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La imagen que lo devuelve a su infancia es la de Jinotega entre neblina, sus bosques y los niños abrigados caminando hacia la escuela.

Ramón Rodríguez recuerda aquellos años de infancia en los que estudiaba con campesinos de la zona y cuando junto a su madre, una maestra rural, se desplazaba en las camionetas Cherokee que transportaban pasajeros. Luego caminaban varias leguas a pie o se iban en mula hasta llegar a las escuelas.

Ese niño de pueblo y cuna humilde es ahora el director del Teatro Nacional Rubén Darío y un músico con 40 años de trayectoria, profesión que asegura pudo estudiar gracias al terremoto de Managua en 1972, del cual escapó por esas cosas que solo el destino puede explicar.

“Una tía me trajo a vivir con uno de mis hermanos en las cercanías de parque Candelaria, ahí por el cine Ruiz. El día del terremoto, mi  hermano y yo habíamos ido a Jinotega para estar con mi abuelita y al día siguiente escuchamos que en Managua había damnificados. La casa de mi tía se cayó, una pariente murió y el cuarto donde dormíamos quedó totalmente pulverizado. Por ese terremoto la escuela de música se trasladó a Jinotega y ahí empieza mi historia”, relató Rodríguez.

Es el penúltimo de cinco hermanos, su mamá fue padre y madre, él procreó 5 hijos, tiene 52 años y es altamente tecnológico. Le dedica dos horas diarias a la lectura, sobre todo de noticias y de actualidad mundial, le fascina la política, recibe alrededor de 500 chat al día en las diversas aplicaciones y redes sociales, aunque aclara que todas sus comunicaciones son de trabajo. 

¿Considera que sus vivencias de infancia fueron determinantes para que sea el músico que es hoy?

Realmente el amor por la música me nació justamente cuando la escuela de música en 1972, por causas del terremoto, se trasladó de Managua a Jinotega. Allá fue todo un boom y todos los jóvenes que estudiábamos en los colegios públicos nos emocionamos. La escuela nos llamó la atención y casi 200 jóvenes, incluido yo a mis 12 años, nos convertimos en una familia unida en la música. Había tres bandas y la meta era ir escalando.

De ese brote de músicos jinoteganos, ¿cuántos persistieron en la pasión musical?

De los 200, como 40 venimos becados a Managua y de esos hemos persistido alrededor de 20 o 25. Hay muchos músicos de ese semillero tocando no solo en Nicaragua sino también en otros países, fue un semillero impresionante en esa época. 

¿Cuándo regresa a Managua?

El Banco Central becó a los chavalos que miraba con talento y venimos como 40. Nos hospedaban en la Dambach, acondicionaron ese condominio que lo habían donado para este proyecto en 1974. A los que veníamos de fuera nos daban 50 dólares para que pagáramos nuestra estadía. Mi mamá se regresó a Managua con mis hermanos y nos establecimos aquí.

¿De cuánto fue su primer salario como músico?

Fue una beca de 200 córdobas, después los 50 dólares y ese dinero lo unía con lo que mi mamá ganaba en Managua y con eso vivíamos. Que un chavalo de mi edad en esa época agarrara 50 dólares era bastante.

¿Cuál fue el primer instrumento que tocó?

Fue el clarinete, pero como en la banda se nos motivaba a que aspiráramos a más, cuando nos venimos a Managua el director dijo que iban a escoger a algunos para que estudiaran otros instrumentos que no tenía la orquesta. Desde que me enseñaron el oboe en grabación me encantó y me especialicé en él.

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¿Aprendió a tocar otro instrumento?

Al llegar a Cuba descubrimos que íbamos con muchas deficiencias musicales porque habíamos estudiado en conservatorios y escuelas que no tenían un pénsum, además por la guerra se iban los profesores, así que tuvimos que hacer una nivelación en aquel país y nos enseñaron piano complementario, no soy pianista pero aprendí a tocarlo.

¿Cómo fue su primer encuentro con una partitura?

Yo miraba unos signos raros pero el profesor nos aproximaba a ellos. Algunos profesores habían sido de la banda de la Guardia pero enseñaban un poco a la antigua, eran buenos lectores pero no tenían una metodología de enseñanza determinada.

¿En qué países se formó?

Estudié en Cuba y en Alemania. Mi formación universitaria fue en Alemania, me fui en 1988 becado por la revolución y llegué para la caída del muro de Berlín. Por suerte los convenios culturales los respetaron y pude estudiar. Al regresar, fundé la Camerata Bach.

He tenido perseverancia y tengo pasión por lo que hago, así que eso ha sido fundamental para salir adelante. No es posible caer en el conformismo y en lo cómodo.

¿Cómo fue el proceso de fundación de Camerata Bach?

