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Será hasta el 28 de febrero del año 2047 que los cinco condenados a 30 años de prisión  por el asesinato de Vilma Trujillo García podrán recuperar su libertad.

Los sentenciados a la pena máxima por el crimen son: Juan Rocha Romero y sus hermanos Pedro y Tomasa, además de Franklin Jarquín Hernández y Esneyda Orozco Téllez. El primero era pastor de la iglesia donde lanzaron a la víctima en una hoguera.

Quedarán debiendo

Los hermanos  Juan, Tomasa y  Pedro Rocha Romero junto con Franklin Jarquín Hernández fueron sentenciados además a seis años de prisión por secuestro simple en perjuicio de Vilma Trujillo.

El juez Quinto Distrito Penal de Juicio de la capital, Alfredo Silva Chamorro, explicó que en el caso de estos cuatro condenados por secuestro simple la condena fue adecuada a la Constitución donde se establece que nadie puede estar en prisión más de 30 años.

Los cuatro sentenciados por secuestro simple también deberán pagar una multa de C$15,600 cada uno que equivale a 300 días del salario mínimo del sector industrial, que para el pasado 21 de febrero era de 52 córdobas el día.

Varios agravantes

En la sentencia el juez Alfredo Silva Chamorro señala como agravante contra los acusados el ensañamiento y la alevosía con que actuaron cuando lanzaron a la víctima al fuego porque supuestamente estaba poseída por el demonio.

“Los acusados dejaron a la víctima (Vilma Trujillo) en total indefensión al atarla (de pies y manos) y luego lanzarla al fuego”, subraya el juez Alfredo Silva en la resolución de primera instancia.

Seguidamente el juez manifiesta que Vilma Trujillo al ser lanzada al fuego fue sometida a un “dolor inmenso” que le causaron las quemaduras, agregando que las quemaduras que aguantó la  víctima “es uno de los mayores sufrimientos que ningún ser humano quisiera sufrir”.

Otro agravante que el juez tomó en cuenta para imponer la pena máxima a los cinco sentenciados por el asesinato de Vilma Trujillo es la confianza que la mujer lanzada al fuego les tenía.

Esto porque Juan Rocha Romero era el pastor de la iglesia evangélica donde la víctima (Vilma Trujillo) se congregaba y los otros sentenciados pertenecían a la misma comunidad religiosa.

Al establecer la agravante por el secuestro simple el judicial señala la superioridad numérica (cuatro contra uno) de los acusados en relación a Vilma García, quien no pudo oponer resistencia al ser obligada a permanecer en las afueras del templo atada de un árbol.

Isidro Trujillo, abogado defensor de Esneyda Orozco Téllez,  dijo que apelará a la sentencia condenatoria por considerarla excesiva, agregando que el judicial no tomó en cuenta las atenuantes a favor de su representada.