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Flora Danelia Velásquez ha sofocado tres incendios este año. Ella es una de los 16 miembros de una brigada contra incendios forestales que desde 2011 trabaja en la comunidad Pilas-El Hoyo en La Paz Centro.

“La alerta es permanente”, dice Velásquez. “Debemos resguardar desde la laguna de Asososca hasta el volcán Cerro Negro y el Telica, hemos llegado a respaldar el trabajo de nuestros hermanos de Defensa Civil, el Ejército y brigadistas comunitarios, que al igual que nosotros han recibido capacitación por parte de Defensa Civil, así como equipamiento con herramientas, mangueras, gorras, camisas y apagafuegos o bombas de agua”, dijo.

Según Velásquez el incendio registrado hace 15 días en el cerro Los Taquenites, en La Paz Centro, arrasó con más de 10 hectáreas de árboles y malezas. En 2016, este grupo de brigadistas atendió cinco incendios forestales en las Pilas-El Hoyo.

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Otra de las brigadistas es Magali Rueda, quien también funge como presidente de la cooperativa Pilas-El Hoyo, en La Paz Centro, y agregó que la mayor afectación se da en la flora natural y la destrucción del hábitat de animales silvestres que tienen que migrar o mueren por falta de alimentos.

“Estamos en riesgo permanente, tenemos que recurrir a las ramas de los árboles que son utilizadas como apagafuegos, los jóvenes que respaldan las labores de control de incendio hasta descalzos tienen que trabajar, es una situación muy lamentable porque las botas que entregan son de un mal material”, relató por su parte Walter Chávez, brigadista con 23 años de experiencia y quien habita en la comunidad Miguel Ángel Ortez de Telica.

Chávez, de 53 años, aprendió de sus padres que debía involucrarse en las actividades de preservación del medioambiente. La brigada que dirige está compuesta por 10 miembros. En la primera semana de febrero atendieron un incendio que arrasó con cinco manzanas en la comunidad Monte Olivo, en el volcán Telica, en donde fueron auxiliados por miembros de la brigada San José de Apante.

A los valientes miembros de las brigadas contraincendios comunitarias pertenece Leónidas Ugarte, originario de “Mata de Caña”, Belén, Rivas, quien desde hace siete años batalla contra las llamas pese a no disponer de los equipos necesarios para estas emergencias.

Según Ugarte, él se sumó a esta lucha tras considerar que prevenir y sofocar los incendios forestales es responsabilidad de todos los ciudadanos.

Las brigadas contraincendios funcionan en todo el país. En Carazo, alrededor de 22 jóvenes integran el Cuerpo de Bomberos. Son ellos quienes dan cobertura a los incendios forestales.

Roberto Espinoza, oficial del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Carazo, recuerda que el año pasado atendieron 76 incendios forestales en todo Carazo.

“Incendios de pastizales, cañales, sembradíos de bambú, entre otros, son los que más se atienden, hemos ido a Santa Teresa, a San Marcos, a San Gregorio, a Casares y a carretera la Nandaime, gracias a Dios solo ha sido monte y no ha habido víctimas que lamentar”, dijo Espinoza.

El brigadista German Ñurinda recuerda que en una ocasión terminó con quemaduras de segundo grado en sus piernas y brazos producto de un incendio en unos cañaverales.

“Yo estaba con la manguera apagando el fuego, pero había mucho viento y de repente el monte volvió a coger fuego, el viento sopló hacia donde estaba y no logré escapar, quedé atrapado en el fuego, logré encender nuevamente la manguera y lo que hice fue rosearme de agua”, relata Ñurinda.

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Momentos de pánico

Roberto Espinoza cuenta que en los 16 años que lleva como teniente del Cuerpo de Bomberos de Carazo solo una vez ha vivido momentos de pánico.

“Recibimos una llamada, se quemaba un zacatal en el trapiche que está a la salida de Jinotepe, yo me fui manejando la unidad, me dieron la orden de entrar al campo que ya habían apagado los mismos trabajadores de ahí, entré y el viento sopló fuerte y las lenguas de fuego amenazaban con llegar hasta donde yo estaba con los muchachos. Ellos al ver eso se corrieron y yo quedé luchando con el camión, metí la doble y dañé la manguera, pero era peor que me quemara con todo y el camión, sentí mucho miedo ese día”, dijo Espinoza.

