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En la Costa Caribe de Nicaragua existe una feminización de la migración, especialmente entre las mujeres de la etnia creole, quienes están partiendo principalmente hacia cruceros turísticos.

“Existe todo un imaginario colectivo en torno a lo que pueden lograr una vez embarcadas”, destaca Ana Cristina Solís investigadora del Centro Interuniversitario de Estudios Latinoamericanos y Caribeños (Cielac) de la Universidad Politécnica de Nicaragua, quien estuvo a cargo del estudio "Mujeres afrodescendientes, migración y pobreza".

Sin embargo la investigadora agrega que este proceso de migración ha empezado a generar entre la población caribeña lo que ella denomina el “síndrome de los niños embarcados”, quienes suelen ser ostentar lujos como una manera de  compensar la ausencia de las madres y la desintegración familiar.

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En la investigación menciona usted que la migración en la zona del Caribe se está feminizando, ¿en qué se basa para sustentar esto?

La mayoría de las investigaciones que se hacen en temas migratorios solo están reflejadas o se interesan por la gente nicaragüense que se va hacia Costa Rica o Estados Unidos, y últimamente también hacia otros destinos como Panamá, España, pero, ¿qué pasa con la población afrodescendientes y específicamente con las mujeres? Entonces a raíz de este vacío de información surge esta investigación para conocer de manera exploratoria y tratar de hacer un análisis crítico de la situación que están experimentando las mujeres afrodescendientes en Nicaragua en el tema de migración.

Se habla de feminización de la migración porque las mujeres son actoras emergentes en estos procesos que tienen también consecuencias que las podemos ver en el ámbito económico, familiar y en el ámbito cultural. A raíz de eso hicimos la propuesta de investigación y decidimos trabajar con esta población en las cabeceras departamentales de Puerto Cabezas y Bluefields.

Logramos identificar que el perfil de las mujeres creoles inmigrantes en la mayoría de los casos son madres solteras, jóvenes entre 20 a 35 años, con un nivel de escolaridad media, residentes del área urbana, aunque también las hay de municipios aledaños a las cabeceras departamentales.

¿Con cuántas mujeres trabajaron en ambas cabeceras?

En la investigación lo que pretendíamos era conversar con mujeres que hayan estado embarcadas en los cruceros turísticos porque ese es como que el flujo migratorio al que aspiran.

Lo delimitamos mujeres afrodescendientes porque en cierta medida en la revisión documental encontramos que este grupo estaba siendo  muy emergente en los procesos migratorios y no se conoce mucho al respecto.

Entrevistamos a 20 mujeres, ocho hombres y diez jóvenes como potenciales personas que podrían ser parte de este flujo migratorio. Adicionalmente hablamos con académicos, representantes del Gobierno local, presentantes de la comunidad afrodescendientes en el Caribe y con gente de las municipalidades también.

¿A cuánto asciende el número de mujeres migrantes en el caribe?

Bueno, número exacto sobre cuánta es la población migrante se nos hizo imposible conocer y eso fue una de las observaciones que hacíamos en el proceso de investigación porque no hay registro en la zona.

Pero sí logramos identificar que existe todo un esquema de reclutamiento. En Bluefields hay agencias que reclutan al personal afrodescendiente para que se postulen al trabajo en los cruceros, pero no fue posible contar con un listado o un porcentaje de cuánto es la población de afrodescendientes que se está yendo a trabajar en estos cruceros.

Mencionó que hay todo un sistema para poder insertarse en alguno de estos cruceros, ¿cómo es que funciona?

Es constante la experiencia previa de mujeres afrodescendientes y hombres que se embarcan en los cruceros turísticos. Entonces se va transmitiendo de manera oral cuándo son las convocatorias, qué se puede alcanzar económicamente cuando se embarcan, por cuántos meses en tantos cruceros.  Las consecuencias económicas que eso trae ha sido un detonante para que las personas puedan acceder, puedan interesarse en la participación de esos flujos migratorios.

Hay alrededor de dos agencias de reclutamiento, ellos aplican unos exámenes principalmente relacionados con el idioma  inglés, tienen que llenar ciertos requisitos, copia de cédula, récord policial. Incluso a veces deben pasar un curso de inducción según la clasificación que estas agencias tienen y dependiendo dónde se les ubique y una vez que cursan ese nivel inductivo, tienen que costearse ellos el pasaje hacia el puerto desde donde zarpará el crucero.

Dependiendo de donde sea el puerto de salida el costo del pasaje podría rondar alrededor de US$1,500 o US$ 2,000 en toda esa trayectoria, si se toma en cuenta que muchas veces deben viajar desde sus lugares de origen hacia Managua y por ejemplo desde ahí hacia un país de tránsito. Luego la estadía en esa nación de tránsito hasta lograr llegar al puerto desde donde sale el crucero, por lo general salen de Florida, y también debe costearse el pago de la visa estadounidense.

¿Hacia dónde van?

