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Heimi Johana Canales Pérez —la mujer que fue asesinada por su hijo el pasado 17 de febrero en Ciudad Sandino— dio a luz a Mario, su primer hijo, cuando tenía 14 años. Vivía con sus padres en la comarca San Ramón, en Tisma, Masaya. Año y medio después nació Isaac, el que la mató. 

Para poder mantenerlos se trasladó a Managua a trabajar en una zona franca y cada 15 días llegaba a Tisma, recuerda su padre William Canales. 

El dinero que ganaba no le daba abasto para mantener a sus hijos y se frustró. Por eso decidió entregarlos a la abuela paterna de los niños, Olivia Vásquez, quien vivía en el barrio Santa Ana de Managua. Isaac estaba recién nacido y Mario entonces tenía 18 meses. En esa época el padre de los niños, Mario José Chávez, ya había muerto, la causa: cirrosis.

Cuando la abuela paterna falleció, los dos pequeños quedaron bajo la tutela de una tía llamada Ileana Chávez y cuatro años después esta se los llevó indocumentados a Miami, Estados Unidos, con la autorización de Heimi Johana Canales.

“Allá mi tía nos proporcionó estudios, paseos, nos hicimos residentes y nunca nos faltó comida”, recuerda Mario Chávez Canales, hermano de Isaac, quien en un principio fue vinculado con el crimen pero luego se demostró que no tuvo nada que ver, nunca estuvo detenido y jamás fue interrogado. Sin embargo, hoy sufre las consecuencias del estigma de ser el hermano del parricida de Ciudad Sandino.

Cuando Mario e Isaac vivieron en Miami se congregaron en una iglesia de los Testigos de Jehová y crecieron pensando que su tía Ileana era su madre. Cuando Mario cumplió nueve años se percató que los otros hijos de su tía no se parecían ni a él ni a Isaac y entonces surgió la duda.  Mario Chávez Canales, hermano de Isaac quien es procesado por parricidio.

Poco a poco su tía les contó la verdadera historia y un día les presentó a su verdadera madre a través de una llamada telefónica. William Canales, abuelo materno de Mario e Isaac, asegura que en Estados Unidos a sus nietos les inculcaron resentimiento hacia su madre. 

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“En su mente les fueron creando un monstruo, contrario a la imagen de una figura materna que se sacrificó para que tuvieran una mejor vida”, dice William Canales, quien el miércoles pasado, cinco días después del crimen, pretendía sacar las pertenencias de su hija de la casa donde ocurrió la tragedia. 

Sentado en la banca de un parque, Mario Chávez Canales relata una versión contraria a la de su abuelo: “El resentimiento nació de nosotros mismos cuando nos enteramos de la verdadera historia”.

El primero en regresar de Estados Unidos fue Isaac, quien fue deportado a los 13 años porque robaba en las casas, peleaba constantemente y consumía droga. En Miami a Isaac le dieron dos opciones: o iba a un centro de menores o regresaba a Nicaragua. Eligió la última. 

Aquí en Nicaragua Isaac se vino a vivir con un tío político, al que le robó dispositivos electrónicos y dinero. Por eso Isaac contactó a su madre biológica y se trasladó a vivir con ella. 

Su hermano Mario regresó a Nicaragua un año después. Él asegura que su tía ya no podía hacerse cargo de sus gastos y que estaba muy enferma. “Además no podía vivir sin mi hermano y quería conocer a mi madre biológica”, relata.

Cuando llegó al país, Mario vino directamente a ver a su madre, quien ya vivía con su hermano en el barrio Laureles Sur, de Managua. Él recuerda que la abrazó, hablaron y asegura que la perdonó.

“Cuando llegamos a Nicaragua teníamos un resentimiento con ella que acumulamos desde pequeños, pero al hablarle la perdoné y tuvimos una buena relación. Pero Isaac nunca la perdonó”, relata el joven de 20 años.

Hace cuatro meses, la mamá de ambos decidió mudarse con sus hijos y su pareja, Denis Francisco Medina Moreno, al barrio Nueva Vida en Ciudad Sandino. Isaac siempre tuvo una mala relación con su padrastro, quien tenía 27 años.

Los dos hermanos solían dormirse hasta la madrugada viendo películas. 

-Denis Medina Moreno y Heimi Canales Pérez-El crimen

Durante la audiencia preliminar del caso, realizada el pasado 20 de febrero, la jueza Distrito Penal de Audiencia de Ciudad Sandino, Karen López Fuentes, leyó la acusación frente a Isaac Yader Chávez Canales de 18 años Él estaba inmóvil, cabizbajo, despeinado y parpadeando. Nunca le dio la cara a la jueza ni a las cámaras de televisión. Siempre agachó su mirada.

