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Uno de los pocos nicaragüenses que ha tenido la dicha de compartir con la superestrella del baloncesto mundial Michael Jordan, es Jorge Luis Ayestas. Un hombre de 46 años que dedicó su juventud al baloncesto nacional y destacó en México y Centroamérica. Hoy guarda como una reliquia una camiseta que le firmó el mismísimo Jordan en un campamento de una semana en California, Estados Unidos en julio del año 2012.

En septiembre del año pasado fue incorporado al Salón de la Fama del Deporte Nacional, aunque su prioridad siempre fue estudiar, algo que le dio muchos frutos. Como emprendedor también ha sido exitoso en el ámbito educativo y deportivo y no descarta un día dirigir una selección infantil de basquetbol nacional. 

Durante su trayectoria destacó con la Selección Nacional de Basquetbol de los años ochenta y también fue parte de cuanto equipo pudo durante su niñez y adolescencia. También en México jugó en la Universidad de Las Américas de Puebla y a nivel nacional consiguió varios campeonatos con los Astros y la UAM.

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¿Cómo se dio la oportunidad de estar con Michael Jordan y qué significó para usted?

Michael Jordan brinda unas clínicas o campamentos a 750 niños todos los años en Santa Bárbara, California y yo tuve la dicha de llevar a mi hijo. Ahí fue cuando conocí a Jordan. Para mí hubo un antes y un después de esta clínica porque de alguna manera uno se compromete más cuando ha sido favorecido por el deporte. Fue una experiencia que no tiene precio compartir cinco días en los que te encontrás también con otras personalidades del deporte que llevan a sus hijos. Ver el trabajo de Michael Jordan me motivó a replicarlo en Nicaragua y eso es lo que he tratado de hacer en estos últimos años, dar consejería a los más chiquitos y que se inclinen por el deporte.

¿Cómo fueron sus inicios en el deporte?

A mí me gustaban varios: el beisbol, el futbol y el handball, pero me acuerdo que el baloncesto lo jugaba con mis hermanos en una cancha improvisada y como ellos eran más altos y le llegaban más rápido a los rebotes, eso despertó en mí cierto espíritu competitivo y de pronto me sentí comprometido a seguir dándolo todo para ganarles. 

A nivel personal, ¿qué fue lo más difícil de su infancia?

Haber sido de la Selección Nacional de Basquetbol de Nicaragua porque era una gran responsabilidad. Pero eso me permitió haber obtenido una beca para estudiar en Puebla, México. Mis padres siempre me dijeron que lo primero eran mis estudios y lo que hice fue usar el vehículo del deporte para alcanzar mis estudios. Entrenaba cinco horas al día desde los 14 años en la casa de Los Robles. Todos los fines de semana andaba buscando dónde jugar. Jugué en las ligas del colegio Calasanz, en Las Brisas, equipo Los Dantos, la Selección Juvenil, la Selección Mayor de Nicaragua, con los Astros… 

¿Qué es lo más difícil en este juego técnicamente hablando? Jorge Luis Ayestas.

Aprender a jugar tu rol dentro del juego. Por mi posición yo tenía que estar muy cerca de los entrenadores, yo era manejador y tenía que decir cuál era la jugada que íbamos a hacer, o sea que en el terreno yo era quien dirigía al equipo allá en México.  Eso es un reto grande porque yo tenía 15 años y mis compañeros tenían 20 años. Ganarse ese respeto y ese liderazgo es difícil cuando estás con personas de renombre. Tenés que desarrollar diferentes habilidades porque si no hacés muchos puntos encestando el balón al menos debés hacer buenos pases.

¿Qué es lo que usted cree que más le ayudó a destacar en el deporte?

Creo que mi nivel competitivo fue lo que me permitió ir ascendiendo porque yo formo parte de la Selección Nacional de Basquetbol a partir de mis 15 años y eso me abrió muchas puertas. Mi viaje a México me hizo tener un nivel de competencia internacional permanente.

¿Cuándo se retiró de la vida deportiva?

Mi última temporada fue con la Universidad Americana (UAM) como en el año 2000, después de eso recuerdo que nace la idea de formar una liga en Nicaragua que se llama la ACB de la que ya no formé parte como jugador sino como organizador. Además comencé a enfocarme a formar una familia y ya me salí.

