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Fernando José Ocón Zahoul ya había sido nombrado profesor asistente para la Universidad de Texas en Galveston y en Houston, cuando recibió en su oficina la visita de los directores de uno de los hospitales Metodista. Llegaron a ofrecerle los puestos de jefe de servicio y de director médico de ginecología y obstetricia, considerando sus años de experiencia y su reputación en la comunidad.

Seguía cosechando frutos de un largo esfuerzo. “Antes de empezar mi especialidad trabajé repartiendo pizzas, lavando piscinas, de chofer y eventualmente de asistente para un médico y en cirugías”, recuerda Ocón, quien hoy también atiende en su clínica privada, administrada por su esposa, Carmen.

Después de 25 años ejerciendo la medicina en Estados Unidos, ¿cuáles han sido las claves de tu éxito?El Dr. Fernando José Ocón Zahoul, en su clínica.

La clave del éxito es tener una meta y pensar que eres capaz. Pensar siempre en ser productivo en la sociedad y dar un buen ejemplo a los demás. La clave principal es encontrar algo que te gusta, te apasiona y hacerlo por el resto de la vida. Despertar cada día pensando que vas a hacer algo que te hace feliz. El éxito es el resultado de tus acciones.

¿Cómo te abriste paso en un ambiente tan competitivo?

Estudiando y trabajando mucho, siguiendo reglas sociales, pensando siempre que las oportunidades en la vida están disponibles para aquellos que las buscan y se esfuerzan por ellas. Leer, leer, leer. Estados Unidos es un país donde tu esfuerzo y talento es apreciado, no importa de dónde vienes ni el color de tu piel, por eso es el país tan avanzado que es.

¿Cuáles eran tus metas cuando te graduaste y cómo las modificaste en el camino?

Cuando me gradué de médico en Costa Rica fue la realización de encontrarme conmigo mismo y tenía que salir adelante. La pregunta era a dónde, cómo hacer ahora para conseguir un trabajo y ser un médico de calidad. Traté en México pero solo aceptaban  nicaragüenses para entrenarse, si llegabas con beca de gobierno, lo cual era imposible, pues el gobierno sandinista en esa época solo daba becas a sus afiliados. Decidí irme a Estados Unidos a ver si lograba entrar en un programa de entrenamiento especializado y para eso había que tomar exámenes y competir con aplicantes de todo el mundo, incluyendo los americanos. El que sacara la mejor calificación tenía la oportunidad de entrevistarse y eventualmente aplicar. Hablaba poco inglés y la solución fue trabajar en un ambiente donde se hablara el lenguaje e ir a la escuela a mejorar el idioma. Logré entrar a un programa de Medicina Familiar en Baylor College of Medicine, que es uno de los programas más competitivos del país, e hice dos años de entrenamiento en Medicina Familiar. Casi por finalizar mi segundo año, me llamaron del programa de obstetricia y ginecología y me ofrecieron una plaza, la cual acepté inmediatamente. Este era el sueño: especializarme en el mejor lugar posible, y salió esto en Baylor College of Medicine,  en el centro médico de Houston, el más grande del mundo.El doctor Ocón y su hija Adriana.

¿Por qué comenzaste a estudiar medicina en Costa Rica?

Traté de estudiar medicina en Nicaragua, pero desafortunadamente estaba todo politizado y había que ir a cortar café, algodón y hacer servicio militar. Ya había ido a alfabetizar a las montañas de Nueva Guinea por seis meses, pero no estaba dispuesto a ir a una guerra con la cual no estaba de acuerdo. Después de tratar en México, un día recibí una llamada de mi padre (q.e.p.d.) y me dijo que había averiguado de una universidad de medicina muy buena en Costa Rica, “cerca de la patria”. Fui a San José y me encantó desde el primer momento; ahí quedé. Costa Rica nos abrió las puertas a los nicaragüenses y nos dieron muchas oportunidades. La mayoría de nuestros profesores eran graduados de Estados Unidos o Europa, gente admirable.

¿Cuánto te costó especializarte en Estados Unidos, hablando más allá de lo monetario?

Vine a Estados Unidos con 750 dólares en el bolsillo. Trabajé repartiendo pizzas, lavando piscinas, de chofer y eventualmente de asistente para un médico y en cirugías. Lo más difícil en Estados Unidos fue ser aceptado en un programa de entrenamiento de especialización. Una vez ahí, había que competir con gente muy calificada que había estudiado en universidades de renombre; no quedó más que estudiar mucho, llegar temprano y salir tarde del hospital.

Entrenarme en Estados Unidos fue un placer, más que un sacrificio; fue como jugar beisbol en las Grandes Ligas.

Siempre tuve el apoyo de mis padres, hermanos y cuñados. Encontré ángeles en el camino que me ayudaron a salir adelante, con su apoyo y acogimiento, como Teresa Villavicencio (q.e.p.d.) y a quien siempre agradeceré por su apoyo, y también a la familia Rivas en Miami.

¿Cuánto influyó tu papá en tu formación como médico?

Mi padre (Fernando Ocón Vela) fue un gran médico que se dedicó a tratar gente pobre en Nicaragua. Trabajó en el Seguro Social y luego incluso en barrios pobres donde trataba gente de pocos recursos. Siempre llegaba a la casa hablando de sus experiencias con pacientes, con una gran satisfacción en su corazón. ¡Qué mejor ejemplo! Desde pequeño, yo operaba en animales que cazábamos en el vecindario.