Los hechos por los que Isaac está siendo procesado por homicidio y parricidio ocurrieron el viernes 17 de febrero a las 7:00 p.m., cuando se dio una discusión entre él y su mamá, Heimi Johana Canales Pérez, quien le reclamó por la desaparición de una plancha de cabello. 

Por eso —detalló la jueza— la víctima le retuvo un celular como medida de presión para que el joven devolviera la plancha. La discusión entre madre e hijo llegó a tal punto que el padrastro del joven intervino en defensa de su pareja.

“Isaac se enoja mucho cuando le quitan el celular, ese celular es su afán. Y cuando se enoja reacciona violentamente, no piensa. Tiene un impulso muy grande para herirte y después lo que hace es pedir disculpas”, asegura su hermano Mario, a quien todavía le cuesta hablar de lo que pasó. Durante la entrevista hace pausas, toma aire, empuña sus manos y continúa.

La acusación de la Fiscalía detalla que Isaac tomó un mazo y le propinó dos golpes en la cabeza a Denis Francisco Medina Moreno, su padrastro, lo que provocó que cayera desmayado. Luego la mamá del joven intervino para defender a su pareja, que yacía en el suelo, y comenzó a golpear a Isaac con una paila en diferentes partes del cuerpo.

En ese momento, Isaac “sumamente enojado” procede a tomar nuevamente el mazo y golpea en la frente a su madre, quien cae inmediatamente al suelo. El acusado Isaac continúa agrediéndola con el mazo. Esto provocó que la mujer muriera por trauma craneoencefálico severo.

El libelo acusatorio especifica que mientras Isaac golpeaba a su madre con el mazo, cuando esta se encontraba sobre el piso, el padrastro del joven despierta y procede a defender a su pareja, por lo que Isaac en ventaja y alevosía tomó un cuchillo de metal de 30 centímetros de largo y cuatro centímetros y medio de ancho y atacó a su padrastro.

La víctima recibió cuatro estocadas en su cuerpo: la primera en la tetilla izquierda, la segunda en el estómago y las últimas dos en el cuello. “Las heridas provocaron en la víctima la muerte por destrucción”, asegura la Fiscalía.

Los asesinatos ocurrieron la noche del viernes. A la 1:00 a.m. del sábado 18 de febrero, Isaac cargó el cuerpo de su madre y el de su padrastro hasta la parte trasera del patio de la casa para envolverlos en trapos y prenderles fuego.

Según la acusación, cuando Isaac terminó de quemar los cuerpos regresó a la casa a dormir. Al despertar, preparó una maleta donde introdujo ropa y objetos de aseo personal para intentar huir del lugar, pero fue capturado por vecinos que se habían enterado de lo ocurrido.

—¿Comprendió usted, Isaac, los hechos por los que está siendo acusado?—, preguntó la jueza el lunes 20 de febrero.

—Sí—, contestó el joven, quien luego aseguró que estaba arrepentido.

Luego fue enviado a prisión preventiva en el Sistema Penitenciario “La Modelo” de Tipitapa, donde espera el día de su audiencia inicial programada para el próximo jueves.

Aislado -William Canales, abuelo de Mario e Isaac Chávez Canales-

Desde que sucedió el crimen, Mario Chávez Canales no mira noticieros ni lee diarios, pero confiesa la necesidad de querer ver a su hermano para pedirle una explicación. A Mario le cuesta conciliar el sueño porque no deja de pensar en lo que pasó, sin embargo esta vez antes de regresar a dormir pide que se le muestren videos de la audiencia preliminar de su hermano donde este confesó su crimen.

Al escuchar a su hermano dar detalles de cómo procedió, detiene el video, choca sus puños y dice: “Isaac no es así, él impacta y reacciona, pero esta vez no lo hizo. Pensó cómo iba a desaparecer el cuerpo y ese no es el hermano que conozco. Sigo creyendo que esto es una pesadilla que solo sale en las películas. Me parece que lo que hizo es satánico. A Isaac se le metió el diablo”.

William Canales también recuerda que su nieto Isaac siempre fue callado y observador. Cuando tenía reacciones daba la vuelta, murmuraba y se apartaba. “No sé por qué hizo esto y aún todavía me lo pregunto. Me parece que es algo satánico”, sostiene.  

