presupuesto general hasta por mil 300 millones de córdobas, una cantidad sumamente importante para la débil economía nacional”, expresó Otero.

De igual forma, el analista se refirió a la transparencia que deben tener las donaciones, tanto de Venezuela como de cualquier otro país, y catalogó de “incorrecto” el hecho de esconder información sobre los procesos de cooperación, ya que aunque los recursos se estén administrando honradamente, el desarrollo efectivo de las relaciones entre los países donantes y el Estado --que se convierte en receptor de una ayuda económica--, muchas veces depende de la legalidad y nitidez con que se utilicen dichos recursos.

“Además de mantener cuentas claras con los organismos de ayuda, cuando los gobiernos ponen de manera expresa la cantidad de dinero proveniente de donaciones, es posible planificar de mejor forma y hacer una mejor distribución de los bienes con los que se cuenta”, destacó el economista, quien hizo énfasis en que si la Administración de Ortega no crea puentes de diálogo y consenso con los distintos actores de la sociedad civil, y no se abre a sugerencias, es posible que el impacto de la crisis externa e interna sea mayor de lo que podría ser.

Como otro punto importante, Otero destacó la necesidad de crear mecanismos de indicadores numéricos que demuestren cuánto dinero se está ahorrando con las medidas de austeridad, y en qué se implementarán esos recursos, de modo que se verifique si estas disposiciones realmente tuvieron un impacto positivo y un resultado beneficioso en la economía nacional.