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En ciertas pinturas de José Aragón prevalece la paleta de colores del trópico nicaragüense. No como un emblema nacionalista, sino como una experiencia visual y térmica. Estas tonalidades remiten a sensaciones y sabores que se entremezclan en relación a una presencia a veces femenina. Sin embargo, todo esto se vierte con una emotividad reticente, apenas perceptible en el conjunto de formas táctiles de sus cuadros. 

Aragón (1968) reside desde hace 24 años en España. Sin embargo, la nostalgia y el vínculo con su país vibran en sus pinturas. “Los colores, las formas, la luz intensa, la poética que intento reflejar en mis cuadros tiene a Nicaragua como su centro motivador”, afirma este artista nacido en Tipitapa. Aragón ha expuesto algunas de sus obras en Nicaragua, Costa Rica, España y Alemania. Actualmente reside en Sant Cugat del Vallés, una pequeña ciudad a 15 kilómetros de Barcelona. 
Sus pinturas están impregnadas de una mirada poética. En 2004 publicó una antología de poesía nicaragüense llamada Siempre nos quedará la poesía. En esa obra hizo una ilustración por cada uno de los poemas seleccionados. Aragón nos cuenta sobre sus temas artísticos, la unión de poesía y pintura en su obra, sus influencias plásticas y la nostalgia que transfigura en formas y colores. 

Don Quijote ante Dulcinea

Aragón ha expuesto algunas de sus obras en Nicaragua, Costa Rica, España y Alemania. Actualmente reside en Sant Cugat del Vallés, una pequeña ciudad a 15 kilómetros de Barcelona. 

¿A qué te dedicás actualmente en relación a tu oficio de pintor?

Durante todos estos años he estado enfrascado en una incansable búsqueda que ha culminado en un feliz encuentro con una forma de pintar más personal y que me da mucha mayor libertad creativa. He logrado describir la expresividad de la figura humana concentrando toda la fuerza en el gesto, prescindiendo de los elementos característicos de expresión como los ojos, las manos y la boca, sustituyéndolos con un juego equilibrado de volúmenes y formas que potencian el recogimiento espiritual. 

¿Cuáles han sido los obstáculos más difíciles que has tenido que superar en el extranjero?

Soy una persona que intento ver siempre la vida desde su lado positivo. Y en este caso, creo que en España, más que encontrar obstáculos difíciles, encontré un abanico amplio de oportunidades. Encontré museos, galerías, variedad bibliográfica sobre arte, materiales de alta calidad, gente que creyó en mí y me apoyó incondicionalmente desde el primer día, y un ambiente cultural y artístico de muy alto nivel que estimuló y puso en marcha mi capacidad de aprendizaje y autoexigencia. 
Alejarnos de nuestra zona de confort siempre tiene sus momentos difíciles, pero si se tienen los objetivos claros y se cuenta con el apoyo de las personas de nuestro entorno, cualquier obstáculo se supera y nos da la posibilidad de crecer y desarrollarnos integralmente.

¿Cuál ha sido tu mayor éxito?

No sé si será mi mayor éxito, pero el momento más feliz de mi vida artística fue el día que negocié mi primera exposición en una galería profesional y muy conocida de Barcelona. Cuando Jean Paul Perrier, director de la Chagall Gallery, me citó en su despacho en El Paseo de Gracia, arteria económica, social y cultural de la ciudad y acordamos todos los detalles, salí de aquel sitio flotando de felicidad. 
No me podía creer que yo estuviera a punto de exponer mi juvenil ópera prima en un sitio de tanto nivel. Después, han venido muchas otras exposiciones en diferentes partes del mundo y en sitios de diferentes categorías pero, como la sensación  de felicidad y éxito experimentada en aquella primera exposición no ha habido nada que la supere.

Tiempo transcurriendo

Dentro de los motivos de tu obra, ¿qué tan recurrente es el tema de Nicaragua?

Nicaragua para mí es el tema. La base y todo el andamiaje sentimental de mi vida están construidos en Nicaragua. Como diría Serrat “llevo su luz y su olor por donde quiera que vaya”. Los colores, las formas, la luz intensa, la poética que intento reflejar en mis cuadros tiene a Nicaragua como su centro motivador. 
La mayoría de mis cuadros han tenido su génesis en mis vivencias nicaragüenses evocadas desde la distancia y el tiempo, creo que esto les da la fuerza lírica y la belleza que en ellas hay. Pinto desde el corazón, es decir que, aunque lejos, siempre lo hago desde la orilla del río Tipitapa y “bajo el nicaragüense sol de encendidos oros.”

¿Qué relación existe entre tu obra pictórica y la poesía?

Como le pasa a casi todo nicaragüense, la poesía escrita llegó a mí mucho antes que la pintura y que cualquier otro arte, y me enseñó a desarrollar la capacidad de mirar las cosas de otra manera. Si yo no hubiera leído poesía, a lo mejor me hubiera quedado pintando a la manera que lo hacían nuestros viejos, plasmando la realidad tal como se les presentaba. Pero gracias a los poetas, aprendí que las nubes no son el fenómeno atmosférico que representan, sino aves cisternas  blancas en constante migración buscando apagar la sed de paisajes sedientos. 

