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José Daniel Ortiz era, en 1985, un joven jinotepino de 23 años con ganas de comerse el mundo. Un día se dio cuenta de que en Costa Rica la Embajada de Japón ofrecía becas completas a los jóvenes para estudiar maestrías en ese país asiático, y desde entonces no dejó de perseguir ese sueño.

“A mí siempre me atrajo la idea de estudiar en Japón”, comenta 32 años después de haber conseguido la beca. En Nicaragua esa beca todavía no estaba abierta y él fue el primer becario de este país en el programa japonés de Mombukagakusho.

Hace treinta años solo algunas universidades japonesas ofrecían cursos en inglés, y aunque este era uno de los requisitos para aplicar, José Daniel tuvo que aprender japonés durante un año para cursar sus estudios en este idioma. Para entonces, recuerda, hubo cinco o seis aplicantes.

Las oportunidades

Hoy, la cantidad de aplicantes a la beca anual para estudiar en el país nipón sigue siendo baja. De hecho, en la embajada de Japón solo 20 personas realizan el examen de inglés, y de estos, unos ocho pasan a la etapa de entrevistas personales.

El caso de las becas a Corea del Sur es más dramático. Este año solo aplicaron tres personas para las becas del Instituto Nacional de Educación Internacional coreano, uno de los programas emblemáticos de esta Embajada, cuyo cupo anual es de un estudiante. Desde que este programa inició en Nicaragua en 2008 solo cuatro personas han sido becadas, precisamente por falta de aplicaciones.

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Koica, el otro programa de la embajada coreana, ofrece becas a funcionarios públicos y docentes de instituciones públicas, pero una semana antes del cierre de la convocatoria de este año ningún aplicante había mandado su solicitud.

La Embajada de Taiwán recibe más aplicaciones: un total de 80 durante este año para sus dos programas de becas, Taiwán e ICDF. Su oferta de becas incluye más cupos: entre 20 y 30 cada año. Un aplicante que cumpla todos los requisitos podría tener como mínimo el 25% de posibilidades de adquirir una beca, si envía la solicitud.

La voluntad

Para todas las becas de estos países asiáticos, los estudiantes pueden escoger entre diferentes cursos ofrecidos en inglés, pero el dominio de este idioma sigue siendo una gran barrera para los aplicantes nicas.

“Es un poco complicado para los nicaragüenses que puedan manejar buen inglés en ese tipo de examen”, dice Yasushi Ando, embajador de Japón en Nicaragua, haciendo referencia a la prueba de idioma que hacen a los solicitantes de la beca, porque pocos logran superar los 50 puntos de calificación en una escala de cien.

Amado Arce, un joven capitalino de 21 años egresado de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de Ingeniería, dice que le gustaría aplicar a una de estas oportunidades académicas, pero admite que su inglés “no es suficiente todavía” para cursar estudios en el extranjero o realizar una tesis de maestría en este idioma.

Seok Hwa Hong, embajador de Corea en Nicaragua, señala la dificultad de los nicaragüenses en el dominio del inglés, aunque explica que “el idioma no es todo” e insta a los jóvenes graduados a no considerar el inglés como una barrera: “Lo que necesitamos es su voluntad, su intención de trabajar es lo más importante”.

Sobre este punto, el embajador de Taiwán en Nicaragua, Jer Ming Chuang, destaca que “hay que dar una oportunidad a todos”.

Keyla Ballesteros, periodista y exbecaria de Taiwán, comenta que las becas de este país siempre apuestan más por los jóvenes que tengan las ganas, la disposición, la disciplina y el deseo de estudiar. Agrega que al tener que cursar un año en mandarín, los estudiantes pueden optar por cursar sus estudios en ese idioma o en inglés.

Otro problema, según el embajador Chuang, es que en las zonas rurales los jóvenes no aprenden inglés por falta de condiciones y oportunidades. “Los jóvenes de pueblo aprenden menos inglés”, afirma.

