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En el sector conocido como La Danta, en la carretera Sur, un vehículo Toyota Yaris impactó de frente contra una camioneta que zigzagueaba en dirección contraria. Segundos después del percance, Gabriel Flores, quien viajaba en el Yaris, no recuerda nada más que el estrujar de las latas, luego un silencio abrumador, seguido por la pérdida del conocimiento. El hecho ocurrió en mayo de 2016.

“La muerte parecía inevitable. Los médicos decían que era difícil que sobreviviera porque tenía dos fracturas en las piernas, contusiones en los pulmones y el cerebro, además había perdido mucha sangre”, relata Jimena Jarquín, madre de Gabriel.

En el 2016 fallecieron 780 personas en diferentes tipos de accidentes vehiculares, según la Dirección de Seguridad de Tránsito Nacional (DSTN).

Gabriel Flores hoy puede contar un poco sobre su historia, pero no así dos de sus mejores amigos, quienes viajaban con él cuando ocurrió el accidente.

Cuando Gabriel Flores era trasladado en la ambulancia fue declarado clínicamente muerto, pero al llegar al hospital los médicos consiguieron revivirlo; sin embargo, permaneció en coma durante 16 días, con fracturas en sus costillas, brazos y piernas.

Jarquín explica que el hospital le  mantuvo por poco tiempo la medicación a su hijo. “Yo tuve que buscar para comprárselos. También busqué a una fisioterapeuta, que a pesar de ser mi amiga tenía que pagarle por su trabajo”, comenta la madre de Gabriel.

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El trauma sicológico fue peor cuando al recobrar el conocimiento le contaron a Flores lo de sus amigos. “Uno (Javier) murió por trauma craneoencefálico y el otro (Carlos) le penetró una de las latas en el estómago y le partió varios órganos. Por eso se desangró”, cuenta Flores mientras toma un trago de agua, como para no soltarse en llanto.

Siete meses pasaron para que Gabriel Flores se recuperara por completo. Aún siente dolores en sus costillas.

POCOS SOBREVIVEN

De acuerdo con datos de la Policía Nacional, los accidentes de tránsito en Nicaragua son la quinta causa de muerte en el país: se registra un promedio de 10 muertes por cada 100,000 habitantes por esta causa.

El año pasado, 780 personas fallecieron en accidentes de tránsito, 100 más que en 2015, según el informe presentado en pasado diciembre por la Policía Nacional.

Después que Ivania Chamorro disfrutó junto a cuatro de sus amigos un día entero en playa Marsella, todo aparentaba que ese paseo de abril de 2016 terminaría siendo perfecto entre amigos. Pero el destino les rindió una trampa mientras regresaban hacia sus hogares.

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Eran las 6:00 de la noche y la oscuridad trajo consigo la tragedia. A una velocidad de 50 kilómetros por hora, el conductor del Jeep color gris en el que viajaban quiso hacer una maniobra, pero el auto agarró más velocidad y se volcó en la carretera Nacascolo, Rivas.

Ivania Chamorro recuerda que a pesar de lo ocurrido todos estaban conscientes. “Lo primero que pensé fue: ‘estoy viva, gracias Señor’. Después lo que hice fue revisar si tenía todas las partes de mi cuerpo. Moví mis piernas, miré mi brazo derecho entre los vidrios”, dice con tristeza Chamorro.   

Una decena de lugareños les ayudaron a salir, pero Ivania estaba entre las latas y con vidrios incrustados en algunas partes de su cuerpo.

“Ivania se murió, Ivania se murió”, decía en aquel fatídico momento una de sus amigos. La gente se apresuró a darle vuelta al Jeep y ahí estaba Ivania, consciente pero asustada.

Algo que, según  Ivania, nunca va olvidar es el momento en que unas niñas le amarraron el cabello, sin temor a llenarse de la sangre que tenía en el cuerpo. “La gente detuvo el primer carro que pasó y me mandaron al centro de salud de San Juan del Sur. En ese momento me di cuenta que aún existen las personas buenas”, expresa.

Después de estar en el centro de salud, fue traslada en una ambulancia hacia el hospital Gaspar García Laviana de Rivas, donde estuvo internada durante más de dos semanas. “Cuando uno vive este tipo de experiencias, aprende a valorar más la vida. Porque al final tu vida puede cambiar en tan solo un minuto”, expresa.

En cuanto a los gastos económicos, Ivania Chamorro, quien estudia su último año de carrera  en la Universidad Centroamericana (UCA), dice que fue un dolor de cabeza. “Pasé 9 meses en tratamiento con pastillas diarias que me costaban 50 y 32 córdobas cada una. Mi alimentación tuvo que cambiar, nuevos exámenes, aparte de las terapias que tuve que realizar”, dice.

LOS COSTOS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial indican que para los países en desarrollo, el costo económico de los accidentes de tránsito representa el 1% de su producto interno bruto (PIB).  De modo que en 2016, el país habría gastado US$131.933 millones si se toma en cuenta que, según proyecciones del Banco Central de Nicaragua (BCN), el PIB fue de US$13,193.3 millones el año pasado.

El comisionado Edgar Sánchez, segundo jefe de la Dirección de Seguridad de Tránsito Nacional (DSTN), aseguró en 2016 que anualmente resultan víctimas de accidentes vehiculares en promedio unas 4,500 personas. En ese entonces, señaló que para el Ministerio de Salud (Minsa) las lesiones por accidentes de tránsito son catalogadas como las más caras, debido a la gravedad de estas y lo que  representa en recursos como cirugía, terapia y tratamiento.

Esto significaría que solo para esa institución del Estado el gasto es de US$4.5 millones, si se supone que el gasto por persona es de US$1,000, dependiendo de la gravedad de las lesiones.

La directora de prevención de enfermedades del Minsa, Martha Reyes, explicó en 2015 que “el costo de la atención de salud por accidentes de tránsito es alto, tanto para el Minsa como para la familia de la persona afectada”. Pero no especificó cuánto destina la institución para este tema.