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“En los incendios forestales se tiene una cita cara a cara con la muerte”, dice el sargento Chéster Navarrete, exbombero y miembro de la Brigada Municipal de Respuesta (Brimur) de Masaya.

“Es que no sabés en qué momento podés quedar atrapado. Sin embargo, en el incendio de gran magnitud que se registró en el 2013 y 2015 en el Parque Nacional Volcán Masaya lo más lamentable fue la pérdida de la flora y fauna, que tardará años en recuperarse”, dijo.

El miembro de Brimur considera que es muy importante y de prioridad la capacitación en el área de incendios forestales porque Masaya es una zona con riesgos y vulnerabilidad en incendios de este tipo.

“Para poder enfrentar el incendio ocurrido en el parque Volcán Masaya, que duró más de 15 días, se necesitó disposición, buena condición física y conocimientos para atacar el fuego y lograr su extinción porque al momento de ingresar a un incendio forestal te exponés a quedar atrapado, sufrir hipotensión, golpes de calor, deshidratación, entre otras”, indicó el sargento Navarrete.

Cabe señalar que el departamento de Masaya se encuentra equipado con las herramientas adecuadas y el apoyo de instituciones de emergencia que dan respuesta al momento de una eventualidad de este tipo.

¿Qué los causan?

Según el comandante Luis Alberto Suazo, miembro del Benemérito Cuerpo de Bomberos, hay quemas controladas y no controladas, pero a los propietarios de fincas se les sale de control por los fuertes vientos y eso ocasiona pérdidas.

“Pero no solo ese tipo de quemas causan los incendios forestales, sino también la caza garrobos, quienes hacen humo para que su presa salga de las cuevas, a eso se le suma la imprudencia de chavalos que pasan y prenden fuego. Hace poco hubo un incendio en Valle de la Laguna y lamentamos que unos jóvenes mataron a un mono, ¿cómo es posible que estemos extinguiendo nuestra fauna?”, reflexionó el bombero.

Samir Gil no solo funge como delegado municipal del Instituto Nacional Forestal (Inafor) de Juigalpa sino que también participa sofocando los incendios forestales. Desde 2008 pertenece a la brigada municipal contra la prevención de los incendios forestales.

“Es muy difícil (sofocar un incendio), es un trabajo bastante arduo, cansado y con el sol (encima). Una vez tuvimos un percance de un compañero del Cuerpo de Bomberos que tuvo un desmayo y nos tocó bajarlo desde el cerro en conjunto con todo el equipo que andábamos, gracias al trabajo de todos, el incendio se logró sofocar”, recordó Gil.

“En realidad uno siente temor (a la hora de sofocar un incendio), pero el trabajo debe hacerse”, dijo.

Según este brigadista, para sofocar un incendio es preciso tener un mapa de la zona.

Francisco de Jesús Palacios, quien es miembro de las brigadas de Estelí, relató que desde que se integró a esa estructura ha vivido una faceta de vocación humana. .

Ismael Aráuz y Salvador Silva son miembros de la Brigadas Municipales de Rescate (Brimur) de San Nicolás y San Juan de Limay, en Estelí y señalaron que han sido capacitados técnicamente y con equipos como para enfrentar cualquier eventualidad en sus localidades.

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“Riesgo hay en todos momentos porque estás luchando contra siniestros o desastres naturales, pero hacerlo para mí es valioso ya que nuestro objetivo es preservar la vida”, dijo Francisco de Jesús Palacios.

De lunes a sábado luego de salir de sus trabajos en Estelí reciben tres horas de entrenamientos por parte de especialistas de los Bomberos.

Los vecinos le dijeron: "El fuego tiene acorralado al ganado" En ocasiones los brigadistas no cargan agua para tomar debido a las condiciones adversas.

Mercedes Sequeira, Carol Munguía, Leoncio Vanegas, Lésber Quintero y Auxiliadora Martínez

Eran las 3:00 p.m. del 9 de febrero cuando los vecinos llamaron a Reyna Isabel Astorga. “Me dijeron que el ganado estaba acorralado por el fuego y ellos me hicieron el favor de abrirles el portón para que se saliera”, recuerda. Una hora antes había empezado el incendio, precisa Astorga. Devoró 39 manzanas.