Varios de los fundadores veníamos de haber sido los creadores de la Orquesta Nacional porque al irse los extranjeros en 1978, nosotros nos unimos para hacerla. Músicos como Emmanuel Espinoza, Julio Batista y Julio Blanco logramos formar la orquesta  y cuando regresamos de los estudios queríamos formar una agrupación más compacta y dinámica, más versátil. Desde el inicio creímos que iba a funcionar porque normalmente cuando Raúl Martínez y yo nos proponemos algo lo hacemos. 

Nos ayudó mucho un proyecto que hizo ASDI de convocar a algunos concursos para tener fondos y ganábamos, lo que nos permitió viajar a los departamentos. En 25 años hemos tenido apoyo de la embajada de Alemania. Hemos trabajado con varias embajadas, hemos luchado 25 años y tenemos una base de 20 discos compactos, ahí está lo más importante de la literatura musical nacional. Hay música sacra, vernácula, romántica, está La Purísima en español y en misquito. Somos los que más hemos grabado como grupo, con más de 250 obras.

¿Por qué la nombraron Bach? Foto: Orlando Valenzuela / END

Porque Raúl y yo somos amantes de la música de Bach, la flauta y el oboe, hemos tocado juntos por muchísimos años, él y yo hemos sido compañeros de atril. Es el nombre de origen alemán que más se conoce en Nicaragua porque hemos ido a infinidades de lugares.  

¿Cuál es el brazo social de Camerata Bach?

Tenemos nuestra academia y el 89% de los estudiantes son becados. Tratamos de conseguir recursos y en realidad no somos una academia comercial, sino que cuando detectamos talento lo apoyamos. Nosotros nos enfocamos en los instrumentos sinfónicos, que son los que hacen falta. Trabajamos en el colegio Angloamericano.

¿Qué mitos rodean a la música?

Los padres creen que si sus hijos se meten a la música se convertirán en drogadictos o alcohólicos, pero eso es falso. Ya el fenómeno es menos, en nuestra academia tenemos buena relación con los padres.

¿Cómo está el desarrollo musical del país respecto al resto de Centroamérica?

Solo te voy a decir que una orquesta en El Salvador y Guatemala tiene 70 músicos, y esa es la media en el istmo, la orquesta de nosotros tiene 25, la juvenil del teatro tiene 35. Es más difícil formar una orquesta que un coro, pero siento que hemos venido avanzando. 

¿Cómo ha afrontado el reto de dirigir el Teatro Nacional Rubén Darío?

Prácticamente crecí aquí. Como Camerata hemos hecho entre 600 y 700 producciones en este teatro, así que tenía gran contacto con la institución, además que por orientaciones del presidente la sede de la Camerata ha sido el teatro porque andábamos ensayando de Herodes a Pilatos. Cuando me lo propusieron yo dije que sí y ha sido una oportunidad para apoyar a los artistas en la medida de lo posible, porque yo sé lo duro que es la vida del artista. 

¿Cuáles han sido sus grandes logros como director del Teatro Nacional?

Una de las cosas que me alegra mucho es la apertura de un teatro más inclusivo, llevamos los espectáculos a los departamentos, nos abrimos al resto del país, no nos atrincheramos en el edificio principal nada más. 

Tener orquesta juvenil, coro infantil y de adultos es también un logro. Contamos con nuestra compañía de teatro. La relación con las embajadas ha sido fenomenal. Si una embajada le paga al artista todo, no podés decirle vale tanto la sala, es mejor apoyarlos porque nosotros no tendríamos para traerlo. Por todos esos logros este año el Gobierno nos dio 10 millones de córdobas para inversión.

¿En qué invierten los fondos que les da el Gobierno?

Construimos un edificio que vamos a inaugurar la próxima semana para trasladar el área administrativa y que haya más espacio aquí para los artistas, también hemos estado al ciento por ciento en el mantenimiento del teatro. 

La parte energética es la que más nos consume económicamente, aquí no tenemos aire en ninguna oficina pues aún con el plan de ahorro nos sale caro, así que estamos buscando alternativas de hacer más rentable el gasto energético. Gracias al apoyo económico este teatro se lo echo a cualquiera con su programación, su nivel técnico y su capacidad de inclusión. Desde hace 13 años no sube la tarifa del teatro por el apoyo del Gobierno. 

¿Cuánto es el costo de la Sala Mayor?

Si los artistas tuvieran que pagar, desembolsarían 5,000 dólares, pero en realidad los artistas subsidiados pagan 1,554 dólares. El sonido que tenemos y el nivel técnico son de los mejores.

¿Por qué el espectáculo teatral es el que menos llega a la Sala Mayor?

Muchas veces los artistas quieren todo, nosotros no tenemos la capacidad para hacer producciones en las que nosotros asumamos todo, así que siempre damos un margen para que el artista pueda desarrollar su habilidad emprendedora de buscar patrocinio. 

Yo quiero que el teatro renazca, ha vuelto pero no como lo necesitamos. Siento que las propuestas que a veces nos hacen no son las que esperamos desde el punto de vista de rentabilidad, por ejemplo las coproducciones. Hay pocos grupos serios en teatro y un minuto de energía aquí es carísimo.  

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