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Lo que comenzó como un juego de niño en Granada, se convirtió en su pasión y su sustento de vida. Un día una amiga invitó a Luis Garay a pintar en la escuela y él accedió. Su primer dibujo fue la imagen de Sandino, pero no le gustó. El segundo, en el que intentó dibujar la iglesia La Merced, resultó peor. No tuvo paz hasta que lo hizo bien y desde entonces no paró.

En 1983, cuando tenía 17 años, se inscribió en la Escuela de Bellas Artes de Granada, pero no duró mucho tiempo. Su padre lo envió a Costa Rica a estudiar ingeniería industrial, porque pensaba que no podría vivir del arte. Se inscribió en la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA) y continuó dibujando. Luis Garay.

“Nunca perdí interés por el oficio, al contrario lo fui mejorando día a día. Siempre trabajé la tinta en blanco y negro y comencé a vender mis cuadros”, recuerda. Luego de terminar la carrera de ingeniería se trasladó a Toronto, Canadá, para continuar pintando, pero él llegó pensando en llegar a Nueva York, algo que más tarde consiguió.

En una tarde de invierno salió a comprar flores y conoció a otro pintor. El nica le regaló uno de sus cuadros y este le aconsejó que dejara de pintar en blanco y negro e imprimiera color a su arte, debido a que Canadá es un país muy gris, porque la mayor parte del tiempo es invierno y la gente necesitaba alegría.

Así lo hizo y pasó de blanco y negro al color. Uno de sus cuadros llegó a las manos de un editor que le contactó para ilustrar un libro para niños y de esta forma comenzó su carrera de ilustrador.

¿Por qué se inclinó por la pintura y no por otra expresión artística?

Es que desde que lo probé, aunque a la primera no me salió bien, me gustó pintar. Llega un momento en el que entendés la lógica del dibujo y la pintura y le agarrás sabor. Empecé a pintar manos, pies, rostros… Creo que siempre tuve una tendencia a ser pintor.

¿Cómo le han ayudado sus conocimientos sobre ingeniería?

Muchísimo. Con la ingeniería hay cosas que veo y entiendo claramente, como la abstracción. Me ha ayudado a comprender mejor las proporciones, porque yo soy figurativo y la ingeniería me sirve para comprender las distorsiones de los espacios y las perspectivas.

¿Qué tal fue la experiencia de aventurarse a hacer un libro infantil con ilustraciones para niños?

Cuando el editor canadiense me contacta y comienzo a hacer el libro con ilustraciones infantiles me sentía incómodo. Cuando le pasé los primeros bocetos, dijo que algo no estaba funcionando y me sentí salvado porque yo no lo quería hacer. No conocía esa rama, me parecía como una ofensa para un pintor. Sin embargo, él me explicó cómo funcionaba y cuando le agarré sabor no hubo quien me parara. Después Unicef de Canadá también me contactó para hacer otro libro que se llama “Un puñado de semillas” y hasta la fecha acumulo 12.

¿Todos sus libros son infantiles?

No. Llegué a un momento en que me pregunté qué era lo que quería hacer, si eso era lo que quería para mi carrera y llegué a la conclusión de que tendría que escribir e ilustrar temas sociales, leyendas y mitos. He hecho de todo.

¿Usted se define más como ilustrador que como pintor?

Más como artista plástico, porque toda obra que lleva algo figurativo es ilustrativo pues la gente lo entiende. La única diferencia entre la ilustración y la pintura es que estás dependiendo de un texto.

¿En qué se inspira?

En lo cotidiano, el entorno. Todos los pintores universales han pintado su entorno. Solo depende de cómo lo quiera ver o interpretar cada espectador. Hay artistas que se esfuerzan por copiar a los famosos y eso es un grave error. Lo que yo más disfruto es que la gente observe mi arte y que la gente saque sus propias conclusiones, aunque obviamente uno le imprime sus mensajes. En mi caso, no son tan moralistas.

¿Cuál ha sido la obra que más lo ha marcado?

Hay varias. Pero por ejemplo el libro más vendido que yo tengo es “El Popol Vuj”, las ilustraciones de lo que muchos consideran la biblia maya, el origen nuestro. Es una lástima que en las escuelas lo estén quitando. Esa es la que más me ha marcado, pero es la que más he disfrutado porque me costó muchísimo hacerla. Es un trabajo original, de mucho significado para nuestras raíces; por eso le puse mucho empeño, tanto que me llevó cinco años hacerla después de mucha investigación al respecto.

Si sus obras pudieran hablar, ¿qué dirían sobre usted?

(Silencio). Quizás me puedan culpar de algo que no esté ahí porque hay errores, aunque la gente no los ve, pero uno sabe cuándo se le va un error… Eso la obra lo diría solo si hablara (ríe). Lo importante es que siempre trato de mejorar en cada cosa que hago, no solo a nivel de técnica sino de contenido.

¿A nivel personal qué dirían de usted?

Buen artista, tal vez por lo dedicado. Yo no trabajo con prisa con un sentido comercial para vender más, cada obra se toma su tiempo.

¿Cuáles han sido las dificultades más grandes que ha atravesado para lograr el éxito?

Mantener la rigurosidad, porque a mí se me hubiese hecho fácil cuando estaba ubicado en un mercado norteamericano hacer un libro infantil cada tres meses. Soy yo el que me limito para dejar una buena obra y un legado que sea estudiado.

¿Ha vivido solo del arte?

Sí, pero tuve que salir del país porque aquí el panorama lo veo un poco difícil para los pintores, escritores, ilustradores y artistas en general. Conozco a tipos en Granada que los visito y los veo pintando cosas que son muy comerciales y se disculpan porque conocen mi obra, pero sé que lo hacen porque necesitan comer. Pintan las isletas de Granada, la catedral, las puertas de la ciudad para que los extranjeros se lleven un recuerdo, pero eso no significa que no puedan hacer cosas más grandes, lastimosamente las circunstancias no se los permite.

¿Qué les aconsejaría a los chavalos que se inclinan por este tipo de arte y quieren triunfar?

Tienen que estar claros que el arte no es pintar sábado y domingo, tienen que ser dedicados. El arte es serio, no es ponerse un arete, un tatuaje o andar con el pelo largo porque se creen bohemios. En mi caso, yo me levanto y tengo un horario como cualquier otro trabajador. Mis horas las dedico a pintar. Aunque a veces no me quiera levantar, esa es mi devoción y lo tengo que hacer. Cuando veo, la inspiración y el ritmo ya están conmigo. El arte de verdad es un mundo fascinante.

Reconocimientos, exhibiciones y proyectos especiales

1991: Gana el primer lugar en la categoría de dibujo en la Sexta Exhibición Internacional del Arte de Miniatura de Toronto, Canadá.
1993: Ilustra el libro “Pedrito’s Day”, que se publica en Nueva York.
1996: Elaboración de ilustraciones para el libro “El Popol Vuj”.
1997: Su libro “The long road” es galardonado como mejor libro del año para niños y adolescentes de México.
2000: Exhibe en España “El texto iluminado”, una mirada a la ilustración contemporánea de Iberoamérica.
2009: Escribe e ilustra el texto “Mi primer delantal” para la Fundación Libros para Niños de Nicaragua.
Imparte talleres en diferentes países sobre la importancia de la ilustración en el libro infantil.