El diplomático asegura que en los últimos dos o tres años han priorizado a jóvenes de zonas rurales, y aunque “ellos no tienen buenas notas en inglés” están apostando por su determinación y motivación para superarse.

La madurez

“Debe haber una gran motivación para ir”, afirma José Daniel Ortiz, en su oficina en el barrio Ducualí, un espacio pequeño pero acogedor rodeado de libros en japonés que muestra con orgullo y cierta melancolía.

“Muchos jóvenes no tienen motivación, no saben que es un gran chance para cambiar su vida, pero quisiéramos que todos estén enterados de que hay chances”, comenta el embajador de Taiwán, quien en su momento fue becario en Inglaterra, una oportunidad que, asegura, cambió su vida.

Shinji Nishiyama, primer secretario de la embajada de Japón, opina que los nicaragüenses en general son conservadores de pensamiento, y existe un cierto grado de dificultad en aceptar una nueva cultura. “A veces lo detiene la familia; le dicen ¿para qué viajar tan lejos, a un lugar tan diferente? En ese sentido, se puede decir, un poco cerrados”.

Keyla, quien al viajar tenía 27 años y un empleo estable como periodista, admite que “hubo quien me dijo que estaba loca o que no dejara el trabajo”, pero sus deseos de formarse en el extranjero le dieron la seguridad para emprender el vuelo en 2011.

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Otro aspecto que toman en cuenta en la Embajada de Japón es si los solicitantes tienen la madurez para adaptarse a la vida oriental. Realizan una entrevista para saber “por qué escogió Japón, otra cultura, otra historia, otro idioma completo; si tiene la intención fuerte de viajar, no solo de estudiar, pero vivir, conocer el país”, destaca el embajador Ando.

José Daniel se ha convertido incluso en promotor de la beca, pero afirma que ninguno de sus conocidos o familiares han ganado una de estas, porque no quieren irse por tanto tiempo o porque ya están casados y no quieren alejarse de su familia.

¿Por qué no?

Las condiciones que ofrecen las embajadas asiáticas para estudiar en sus países son inmejorables: boleto de ida y vuelta, costo total del programa educativo, alojamiento, seguro médico y estipendio mensual.

Keyla, quien estuvo un año en Taiwán estudiando chino mandarín, enfatiza en que las becas a otros países no brindan los mismos beneficios porque los procesos de aplicación son más complicados o no cubren el cien por ciento de los gastos. “Esto es bien importante porque desde el primer momento que estás buscando una beca es porque no tenés los medios económicos para estudiar”, opina.

En el caso de Corea del Sur y Japón, los becarios hasta pueden viajar con su familia, pero la beca solo cubre la manutención de una persona. José Daniel, por ejemplo, logró ahorrar dinero durante los primeros meses que estuvo en Japón y logró llevar a su esposa y dos hijos a vivir con él mientras culminaba los estudios.

Por otro lado, las oportunidades académicas y laborales de los becarios son potenciadas al máximo.

El embajador japonés asegura que todas las personas han mejorado su capacidad de estudio y sus oportunidades de trabajo, después de regresar de Japón.

José Daniel concuerda con esta afirmación: “Poder cursar estudios allá te hace alcanzar un nivel de calidad mundial, lo que te da chance para trabajar en cualquier parte del mundo”.

“Lo que hacemos en Nicaragua es ofrecer oportunidades para un gran número de jóvenes, para que puedan contribuir al país y generar efectos sociales, económicos y políticos”, manifiesta el embajador de Taiwán.

El intercambio cultural es otro motivo por el cual tomar el riesgo. Keyla comenta que “poder vivir en una cultura totalmente opuesta a la nicaragüense y hacer amigos de casi todo el mundo fue bien bonito”.

Seok Hwa Hong, el embajador coreano, finaliza la entrevista con una frase más inspiradora que profética: “Los nicaragüenses tienen que ser más bravos, con más intenciones, tienen que tener fe en su futuro”.

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