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El pastor evangélico Saturnino Cerrato y monseñor Silvio Fonseca condenaron el fanatismo y extremismo religioso en el caso de la joven que murió tras ser quemada y abandonada en un barranco por un grupo de personas lideradas por el pastor Juan Gregorio Rocha Romero para supuestamente “sacarle los demonios”.

“Este caso es un claro ejemplo de  extremismo religioso producto de ignorancia y fanatismo. Lo que se hizo es absolutamente incorrecto y en definitiva el pastor responsable es culpable de esa muerte y debe afrontar lo que la ley establece en estos casos”, aseguró a El Nuevo Diario Saturnino Cerrato, representante de la Asambleas de Dios.

En tanto, monseñor Silvio Fonseca, coordinador de la pastoral de familia, vida e infancia de la Arquidiócesis de Managua, señaló que este es un acto de fanatismo que debe llamar la atención de los seguidores de las diferentes religiones que se practican en el país para que sus líderes no manipulen su libertad y conciencia.

Vilma Trujillo García, de 25 años,  falleció esta mañana en el Hospital Lenín Fonseca, donde se encontraba internada desde el pasado 23 de febrero, un día después de ser lanzada a una hoguera y abandonada en un barranco con quemaduras en el 80% de su cuerpo en la comunidad El Cortizal, Rosita.

Este martes también fueron trasladados de Siuna a Managua las cinco personas acusadas por este hecho, entre ellos el pastor Juan Gregorio Rocha Romero y una mujer identificada como Eneyda Orozco Téllez, esta última involucrada por haber tenido la “revelación” de que Vilma debía ser “purificada”.

Cerrato no negó ni afirmó que el pastor Juan Gregorio Romero pertenezca a las Asambleas de Dios, ya que aseguró que cuentan con unos 2,000 representantes en todo el país y “es imposible conocerlos a todos”.

Sin embargo indicó que la gente no debe someterse a estos métodos porque “así no se expulsan los demonios. No entiendo dónde estaba la cabeza o el conocimiento teológico que este pastor tiene.  De pronto como que se fanatizan y caen en situaciones como esas, y en este caso, ni modo, este pastor tiene que sufrir las consecuencias”, sentenció.

Monseñor Fonseca indicó que este tipo de actos “no dependen de las religiones, sino de las personas que las lideran”, pues estas no se basan en la palabra de Dios, sino en su ambición por manipular a los demás. “Estas son personas cuyo fanatismo raya con problemas siquiátricos y que tienen una gran capacidad para quitar toda la libertad y la voluntad de los creyentes para llevarlos a sus rediles”, refirió.

En ese sentido, Fonseca recordó el caso de suicidio colectivo ocurrido el 18 de noviembre de 1978 en Jonestown, Guyana, en el que 912 miembros de la secta Templo del Pueblo, liderada por el religioso estadounidense James Warren, se quitaron la vida por envenenamiento de cianuro.

“Hay que lamentar y deplorar estas situaciones, y darles seguimiento civil, (porque) ningún estado puede permitir que en nombre de la religión se elimine la vida”, comentó.

Fonseca agregó que un líder religioso debe, en primer lugar, predicar la palabra de Dios respetando la libertad y la conciencia de las personas, así como guiar a la comunidad hacia un buen comportamiento moral.