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Dariel tenía tres años y le gustaba jugar a las escondidas, sobre todo cuando podía hacerlo con otros niños de su edad. Había llegado con su madre a la casa de sus abuelos, en un barrio de Ocotal, para pasar con ellos Navidad y Año Nuevo. Ahí se quedaron hasta enero, pero el 17 de ese mes, mientras corría a buscar un lugar donde esconderse, cayó en una pila llena de agua y no pudo ser rescatado a tiempo. Murió. 

El caso de Dariel, según reportes periodísticos, fue el primero de cuatro en los que niñas y niños murieron por sumersión dentro de una vivienda en lo que va del año. 

El agua necesaria para que un pequeño se ahogue es escasa. De hecho, de acuerdo con la pediatra Hermelinda Villavicencia: “no se necesita mucha agua, solo lo suficiente para que él se incline y entre en recipientes de almacenamiento de agua dentro del hogar”. 

Cuidado con pozas, pilas y piletas END

Otro factor de riesgo en las viviendas son las pozas ubicadas en las afueras de las casas, utilizadas para almacenar aguas residuales o las piletas para guardar agua debido a la escasez. 

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“Estas son muy peligrosas porque en esos lugares los niños siempre andan curioseando y se pueden resbalar y caer dentro”, comenta la pediatra.  

Este fue el caso de una niña de un año en Estelí, quien el 17 de febrero cayó a un sumidero con aguas putrefactas. Su padre, Javier Tercero Balladares, declaró en su momento que su esposa “estaba lavando ropa y de repente (la niña) se nos perdió y cuando la encontramos estaba flotando en el hoyo”.

Un niño, también de un año, pereció por sumersión dentro de la pila para lavar ropa en su casa en el barrio Hugo Chávez el 11 de marzo. El último caso reportado en medios de comunicación fue el de una niña de tres años que falleció al caer al fondo de un pozo en la casa de su tía en El Viejo, Chinandega. 

Las piscinas inflables también se consideran peligrosas ante ahogamientos. La Cruz Roja Nicaragüense ha reportado en años anteriores casos en que menores se han ahogado mientras jugaban en piscinas de plástico sin supervisión de adultos. 

Vigilancia 

Este tipo de accidentes no son tan inusuales como se pensaría. Un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en 2014, reveló que el ahogamiento por sumersión figura entre las diez principales causas de muerte de niños y jóvenes en el mundo, y los niños menores de cinco años suelen ahogarse en situaciones ordinarias, sobre todo dentro o cerca de su hogar. 

Al ser tan vulnerables, “los niños chiquitos siempre deben tener tutoría”, enfatiza la pediatra Villavicencio, puesto que la mayoría de los accidentes de este tipo pudieron haber sido evitados si los menores hubieran estado vigilados por algún adulto. 

Lo más recomendable es no permitir que los niños jueguen a orilla de baldes, barriles o piletas que no estén debidamente tapados, señala el jefe de Operaciones de la Cruz Roja, Aldry Flores. 

“Si están jugando en una piscina, que esa actividad sea supervisada”, destaca. Si el adulto se va a mover de allí y nadie más puede vigilar a los menores, hay que “sacar al niño de la pileta, del balde de agua, y si es necesario, vaciar la piscina”, recomienda.  

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Un aspecto a destacar es que si un niño muere por ahogamiento, no puede llorar ni emitir sonidos, razón por la que los padres no se darían cuenta en caso de que sucediera una tragedia. “Cuando el niño se ahoga no tiene tiempo para llorar”, explica Villavicencio, quien agrega que los niños pueden agitarse y mover todo su cuerpo, pero no está llorando ni gritando. 

El cruzrojista Flores señala que la gente suele dejar a los niños mayores vigilando a los más pequeños. “El padre (o madre) de familia no tiene que permitir este tipo de incidentes, tiene que dedicarse a cuidar a sus hijos”, enfatiza.  

Otra recomendación para la gente que viaja a zonas rurales, donde generalmente hay pozas en los patios, es no dejar a los niños correr en los patios sin antes haber asegurado toda el área.  

¿Qué hacer?

De acuerdo con cruzrojistas, lo primero es sacar al niño (o a la niña) del recipiente, poza o piscina, revisar si tiene pulso y si respira y abrirle las vías respiratorias. Esto último se logra acostándolos en una posición plana y reclinándoles la cabeza hacia atrás, de manera que el cuello quede estirado. 

No agarrar el niño sofocadamente y montarlo en un carro y llevárselo, porque con este tipo de acción lo que estamos haciendo es ocasionarle la muerte al niño”, destaca Flores. 

Luego hay que escuchar si el niño está respirando. Esta tiene que hacerlo una persona en calma, “porque si es una persona sofocada, no va a escuchar nunca nada”, según el socorrista. 

Si el menor no tiene pulso, hay que hacerle respiración cardiopulmonar, es decir, darle respiración boca a boca y masajearlo en el pecho, dándole golpecitos solamente con dos dedos, si no, darle golpecitos en la espalda. 

Por esta razón, “todo adulto, toda madre y padre deberían estar capacitados para saber reanimar a una persona”, concluye la pediatra Villavicencio. 

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