Hay rutas que están destinadas hacia la región insular del Caribe, hay otros que se van en toda la zona costera de Estados Unidos, y los que llegan más lejos son rutas hacia Europa, entonces, claro, ellos en el imaginario que tienen dicen: vamos a conocer también otros países pero la realidad es otra porque el trabajo dentro de estos cruceros es bastante duro, pesado, trae muchas consecuencias, es un tema que poco se dice y desde la perspectiva de la participación de las mujeres en estos cruceros se han dado muchas situaciones lamentables para su desarrollo profesional, económico y humano.

¿Qué tipo de obstáculos enfrentan una vez que emigran?

Estando en los cruceros hay una explotación laboral bastante alta, la carga laboral es bastante fuerte, las condiciones son mínimas, los riesgos son muchos. Algunas de las mujeres que entrevistamos estaban con licencia médica precisamente porque habían sufrido alguna lesión al ir cargando bandejas muy pesadas y cuando hay mal tiempo en el mar ellas tienen que hacer bastante equilibrio y eso ha provocado lesiones.

Trabajan seis días de la semana, descansan 24 horas, pero eso es muy poco para la cantidad de trabajo que tienen que hacer, son jornadas de más de ocho horas para algunas dependiendo del área en las que estén ubicadas: lavandería, atención al cliente, cafetería, de meseros, esos son como los puestos a los que más accede la población.

El que les ubiquen con gente de otras nacionalidades les motiva también como parte de ese imaginario porque conocerán y socializarán con gentes de otros países, pero están ubicados en cuartos casi que al último nivel cuando los cruceros tienen 12 pisos, y eso hace que las condiciones y la movilización de sus puestos de trabajo sea desgastante.

En su investigación también menciona que la población del Caribe vea esto de embarcarse como una buena opción, ¿ha vuelto más vulnerable a la población joven? Y si es así, ¿en qué sentido se ahora son más vulnerables?

Eso tiene que ver con las consecuencias en el entorno familiar cuando hay padres y madres que están embarcados.

El período mínimo de embarcado es de tres meses, la mayoría pasa ocho meses, descansa un mes y vuelven a reclutarse, prácticamente están ausentes la mayoría del tiempo.

Entonces las consecuencias más palpables es lo que nosotros identificamos como el “Síndrome de los niños embarcados”, que se refiere al imaginario alrededor de todo lo que se puede conseguir una vez se embarque esta mujer o hombre.

Vamos a ganar en dólares mensuales, pero hay poca comunicación con sus familiares. Hay un distanciamiento, una ausencia en sus hogares y  quienes quedan a cargo del cuido de sus hijos son otras mujeres que pueden tener algún tipo de parentesco, en su mayoría hermanas, cuñadas, suegras, madres son los que están criando a los muchachos.

¿Cómo compensan de alguna manera esa ausencia? Comprando bienes materiales, los hijos e hijas de estas persona?

Embarcadas tienen casi la última tecnología que podamos tener en Nicaragua, buenos celulares, ropa, esos bienes materiales les hacen adquirir un estatus  diferente ante otros niños y jóvenes de sus edades, pero hay una carencia y eso impacta drásticamente en la crianza en el núcleo familiar.

Otra razón para emigrar que estas mujeres justifican: la construcción de sus casas, y en Bluefields ya hay áreas en las que las casas tienen otro estilo arquitectónico. Ese es el fin último de irse en los cruceros: obtener una casa que se distinga de las otras.

La pobreza las alienta a migrar

Sí, porque las condiciones económicas que ellas identifican en la zona son mínimas, son madres solteras de dos o tres hijos y tienen que buscar cómo sustentarlos. Producto de ese imaginario ellos ven como una posibilidad real el embarcarse y el idioma es ese mecanismo que a ellos, ante los miskitus o los mestizos que puedan haber en la región, les da un plus para embarcarse y tener un salario de hasta 1,500 dólares mensuales.

Incluso algunas jóvenes con las que platicamos y que actualmente están estudiando manifestaron que una vez concluida su carrera les gustaría embarcarse. Entonces, sí es algo bastante fuerte en el colectivo del caribeño, ellos lo ven como una posibilidad real de trabajar dentro de esa región porque ellas mencionan que las oportunidades son limitadas.

¿Cómo cuánto tiempo les puede funcionar este tipo de trabajos a estas mujeres?

Depende. En la investigación nos encontramos con mujeres que tenían años de irse embarcadas, diez, ocho, nueve años.

Se van ocho meses, pero una vez que terminan ¿a qué se enfrentan al volver?

Muchas de ellas decían: "yo ya estoy vieja creo que es momento de iniciar un negocio con lo que pueda recoger y dedicarme a trabajar con mi familia", es decir, ellas ya alcanzaron una inversión que les permita seguir trabajando pero en su localidad. Se dicen que es tiempo de ver crecer a los hijos, pero muchas vuelven y se enfrentan a las secuelas que ha producido en su familia esta ausencia.

Antropóloga social

Ana Cristina Solís.

Es licenciada en Antropología Social (Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua) y maestra en Ciencias Sociales (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Investigadora del Centro Interuniversitario de Estudios Latinoamericano y Caribeños de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli).