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Cuando Andrea Páramo Membreño cumplió nueve meses, sus padres notaron que no se paraba bien, no tomaba objetos con sus manos y tampoco hacía intentos por balbucear. Decidieron llevarla a un especialista que le detectó hipotiroidismo, por lo que la niña “no podrá caminar ni tampoco hablar”, anunció el médico.

“Esas palabras fueron muy duras para nosotros, nos quebrantaron el corazón porque saber que tu primera hija nació diferente a la mayoría de los demás niños es fuerte, más cuando soñás que te llegue a decir mamá”, relata Karla Membreño, su progenitora.

No se dieron por vencidos. Acudieron a un segundo médico, pero este reafirmó el diagnóstico. El hipotiroidismo había causado en Andrea un retraso psicomotor y una deficiencia intelectual.

Freddy Páramo, papá de la niña, asegura que le costó aceptar a su hija. “No es que la rechazaba, sino que lo que pasaba con ella me parecía increíble. La noticia me partió el corazón”, comenta.

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En el caso de la mamá, al momento de reafirmar el diagnóstico se entristeció, pero “siempre pensé que podía salir adelante, nunca renegué de mi hija”, reconoce Membreño.

A diferencia del primer médico, esta vez les aconsejaron que la niña tenía que recibir terapia si querían ver alguna mejoría. Sin embargo, los padres de Andrea, originarios de San Juan de "La Concha", admiten que desconocían el término. El médico los remitió al Instituto Médico Pedagógico Los Pipitos de Bolonia, en Managua. Andrea tenía un año.El hipotiroidismo provocó en Andrea retraso psicomotor.

“Cuando llegamos al centro fuimos recibidos con mucho cariño, nos explicaron en qué consistían las terapias, incluso hasta nos dieron terapia de pareja para indicarnos cómo íbamos a trabajar con la niña”, recuerda Karla Membreño.

Hoy, tras ocho años de terapia gratuita ya se ven los resultados. Andrea, aunque tiene poco lenguaje es una niña muy sociable y sonriente que logró caminar. A sus nueve años está incluida en el sistema de educación regular, pero recibe atención especial. Cursa tercer grado y su vocabulario se compone de 15 palabras. Papá y mamá están en la lista.

Andrea —que este año es parte del grupo de niños, niñas y jóvenes testimonios de Teletón— continúa rehabilitándose gratuitamente gracias a la colaboración de todo un país que hoy se une para recaudar 27 millones de córdobas y sustentar los gastos de rehabilitación de más de 35,000 niños que la Fundación Teletón y Los Pipitos atienden en los ocho centros con los que cuentan en todo el país.

ROMPIÓ BARRERAS LABORALES

Carla Jimena Hurtado ha roto con las barreras laborales a las que se enfrentan las personas con discapacidad. Desde hace un año esta joven de 25, trabaja en una firma auditora, habla inglés y el síndrome de Down que se le diagnosticó al nacer no le impidió aprender a conducir en 30 días.

Durante su infancia a Carla se le dificultaba el habla, era introvertida y siempre le costó aprenderse el abecedario.

Ahora es completamente diferente. Ha desarrollado un espíritu de convivencia, es una persona independiente, “me he soltado más”, reconoce mientras se aplica un pintalabios color rojo antes de realizar un recorrido por el Zoológico Nacional junto al grupo de niños, niñas y jóvenes testimonio del Teletón 2017.Amanda Miguel y Diego Verdaguer en el inicio de la colecta.

Su cambio, precisamente se debe a las terapias que recibió en el Centro Médico Pedagógico Los Pipitos, en Bolonia. Cuando terminó la secundaria le otorgaron cinco reconocimientos entre los que destaca uno por mejor alumna del colegio Doris María Morales, de Managua.

Carla también sufrió discriminación en el colegio, cuenta su mamá, Flor de María Hurtado. “Me dijeron que me la llevara a la casa y le enseñara algo que ella  pudiera hacer como costura”, recuerda. Pero en Los Pipitos rápidamente reconocieron en ella un interés por aprender. Le enseñaron a manejar programas computacionales y los aprendió tan bien que gracias a esos conocimientos ahora trabaja en el área administrativa de la firma auditora PriceWaterhouseCouper.

“Ellos miraron mi desenvolvimiento y siempre me dicen que soy eficiente y ahí me tratan bien. Mi prioridad es hacer mi trabajo de la mejor manera posible siempre”, comenta claramente la joven quien reconoce que gran parte de su desarrollo ha sido gracias al apoyo de su madre, porque creció sin una figura paterna.

“Las terapias y el apoyo de Los Pipitos ha sido la clave de mi éxito, sin ellos no sería la mujer que hoy soy. Por eso todos estamos agradecidos con el pueblo de Nicaragua porque, sin el aporte que cada año dan, esto no sería posible”, afirma Carla, quien no descarta ingresar a la universidad para profesionalizarse en administración.