¿Qué representa para usted estar en el Salón de la Fama del deporte nacional?

Uno solo va trabajando fuerte en la vida sin esperar grandes reconocimientos, pero le agradezco a quienes creyeron que tengo los méritos para ser miembro del Salón de la Fama. La verdad es que represento a muchos jugadores que lograron hacer equipo porque en mi posición muchos de los méritos dependen de otras personas, es un honor ser miembro del Salón de la Fama.

¿Qué otros jugadores cree que deben ser reconocidos con ese mérito?

Tenemos a Ángel Sánchez y Ángel Bayona que son jugadores que han hecho méritos y estoy seguro que en algún momento deberán ser considerados para estar en el Salón de la Fama.

En Nicaragua el baloncesto no es un deporte tan practicado, ¿Cómo percibe el panorama actual del juego en el país?

Creo que es cuestión de gustos. Recientemente se demostró que el baloncesto tiene un alto nivel en Centroamérica. Hay que reconocer que una Selección de Nicaragua obtuvo la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos que se desarrollaron en Panamá. El biotipo nicaragüense siempre ha sido respetado en la región porque cuando uno juega este deporte se hacen perfiles de los países y ahí te das cuenta que los nicas somos aguerridos y podemos mantener esos niveles de estar entre los tres primeros lugares de la región. Ahora que vienen los Juegos Centroamericanos y ahí se va poder demostrar cómo andamos.

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A propósito de los centroamericanos, ¿en algún momento estaría dispuesto a dirigir la Selección Nacional de Basquetbol?

No. No estoy preparado para eso porque eso merece una profesionalización, una cosa es jugar y otra es dirigir. Estaría dispuesto a dar consejería porque creo que podría aportar desde esa óptica pero lidiar con jugadores grandes es muy difícil. Sí me gustaría formar un equipo de niños e inculcarles el amor al deporte. Ahí está el futuro del deporte, en los niños.

A pesar de estar en el deporte nunca dejó de estudiar, ¿Cómo lo logró?

Durante el tiempo que estuve jugando siempre estudié porque cuando uno es estudiante se tiene más posibilidades de ser un mejor deportista. El estudio siempre fue mi prioridad. Creo que para todo hay tiempo, aquí se trata de delimitar prioridades y programar bien tu tiempo. 

¿Nunca tuvo vicios?

Si uno prioriza sus estudios y el deporte y se cumple con las obligaciones lo demás se dará solo si se puede. Tampoco es que fui o soy un ángel, me mantuve al margen. En el deporte hay muchísimas distracciones. Por ejemplo, en México cuando viajábamos desde Monterrey a Ciudad Juárez para jugar, eran 24 horas de viaje en bus y eso era cansadísimo. Llegabas reventado y en la noche ibas a jugar al gimnasio y siempre después de la cena había invitaciones para salir algún lado, pero yo tenía que estudiar porque al volver a la universidad había exámenes. Tuve la gran suerte de priorizar siempre mis estudios.

¿Qué beneficios le trajo eso?

Muchísimos. Gracias a mi carrera me volví empresario. Por eso yo lo que recomiendo a los jóvenes es que practiquen deporte pero que prioricen sus estudios. Oportunidades hay muchísimas pero hay que estar preparados para cuando esas oportunidades llegen, no prepararse hasta que se les presentan. En la vida lo que me ayudó fue estar anticipado a las cosas. 

¿Cómo es que se da la transición de deportista a empresario?

Creo que una de las cosas que más me ha ayudado en la vida es que he sido emprendedor. Existe la necesidad de generar recursos. Siempre destaqué en todo lo que hacía y siempre fui curioso, nunca me quedé estático. Hay que innovar constantemente. A pesar de haber incursionado en varios tipos de negocios creo que la mejor empresa que Dios me ha dado es mi familia.

Su vida 

Jorge Luis Ayestas está casado con Adriana Delgado y tienen tres hijos: Jorge, Adriana y María del Mar.

Es ingeniero en sistemas computacionales por la Universidad de Las Américas, Puebla (México), donde además destacó jugando.

Propietario del centro educativo Saint Mary School y de la empresa E-Sports.