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En el barrio le dicen “la pastora”. Se llama Janeth Silva y en los últimos diez años ha sido casi de todo: entrenadora de beisbol, empresaria, profesora, mamá, abuela, defensora de las mujeres y también, cómo no, dirigente espiritual. 

Fue víctima de violencia machista durante dieciocho años. Ahora, sin embargo, trabaja empoderando a las mujeres. “Pienso que Dios nos hizo libres”, dice cuando se le consulta sobre las posiciones de las iglesias respecto a los divorcios por violencia. Enseguida agrega: “No quiero decir libertinaje, estoy de acuerdo con los matrimonios, pero si los esposos no quieren cambiar, hay que tomar una decisión y Dios no se va a molestar: Él no es un Dios violento”. 

Tiene 56 años, dos hijos, un nieto y es muy reconocida en el barrio Andrés Castro de Managua. En la actualidad, además de dirigir la iglesia El Gran Jesús está al frente de la Asociación Mujeres en Acción, proyecto que nació con el propósito de trabajar directamente con mujeres víctimas de maltrato, motivarlas a salir de los círculos de violencia y capacitarlas en el campo legal. 

Atiende a unos 70 niños, a quienes capacita en materia de educación, religión y proporciona alimentación. 

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En entrevista, cuenta que ha sido difícil moverse en un ambiente tradicionalmente dominado por varones. “Para mí es un desafío pararme y predicar un fin de semana porque se cierran muchas puertas, porque los pastores dicen que son ellos quienes deberían de hacerlo”.

¿Qué desafíos atraviesa como líder en una orden religiosa dirigida mayorITARIAmente por hombres?

La experiencia ha sido un poco dura, no es fácil saber que ahora estamos el 50/50 para trabajar, las mujeres tenemos un buen potencial.  

Para mí es un desafío pararme y predicar un fin de semana, porque se cierran muchas puertas, porque los pastores dicen que son ellos quienes deberían de hacerlo. Pero yo pienso que también las mujeres podemos tener iglesias, creer que podemos hacerlo y trabajar el desafío porque en Dios todo lo podemos.

¿Hubo algún momento en que pensó desistir?

No, más bien me motivé para salir adelante.

¿Por qué decidió crear la iniciativa Mujeres en acción?

Yo vengo de un matrimonio en que pasé 18 años siendo maltratada y pude romper ese silencio. Todo eso me llevó a trabajar con las mujeres. Comencé brindando charlas en los hoteles y fue cuando nombré así el ministerio: Mujeres en acción. Es difícil romper el silencio. La gente dice “hay que denunciar”, pero es difícil denunciar un maltrato y ese es el proyecto que tenemos: trabajar con las mujeres, darles ánimo, ayudarlas a darse cuenta que sí se puede, que la ley nos protege y que si nadie nos quiere ayudar, podemos salir solas.

¿Las mujeres que van a la iglesia sufren violencia?

Muy poco. Cuando trabajaba en los hoteles sí (me encontraba con muchos casos). Lo que trabajamos en la comunidad ahora son los valores.

¿Qué es lo más difícil para una mujer que quiere salir de la violencia?

El respaldo, que la gente no les da. Usted pide ayuda y la gente le dice que el matrimonio, que el qué dirán, entonces no hay apoyo.

Hay mucha polémica alrededor de esto, hay iglesias que consideran que no se deben separar las parejas aunque haya violencia, ¿qué piensa usted?

Pienso que Dios nos hizo libres. No quiero decir libertinaje, estoy de acuerdo con los matrimonios, pero si los esposos no quieren cambiar, hay que tomar una decisión y Dios no se va a molestar: Él no es un Dios violento. Y ahora la mujer se puede sentir protegida con la Ley 779. 

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¿Qué actividades efectúan con las mujeres de la comunidad?

Nosotros trabajamos con las mujeres lo que es autoestima y todo lo que es el liderazgo de la mujer. También sobre el discipulado de la iglesia, que es importante. Aparte de la violencia, otras problemáticas de las mujeres son el desempleo y falta de ánimo. Cada viernes, las madres de familia, algunas adolescentes, reciben un seminario de dos horas en el que reciben clases de manualidades, y sobre todo, obtienen ánimo y motivación para salir adelante. Janeth Silva con algunas de las niñas que se congregan en la iglesia.

¿Qué implica trabajar con la niñez desde esta organización?

Cuando llegamos a la comunidad, empezamos a ver la problemática del maltrato infantil en la comunidad. Entonces desde hace siete años trabajamos con niños y niñas en un rango de edades de 9 a 14 años, trabajamos esas áreas desde la iglesia, trabajamos con discipulado con la palabra de Dios. 

¿Qué otros programas se desarrollan actualmente?

Trabajamos directamente con la escuela comunitaria para garantizar que todos los niños y las niñas se integren al sistema escolar  y aquí les brindamos reforzamiento. También  tenemos un comedor infantil que funciona tres veces a la semana y se sustenta con la venta de helados y chocobananos de este local, más el apoyo de los padres de familia. Tenemos dos equipos de beisbol, soy directora en la Liga Roberto Clemente, del distrito III. Soy la directora de ese programa y tenemos varios equipos de beisbol trabajando. 

¿Cómo valora usted su experiencia en esta labor comunitaria?

Me siento realizada porque estoy haciendo lo que me gusta, siento que ese es mi llamado. Me gusta mucho trabajar en la comunidad y trabajar con mujeres, las mujeres tienen bastante que dar. También me siento muy agradecida por el apoyo que me han dado las madres de familia, la comunidad, los líderes y el gobierno, sobre todo porque han creído en esto. No es fácil levantar a una mujer en la comunidad. 

¿Qué proyectos tienen como institución para los próximos años?

Queremos ser una casa albergue para los niños, que reciban música, computación e inglés cuando no estén en clase. Si ellos aprenden esto, podrían pagarse la universidad más adelante. Eso sería una manera de enseñarles, no que se coman el pescado sino también a pescar. Además queremos poder abrir el comedor todos los días y, por supuesto, seguir ayudando a los demás. Hago un trabajo en la iglesia, en el discipulado personalmente, porque creo que tenemos mucho trabajo por hacer en esta comunidad y creo que las mujeres estamos ahí siempre trabajando.

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