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Neysi del Socorro Pérez mantiene programada la alarma de su teléfono para que la despierte a la medianoche, con la esperanza de que, al abrir la llave, brote el chorro de agua que necesita su familia.

“Anoche no vino, hoy no tenemos agua. Es casualidad que baje. El mes pasado, llegó apenas dos veces y no sabemos el día en que va a llegar, por lo que tenemos que estar esperándola entre las 12 y la 1 de madrugada”, explica Pérez.

Ella reside en la comarca La Rioja, vecina de Las Lajitas y Cacaulí, cuyos servicios de agua provienen de la red de la ciudad de Somoto. Su estresante rutina es similar a la de otras 13 familias de la comunidad. END

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Solo un pozo artesiano de una iglesia tiene agua, pero “a veces pega dolor; no sabemos si está contaminada, pero es fea para tomar, es amarga”, expresa la mujer.

Darling Medina Ramos, del sector de Cacaulí Arriba, con un tono impaciente, expone que su situación es peor. “No he agarrado agua en estos días, abro esa llave y solo suena aire, aire y aire. Creo que por eso sale caro el recibo”.

Para tener algo de agua, Medina compra a vendedores que llegan con barriles en carretas haladas por bueyes; y para tomar, de vez en cuando, paga por un bolsón de agua purificada que trae de la ciudad. 

Mal uso de cisternas 

Por medio de un proyecto se dotó a las casas de cisternas de concreto, con una capacidad de 12 barriles, para cosechar agua en invierno. Medina lamenta que muchas familias no les dieron ningún uso y las han dejado en abandono.

La situación es más favorable para Daysi María Jiménez, de la comarca Las Lajitas. Cada 24 horas brota agua de la llave, pero siempre entre la medianoche y el amanecer. “Hemos ido a Enacal y nos dicen que el pozo está muy corto, pero pago hasta 150 córdobas”, afirma, mostrando la pila vacía.

Julio César Vásquez, cuya casa está en una loma, vive de la solidaridad de una vecina que tiene un pozo artesiano y le regala agua para lavar y el aseo personal. “Y para tomar, vamos adonde unas hermanas; allí cerca, en una esquina”, dice apuntando a la zona baja del caserío, donde con suerte, el líquido baja de la tubería de Somoto.

Romería al Río Coco 

Para los pobladores de estas tres comunidades y otras vecinas, ya es una costumbre acudir los fines de semana al río Coco, a pocos kilómetros al norte, para lavar ropa y bañarse.

En el sector Las Minitas, al sur de la ciudad de Somoto, las gallinas toman agua sucia de un balde ubicado debajo de un lavandero.

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Yelba Carolina Sánchez Cruz, ama de casa, explica que recoger el agua usada del lavado de ropa y trastos de cocina, es una manera de reciclarla, y así quitan la sed a los animales y riegan las plantas.

“El problema es que el agua no viene parejo para todas las casas, a unas les viene y a otras no”, comenta.

Dice que para complementar el abastecimiento tienen que caminar una larga distancia, a un lugar con el nombre de La Mascota, donde regalan agua.

Buscamos una explicación sobre el desabastecimiento, en la delegación de Enacal, pero nos informaron que el gerente se encontraba fuera de la ciudad.

La ciudad crece

El abastecimiento en la ciudad de Ocotal, con más de 45,000 habitantes, solo ha favorecido a 2,500 personas por día, a través de dos camiones cisternas, según datos de Enacal.

La mayoría de afectados residen en zonas altas de los barrios Teodoro López, Juan Carlos Mendoza, Tomás Borge, El Quebrantadero, Santa Ana, Danilo Ponce y 26 de Septiembre. Según Enacal, el abastecimiento también es permanente para el hospital Alfonso Moncada Guillén y para la delegación departamental de la Policía Nacional.

Aparentemente, las debilidades están en el sistema de distribución y en la capacidad de las plantas potabilizadoras que procesan el agua que succionan del, cada vez más lánguido, río Dipilto.

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La situación más dramática la sufren familias que están situadas en laderas de los cerros circunvecinos, donde es remota la posibilidad de que llegue la red de tubería. 

Kenia Yulisa Espinoza Ramírez, una joven madre, tiene que transitar por una intrincada vereda para ir a buscar agua. “Cuando no viene, tenemos que ir a pedir más abajo. Gracias a Dios que una señora nos regala, pero a veces molesta estar pidiéndola. Solo llenamos los depósitos para beber y bañarnos”, dijo.

Inversión lleva 100 galones por minuto a una comunidad

SOLUCIÓN • Donde celebran el regreso a la normalidad del abastecimiento de agua es en las comarcas La Esperanza y Arado Quemado, vecinas a la carretera Panamericana, donde hay 1,600 habitantes.

El problema es que el agua no viene parejo para todas las casas, a unas les viene y a otras no". Yelba Sánchez, ama de casa.

Aquí, la población estuvo sumida en una grave crisis de agua en el año 2015, cuando los pozos se vieron agotados por dos sequías consecutivas. Entonces dependieron de un camión cisterna que el Gobierno Central designó para que les llevara agua desde el poblado de Yalagüina.

Juan José Rivas Molinares, líder comunal y concejal de la Alcaldía de Yalagüina, contó que a la comarca llegaron geólogos y otros expertos del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) y de Enacal, para detectar un acuífero cercano, lo cual se logró con éxito.

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“Damos gracias a Dios porque ahora tenemos un pozo excelente. Nos tira 100 galones por minuto. El servicio está dividido en dos sectores para abastecer el agua día de por medio”, comentó Rivas.

La inversión fue de más de un 1,200,000 córdobas, aportados por la alcaldía y la comunidad.

Las 20 pequeñas industrias de rosquillas que tiene la comunidad, normalizaron su producción y volvieron a bajar costos, porque durante 2015 compraron el agua en otras comunidades.

“El Gobierno mandó a hacer un pozo, con la alcaldía. Se solucionó el problema y hace un año estamos normal”, acotó José Antonio Herrera Herrera, propietario de rosquillera Kenia, quien también agradeció a las autoridades por la rápida y eficiente respuesta.

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