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Todos los días desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde, el Centro de Formación Sociolaboral de Jóvenes y Adultos con Discapacidad ubicado en la ciudad de Diriamba abre sus puertas.

Las clases se imparten en ocho módulos, por ejemplo, se enseña a hacer manualidades como hamacas, piñatas, bolsas para regalos, bisutería, cocina y aseo personal.

“Una de las jovencitas padece parálisis cerebral y elabora collares sencillos. Con un hilo y una aguja va insertando el material y se guía con un dibujo que le damos, la otra jovencita es la más activa, ella elabora aretes, llaveros de todos los estilos y pulseras, es epiléptica y posee retardo al hablar y la otra que es una señora que  realiza collares sencillos y pulseras sencillas, ella tiene problemas de discapacidad intelectual, pero todas poco a poco han logrado un nivel de aprendizaje”, dijo Urania Aguirre.

Por su parte, la facilitadora Gema Arévalo ayuda a cinco jóvenes con autismo y les enseña la elaboración de tarjetas, separadores y bolsas para regalos, todo con material reciclado.

Isabel Medina Gómez, colaboradora de la Asociación por un Mundo Solidario, que se encargada de buscar todas las ayudas necesarias que sirvan de apoyo en el centro, afirma que  “los jóvenes y adultos con discapacidades deben ser autónomos para que puedan insertarse en el mundo laboral, se les enseñan las normas, los horarios, cómo se deben vestir y comportar, sin embargo, la lucha no solo es con ellos, sino con sus familiares, porque existe mucha sobreprotección, entonces tratamos de enseñarles a los padre o familiares que ellos no son eternos y que los jóvenes necesitan valerse por ellos mismos”, alegó Medina.

Sueños casi inalcanzables

Pese a su condición de parálisis cerebral, Yohana del Socorro Olivares ha logrado coronar una carrera técnica en secretariado, también estudió inglés y computación.

Olivares usa una silla de ruedas, pues no tienen movilidad en sus pies, al igual que en su mano izquierda.

“Tengo 30 años de edad y 15 de asistir a este centro, mi sueño siempre ha sido trabajar como secretaria, pero no ha sido posible y no lo será, aquí he aprendido a hacer muchas cosas, pero no he podido trabajar en ningún lado, esta es mi familia, me gusta estar aquí y aunque vivo con una prima que me quiere mucho, solo llego a dormir a su casa, luego que salgo de acá a las cinco me voy a otro lugar a hacer otras cosas”, explica.

De los 50 estudiantes con discapacidad, solamente dos han logrado ser empleados en el área de limpieza en empresas distintas.

Isabel Medina resalta que una ley manda a emplear a las personas con discapacidades y prestar todas las condiciones, pero no se cumple a cabalidad.

“Muchos piensan que no pueden desempeñarse (bien) por ser discapacitados, pero es solo el pensamiento de la sociedad, ellos sí pueden lograrlo con paciencia, dedicación y amor, solo es falta de que todos nos pongamos en sus lugares”, concretó la facilitadora.

Una casa propia

Para Luis López el obtener un terreno para construir una casa es un sueño que año con año se llena con falsas esperanzas, pues ha tocado muchas puertas en distintas instituciones tanto privadas como comunales, pero ninguna se abre.

Con mucha dificultad para expresarse, López cuenta que en el centro le enseñaron a contar y a diferenciar las monedas y billetes, reto que logró muy rápido pese a que su cerebro está paralizado en un 55 por ciento.

“Yo tengo 2,000 dólares ahorrados para mi casa, pero no tengo el terreno, camino mucho todos los días y además alquilo un cuarto, yo soy solo porque mis padres fallecieron hace mucho tiempo, trabajo y me gano mis realitos, ya sé contar y nadie me da vuelta con los billetes y las monedas”, dice López.

Tienen un área de reciclado

INSERCIÓN • Hace dos meses construyeron un área de reciclado de plástico en el centro educativo especial, los materiales se venden a una empresa en la capital. Recogen papel o cartón, botellas plásticas de todo tamaño, materiales para hacer piñatas y todo lo que se pueda reciclar.

Los adultos con discapacidad recogen también botellas y las llevan al centro, de la venta obtienen una ganancia, mientras del dinero recaudado de las ventas de las piñatas, hamacas, bisutería y bolsas de regalos, se ocupa la mayor parte para la alimentación de los 50 estudiantes, pero los estudiantes también reciben un pago por cada producto hecho y vendido.

“Los gastos son grandes, tenemos que tocar muchas puertas para proporcionar el material a cada taller y el pago de las 12 personas que laboran en el centro, pero ellos han logrado mucho en este lugar, donde se ofrece atención médica, medicinas, ropa, utensilios personales, entre otras cosas, además se brinda atención psicológica que les ayuda mucho a comprender el porqué ellos son especiales”, explicó Isabel Medina.