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La Cooperativa de Mujeres Artesanía Textil La Fe, ubicada en el barrio Ermita de Dolores, en León, ha traspasado fronteras con sus productos, que son adquiridos por intermediarios y posteriormente comercializados en distintos países de Centroamérica, Estados Unidos y Europa.

“Somos un colectivo de 6 mujeres, de las cuales 4 somos integrantes de la misma familia, que aprendimos a elaborar telares, en un pequeño taller artesanal que cuenta con máquinas de madera algo rústicas, pero cuyo resultados son de calidad”, dijo Daniela Manzanares, una de las artesanas que tienen 9 años de formar parte de dicha cooperativa.

Manzanares, de 38 años, ha logrado subsistir económicamente y sacar adelante a su familia, tiene 3 hijos menores de 14 años y actualmente se encuentra en su octavo mes de embarazo. “Es un trabajo duro y cansado, pero aun así tengo que hacerlo porque es mi medio de subsistencia, me siento dichosa porque no es un trabajo común, solo nosotras lo tenemos y le imprimimos mucha dedicación”, comentó Manzanares, quien se encontraba sentada en una de las máquinas de tejado realizando sus labores cotidianas. Según Manzanares, el embarazo no ha sido obstáculo para dejar de trabajar. “Trato de no hacer labores que requieran mucho esfuerzo, he tenido un embarazo sin complicaciones y sigo trabajando hasta que nazca mi hijo”, afirmó Manzanares.

Lilliam Centeno, de 36 años, es otra de las artesanas y actual gerente de mercadeo en dicha cooperativa de mujeres, quien expresó que su suegra Danelia Zapata, de 73 años, fue la fundadora del lugar. “Hace más de 35 años doña Danelia aprendió este oficio de mujeres salvadoreñas que llegaron a León a transferir conocimientos sobre la elaboración de telares, pero fue en el 2006 que se decidió a instalar el taller, en ese entonces solo tenía una máquina, luego me integré a trabajar con ella y ahora somos 6 artesanas”, contó la gerente.

Cabe destacar que las máquinas de madera funcionan de manera manual, solo necesitan un poco de fuerza humana, no requieren de energía eléctrica, aceites o combustible, aunque demandan de constante mantenimiento.

En el taller operan 8 máquinas de distintos diseños, de las cuales 7 son telares y un montador de rollos de hilo. Se elaboran mantas, bolsos de mujer, bufandas, centros de mesas y monederos.  Centeno aseguró que la producción de mantas varía en dependencia de la época del año. Elaboran a la semana alrededor de 20 mantas, dependiendo del diseño y tamaño, además del clima, porque en invierno las máquinas que son construidas de madera se humedecen y se detienen las labores. Cuentan con distintos diseños de mantas que han sido inspirados en la naturaleza. Las mantas son piezas artesanales y decorativas que pueden tener un uso múltiple, se utilizan como sábanas, cortinas, adornos de sofá, abrigos, etc.

“La producción también depende de los pedidos especiales que realizan algunos clientes, incluso tenemos que duplicar el personal para cumplir con los encargos, que por lo común son realizados por extranjeros, que a su vez son intermediarios, porque comercializan nuestros productos a Estados Unidos, Canadá, Holanda, Inglaterra, Costa Rica y otros países”, dijo Centeno, quien aclaró que hasta el momento no han logrado establecer exportaciones directas de sus productos.

Elizabeth Jirón, de 43 años, también es artesana de la cooperativa y tiene 9 años de laborar y aportar con su creatividad a nuevas propuestas de diseños de mantas. “Siempre me gustó la costura e ingeniar nuevas propuestas de diseño, me gusta el arte, jugar con los colores y estimular el interés de los clientes, que se maravillan al ver los productos que elaboramos en este pequeño y quizás rústico taller artesanal”, sostuvo Jirón.