Quien mejor conoce a Isaac es quizás su hermano Mario. El parecido físico hace pensar que son gemelos. Siempre han sido muy unidos. Mario confiesa que su hermano nunca ha dejado de consumir drogas. En Estados Unidos les gustaba jugar en el patio, dibujar y leer libros.  Isaac le contaba todo a su hermano pero al llegar a Nicaragua todo cambió, nunca le contaba nada. Se sentaba en una esquina de la casa en Ciudad Sandino  y se quedaba viendo la pared por horas.

Dos días antes del crimen, Mario visitó a su mamá en el barrio Nueva Vida de Ciudad Sandino. Esa fue la última vez que la vio. Hasta hace dos meses vivía con su madre, pero se trasladó a Managua a vivir con su pareja, quien tiene una niña de un año, y con su suegra. 

“Le dije que la quería mucho y le pregunté cómo la estaban pasando, ella me dijo que estaban teniendo muchos problemas económicos. Yo les dije que en cuanto empezara a trabajar de nuevo les iba ayudar”, comenta el joven. 

Mario dice que cuando vivía con su madre era él quien pagaba los 1,300 córdobas de la renta de la casa y apoyaba con los gastos de la alimentación. Su madre y su padrastro trabajaban en una zona franca de Los Brasiles. Isaac no trabajaba ni estudiaba.

El sábado 17 de febrero Mario estaba en una entrevista de trabajo en un call center. El joven empezaría a trabajar el lunes pasado, dos días después del crimen, pero recibió una llamada donde le avisaron que ya no se podía presentar porque era una mala imagen para la empresa emplear al hermano de un asesino.

Se enteró del suceso a través de los noticieros hasta las tres de la tarde de ese sábado, cuando regresó a su casa para avisarle a su pareja que iba empezar a laborar. No asimiló la noticia. Tomó asiento por unos minutos, se desmayó y cuando despertó se fue a la casa de su tía, materna, Mercedes Canales para corroborar lo que había escuchado. No paraba de llorar y todavía no cree que su madre y su padrastro estén muertos y, peor aún, la forma en que su hermano les quitó la vida.

William Canales, el padre de Heimi Johana, también se enteró de la muerte de su hija a través de las noticias. “Me aturde la cabeza escuchar y leer que mi propio nieto mató a mi hija. Al principio creía que era Denis el que la había matado, pero cuando escuché que fue Isaac, fue un golpe doble que todavía no supero”, refiere. 

-Mario Chávez no fue aceptado en un trabajo debido al crimen-Acabó con los sueños de su madre

Heimi era una mujer alegre, sociable y trabajadora. Tenía cuatro años de relación con Denis Francisco Medina Moreno. Los fines de semana estudiaba derecho en una universidad capitalina. Estaba en cuarto de la carrera y había realizado sus pasantías en la Defensoría Pública de Nicaragua.

Marcia Helen Moreno, mamá del fallecido, viajó desde Costa Rica cuando se enteró de la muerte de su hijo y su nuera. El miércoles pasado se presentó a la  subestación de la Policía de Ciudad Sandino para solicitarle a las autoridades permiso para ingresar a la vivienda donde ocurrió el crimen y recuperar las pertenencias de su hijo y atesorarlas como un recuerdo.

Sobre Isaac dice que no cree en su arrepentimiento. “Él va tener su justicia, la va tener, porque de la justicia divina nadie se escapa”, exclamó entre lágrimas.

Su abuelo, William Canales, sí lo perdona, pero está de acuerdo en que debe recibir una condena por lo que hizo.  Por su parte, Mario espera asistir a la audiencia inicial de su hermano Isaac este 2 de marzo en compañía de su tía Ileana, quien viajará desde Miami. 

“Isaac es mi hermano y siempre lo voy a  querer mucho, pero mató a mi madre. Tiene que pagar y no sé si algún día lo perdonaré”.

Cuando llegamos a Nicaragua teníamos un resentimiento con ella que acumulamos desde pequeños, pero al hablarle, la perdoné y tuvimos una buena relación. Pero Isaac nunca la perdonó”. Mario Chávez Canales.

Debe recibir tratamiento

El psicólogo Juan Daniel González revela que los estudios indican que el delito de parricidio la mayoría de las veces es cometido por hombres en los que existe una alta prevalencia de patología psiquiátrica, en especial desequilibrio y consumo de drogas o alcohol. 

“En este caso particular se refleja el típico perfil de un parricida joven, soltero y desempleado, que vive con la víctima, abusa de alcohol y drogas y tiene antecedentes penales. Pero aquí hay algo más grave, que es un rencor profundo contra su madre y probablemente este joven, aunque confiese estar arrepentido, no lo esté. Este joven necesita tratamiento inmediato”, indica el especialista.

De no recibir el tratamiento adecuado, según González, es muy probable que la persona que ya mató y robó lo vuelva hacer.