Así que, desde el primer día que me puse frente al lienzo en blanco intenté que el resultado final de mi trabajo fuera una simbiosis entre el mundo real y mi mundo interior, y que la gente que apreciara mis cuadros,  encontrara en ellos elementos sutiles que les provocaran emociones y sensaciones positivas  que enriquecieran su espíritu.

¿Cómo fue el proceso de selección de poemas y creación de gráficos para el libro Siempre nos quedará la poesía?

Como te decía, cuando asumí la pintura lo hice a partir de la necesidad de expresar mi visión propia del mundo con un lenguaje plástico-poético que no solo recreara la vista, sino, que fuera más allá y motivara sentimientos y sensaciones en quien la observara. 

"La inspiración del pintor la puede provocar un aroma o un sonido del pasado o el encuentro con alguna escena de la realidad que lo incita a intentar transformar aquello con sus pinceles", José Aragón.

Casi siempre que termino un cuadro, hago el ejercicio mental de imaginarlo como ilustración de algún poema,  y  si mi mente  logra  situarlo  en  ese  contexto, me  doy  por  satisfecho, porque sé que la persona que observa logrará desentrañar el mensaje a la hora de ponerse frente a mi cuadro. En ese sentido, siempre que hago alguna exposición me gusta acompañar cada cuadro con poemas de autores  nicaragüenses con los que siento que mi pintura coincide, y así fue cómo surgió la idea de hacer el libro. 

La selección de los poemas no fue difícil, ya que casi todos son poemas que yo había leído y memorizado desde siempre y que se complementaban a la perfección con los cuadros que yo había pintado. El libro Siempre nos quedará la Poesía fue para mí la confirmación de que todas las artes, si se hacen desde el yo más auténtico, terminan coincidiendo en el mensaje.

¿Cuáles han sido tus influencias artísticas nicaragüenses e internacionales?

Antes comentaba que soy un pintor de vocación, autodidacta. He aprendido observando y estudiando deslumbrado las obras de grandes artistas de todo el mundo y de diferentes disciplinas y corrientes pictóricas. Diego Rivera me fascinó por su gran capacidad narrativa, David Alfaro Siqueiros me asombró con su descomunal fuerza expresiva, de Rufino Tamayo  y de Roberto Matta envidié la poética de sus colores, de Picasso, su dibujo y su valentía innovadora, Marc Chagall me hipnotizó con su vibrante colorido y la expresividad de sus figuras, del escultor catalán Josep Clará me fascinó la sensualidad de sus voluptuosos desnudos femeninos, otro catalán que me maravilló con sus esculturas cóncavas y de hondo misticismo fue el genial Josep María Subirachs. Amo a Armando Morales por ser en la pintura aquello que José Coronel Urtecho dijo de Darío en la poesía, “un paisano inevitable”, un artista genial que nos heredó una extensa obra innovadora y de profunda raíz latinoamericana y que se merece una mayor difusión entre n
uestra sociedad. También fui un seguidor entusiasta del gran Leoncio Sáenz por su original forma de representar las figuras y por su maravilloso e inconfundible dibujo.

¿Qué expresa la pintura que no dice la fotografía?

La pintura tiene un proceso creativo que parte desde el interior del artista hasta desarrollar una imagen plástica o pictórica que, antes de ese proceso, no existía. La inspiración del pintor la puede provocar un aroma o un sonido del pasado o el encuentro con alguna escena de la realidad que lo incita a intentar transformar aquello con sus pinceles, aportando algo radicalmente nuevo y diferente. 

Sin embrago, la fotografía es un arte que parte de una realidad ya existente, sublimada por el ojo del fotógrafo que, a través de un encuadre adecuado, logra captar la esencia y la poética del momento y de la situación retratada.  La fotografía, al ser un arte más documental, intenta una narración más fiel de la realidad y el mundo, en cambio,  la pintura tiene la libertad de recrearlo, por eso, cuando apareció la fotografía, la pintura comenzó otros vuelos, porque los pintores, apartados de la responsabilidad que tenían de ser cronistas gráficos de su tiempo, se enfocaron en reinterpretar la realidad aportando nuevos lenguajes, nuevas visiones, nuevas formas  que dieron  como resultado imágenes novedosas y bellas que combinaban el mundo exterior con el mundo íntimo del pintor.

¿Cuál es tu mayor aspiración como artista?

Mi mayor aspiración como artista ha sido siempre  encontrar un lenguaje propio, que exprese la esencia de mi alma nicaragüense y que llegue diáfano e impactante a la retina y al espíritu de quien lo observe en cualquier parte del mundo. Desde el primer día he centrado en ese aspecto gran parte de mi lucha. 

Mi aspiración de todos los días es crear una obra de mayor calidad que represente con dignidad a mi país y transmita al mundo una imagen elevada, cultural y social que nuestra Nicaragua amada se merece. Me siento realizado cuando las autoridades de mi ciudad, de todos los colores políticos y de manera unánime,  reconocen mi esfuerzo y me creen digno de llamarme Hijo Dilecto de Tipitapa, o cuando me dicen que pese a la distancia mi trabajo ha ido calando poco a poco en la gente de mi país y que en algunas escuelas hay profesores que han tenido la iniciativa de dar a conocer y estudiar mi obra y trayectoria con sus alumnos. 

Aspiro a que un día mi trabajo sea parte importante y destacado del acervo cultural de mi nación.