Para sofocarlo tuvo que utilizar una bomba de ganado y una motobomba de fumigación.

“Fue difícil, terminamos con los trabajadores como a las 7 de la noche, lo que se me quemó fue el pasto que ya estaba ahí y que yo lo necesitaba para la alimentación del ganado”, relata.

Debido a las afectaciones un vecino está prestándole un terreno para tener el ganado. Los bomberos no pudieron socorrerla porque se encontraban apagando otro incendio.

En lo que va del año en Chontales se han registrado al menos tres quemas agropecuarias.

El Gobierno lanzó recientemente una campaña con la que buscan sensibilizar al productor, explicándole el daño ambiental que conlleva quemar y las consecuencias del mismo.

En Chontales los productores, sobre todo los grandes, acostumbran a quemar sus potreros para luego sembrar semillas, lo que perjudica el medio ambiente.

El coronel Carlos René Paniagua, jefe del Quinto Comando Militar del Ejército de Nicaragua, dijo que de cara al Plan de Prevención contra los Incendios Forestales y Agropecuarios cuentan con un destacamento permanente de guardia operativa de 52 militares.

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Asimismo aseguró que los militares están bien equipados al momento de darse un siniestro.

Señaló que los municipios donde se dan más incendios forestales son en Comalapa, Juigalpa, Cuapa, La Libertad, al sur de San Pedro de Lóvago, todos de Chontales y en Teustepe, de Boaco.

¿Y el medio ambiente?

Cultivos de musáceas, caña de azúcar, pastizales, árboles y la fauna autóctona fueron las principales víctimas de los incendios forestales que se extendieron por diversos puntos del departamento de Rivas durante 2016, confirmó el comandante del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Rivas, Eddy Silva.

“En total se registraron 42 incendios que afectaron 172 manzanas localizadas en diversos puntos de los municipios de Belén, Potosí, Buenos Aires, Tola, San Juan del Sur, Rivas y Cárdenas, y además del daño visible, el fuego también afecta la fertilidad del suelo y disminuye la calidad del agua y la atmósfera”, explicó Silva.

Agregó que la lucha contra los incendios forestales se hace en coordinación con las brigadas comunitarias, las municipales, la Defensa Civil del Ejército y miembros del cuerpo de bomberos.

“El primer paso para contrarrestar las llamas que azotan pastizales, matorrales y áreas boscosas lo dan las brigadas comunitarias y tras dar la alerta se suman las municipales, la Defensa Civil y los bomberos”, manifestó Silva.

Félix Ramón López, delegado regional del Instituto Nacional Forestal (Inafor) en Rivas, reveló que en el departamento de Rivas existen 22 brigadas contra incendios forestales, incluyendo las municipales y comunitarias, y a ellas se suman los miembros del cuerpo de bomberos y la de Defensa Civil.

De acuerdo con el funcionario entre todos suman 250 personas dispuestas a sofocar el fuego que surja en cualquier momento y lugar.

En la lucha por controlar las llamas los “guerreros ecológicos” hacen uso de cisternas, herramientas manuales y en zonas donde no existe acceso de vehículos apuestan a realizar rondas cortafuego y a la vez atacan las llamas con mochilas de agua.

Uno de los incendios forestales de mayor dimensión que ocurrió en 2016 fue el que se escenificó en la comunidad de Río Grande, donde el fuego afectó dos fincas incluyendo la de Gerónimo Ponce.

Thomas Ponce, hijo del afectado, reveló que las llamas arrasaron con 12 manzanas de guineo que tenían cultivadas en la finca y aseguró que también provocó la muerte de varios árboles maderables.

“Para sofocar el incendio, la brigada municipal de Rivas, los bomberos y la Defensa Civil tuvieron que luchar durante dos días y nunca logramos identificar qué originó el fuego, solo nos enteramos que inició en una finca vecina, pero la hipótesis es que fue provocado por cazadores de garrobos”, detalló Ponce.

La familia Ponce asegura que las pérdidas materiales ascienden a más de C$30,000 córdobas y a los daños añaden la pérdida de pasto para el ganado, problemas de salud debido a la inhalación de humo y perjuicios a la biodiversidad.