¿Por qué decidiste asentarte en Houston?

Houston es la capital de la medicina, centro médico reconocido en todo el mundo. Gracias a que Teresa Villavicencio me ofreció su casa en Houston mientras estudiaba para aplicar a programas de entrenamiento, en Houston tuve la oportunidad de conocer el centro médico y me enamoré de Houston inmediatamente. Eventualmente conocí y me enamoré de una gran mujer, con la cual he compartido 26 años de mi vida y tenemos tres hijos increíbles: Carmen Terán, también nicaragüense. La conocí en Houston el día que celebramos la victoria de doña Violeta (Chamorro, 1990) y ahí quedamos.

¿Qué casos complicados has tenido que atender, que hayan puesto a prueba tus conocimientos y experiencia?

En medicina hay casos complicados todos los días, eso es lo que la hace tan interesante. Siempre tienes un reto esperándote. En el hospital Ben Taub, del condado, tuve la oportunidad de ver los casos más complicados, incluyendo mujeres embarazadas que sufrieron accidentes de tránsito, con serias heridas, y logramos salvar a la mamá y al bebé. Tuve embarazos complicados y cirugías espectaculares, pasábamos operando desde las 6:00 de la mañana hasta la medianoche, cansados pero felices. En mi profesión salvamos vidas a diario, es increíblemente satisfactorio ayudar a los demás y usar tu entrenamiento para el bien de otros.

¿Cómo lograste llegar a ser director médico de un hospital en Houston?

Un día estaba trabajando en mi oficina y llegaron los directores de uno de los Hospitales  Metodista, de Houston, y me ofrecieron la posición de jefe de servicio y de director médico, basados en los años de experiencia y la reputación en la comunidad. Mi trabajo es supervisar y ayudar a médicos que ya están en práctica, en casos complicados. Para entonces ya había sido también nombrado profesor asistente de obstetricia y ginecología para la Universidad de Texas en Galveston y en Houston. Ya había sido reconocido por varias publicaciones como uno de  los mejores ginecólogos y obstetras de Houston.

¿En qué difiere allí el ejercicio de la consulta privada y el trabajo en un hospital?

En Estados Unidos puedes trabajar “en”, no “para” un hospital, si tu profesión implica cirugías o admisiones al hospital. Yo trabajo en mi práctica privada y opero en el hospital, donde también hago partos. Gracias a Dios y al apoyo de mi esposa Carmen, hemos logrado construir una práctica privada en la cual nunca nos han faltado pacientes. Hay otros médicos que trabajan para hospitales o prácticas.

¿Ser de origen hispano implica alguna diferencia al competir para establecerse?

Ser hispano, para mí, ha sido la ventaja más grande; hablar otro idioma es como tener otra profesión. Tienes que dar una buena primera impresión y demostrar que estás aquí para superarte y mejorar la sociedad... Eso es todo. Aunque seguro lo fui, nunca me sentí discriminado. Una vez, en Baylor College of Medicine, llegué a ganar el premio de Residente del año dos veces de cuatro. Tambien fui Jefe de Residentes por un año en Baylor. Aquí en Estados Unidos se trata de tu mérito y tu esfuerzo.

¿Qué es lo que más recuerdas de cuando viviste en Nicaragua?

Cuando pienso en Nicaragua, pienso en mis amigos de infancia en Belmonte: el “Chele" Vega, el “Cabezón" Valenzuela, el “Flaco" Flores... En lo bien que la pasábamos hasta que llegó la guerra. También pienso en todos los nicaragüenses que pasan por dificultades y en el espíritu de lucha del nica. En la belleza del país y en si algún día regresaré y tendría la oportunidad de practicar en Nicaragua. Pienso en la laguna de Xiloá, en la isla de Ometepe, donde teníamos una finca preciosa, en las visitas a Granada, de donde era mi padre y en los primos y primas. Pienso en el Colegio Pedagógico de Managua, donde conviví y me eduqué con los hermanos  lasallistas. Por supuesto, también en la carne en vaho y en un delicioso churrasco con chimichurri.

¿Con qué frecuencia vienes a tu país de origen y qué prefieres hacer aquí?

No tanto como quisiera. Ahora que mis hijos están más grandes y todos estudiando en la universidad, quisiera poder visitar Nicaragua más a menudo. Ojalá hayan más eventos y ocasiones para poder ir a visitar. Cuando voy a Nicaragua, siempre visito a los amigos de la infancia. En mi próximo viaje pienso ir a la isla de Ometepe. Igualmente, espero poder ir a misiones médicas a ayudar a los necesitados.

¿Qué has enseñado a tus hijos, de tus vivencias en Nicaragua, Costa Rica y Estados Unidos?

Que en la vida hay que esforzarse desde pequeño y siempre, que se despierten temprano, que hablen español, que sean hispanos espectaculares... Y la verdad, lo son. Adriana estudia medicina en Texas, quiere ser ginecóloga, Marcela estudia finanzas en Boston y Fernando, ingeniería en Texas.

Según tu experiencia, ¿qué es el éxito y cómo se mide?

El éxito se mide en tus hijos y lo que has sembrado. También en cómo te sientes al levantarte en la mañana y ser feliz por lo que Dios te ha dado y el trabajo que estás a punto de realizar. El éxito es ser feliz rodeado de gente que te quiere y aprecia. El éxito es saber que haces el bien. Dios bendiga a Nicaragua y a los nicaragüenses.