Los fuegos son uno de los obstáculos de los ganaderos, en verano. “Yo creo que algunos comunitarios que se dedican a sacar garrobo, miel y en su quehacer dejan fuego encendido, deben tomar en cuenta que con la maleza seca y los fuertes vientos” se producen grandes incendios, dijo el ganadero chinandegano Raúl Terán Montiel.

El departamento de Masaya no está exento de los incendios forestales, y los miembros de la Dirección General de Bomberos y del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Masaya se preparan para hacer frente en esta temporada seca que se avecina.

Para poder enfrentar el incendio ocurrido en el parque Volcán Masaya se necesitó disposición, buena condición física y conocimientos porque al momento de ingresar, te exponés a quedar atrapado, sufrir hipotensión, golpes de calor, deshidratación, entre otras”. Sargento Chéster Navarrete.

Las rondas

Las temperaturas del verano asoman en Nueva Segovia y con ellas los inminentes incendios forestales. Muchos de estos son provocados por chivas de cigarrillos que transeúntes lanzan sin apagar a orillas de los caminos, por furtivos cazadores o busca mieles, por quemas de basura cerca de malezas secas, y en raros casos, por vidrios u objetos reflectantes que inducen calor del sol.

Una de las actividades que reducen los riesgos es la limpieza de franjas alrededor de las delimitaciones de una propiedad o lotes boscosos. Popularmente aquí las llaman “rondas”, que incluye personal de vigilancia permanente, exclusivamente para detectar y parar a tiempo una ignición.

Iván Toledo Marín, regente forestal de la “Fábrica de Cabos y Escoba S.A, (Facesa), con sede en Ocotal, explicó que esta empresa realiza cada año la limpieza de las rondas de casi 42 kilómetros lineales, con una franja de 3 metros de ancho, tanto en la finca Gerizín, de 320 hectáreas, como en la Náhuatl, de 229 hectáreas, aún superpobladas por la regeneración natural, condición que potenciaría un hipotético incendio de copas.

“Hacemos la ronda en ambos lados de la cerca para prevenir que un incendio (iniciado en la propiedad vecina) no se pase a esta propiedad”, expuso, señalando los 3 metros en ambos lados con una cerca de alambre que se aleja entre los pinares.

Recordó que hace tres años la finca sufrió un incendio que carbonizó 40 manzanas. Las llamas se ensañan más en los pinares de regeneración natural. “El fuego quema por completo a los arbolitos de uno o dos años”, acotó.

El regente forestal lamentó que los vecinos y otros propietarios de bosques en la zona no practiquen estas actividades de prevención de los incendios que cada año carbonizan centenares de hectáreas en Nueva Segovia.

Dijo que Facesa mantiene activa la vigilancia con una brigada de 10 hombres, los que realizan rondines por el bosque, a fin de detectar cualquier humo suscitado dentro de la propiedad. “Incluso mantenemos un hombre permanente en la torre de unos 30 metros de altura para que avise de inmediato la ocurrencia de un incendio”, indicó.

Agregó que en caso de un incendio de grandes proporciones se le avisa a las brigadas que la Alcaldía de San Fernando ha organizado para entrar en el control de un siniestro. También el Ejército de Nicaragua interviene en la actividad.

Hay bastantes armadillos, serpientes, venados, entre otros animalitos, los que también a la hora de un incendio se ven afectados”, dijo.

Robín José Velásquez González, uno de los 4 obreros que realiza limpieza en las franjas de protección, dijo que el propietario de la finca, Hugo Paredes, les ha indicado no molestar a los animales silvestres.

“Mientras se va haciendo la ronda salen culebras y de los lugares emboscados salen venados; también hay armadillos y coyotes que salen en la noche”, relató.

Uno de los productores afectados en Estelí es Víctor Manuel Rugama, originario de la comunidad Las Cuevas.

En su finca a finales de enero, el fuego destruyó más de 1,500 manojos o brazadas de pasto que había sido cultivado con riego.

Las llamas alcanzaron también una manzana de terreno con bosque de pino y roble blanco y una pequeña bodega que tenía en medio de una huerta donde cultiva hortalizas.

A mediados de enero, personas que se dedican a cazar conejos y garrobos incendiaron el cerro La Mokuana, en La Trinidad, donde varias manzanas de terrenos con pastizales para ganado y árboles de quebracho y carbón de regeneración natural fueron afectados por las llamas.

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