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Mirando sus fotografías reconoció que no era normal para su edad pesar 240 libras. Rosie Arévalo tenía entonces 14 años. “Mis compañeros de escuela eran muy crueles, me decían bola de grasa y un sinnúmero de sobrenombres que me afectaba”, recuerda ahora que tiene 21.

Habló con sus padres, quienes en ese entonces no pensaban que su obesidad era un problema. “Creo que en ese tiempo afectó la inestabilidad emocional de mi hogar y me refugié en la comida. Pensaban que cuando creciera adelgazaría, pero yo decidí hacer el cambio”, revela.

Acudió a un nutricionista y un médico le recomendó realizarse una manga gástrica, pues sufría de obesidad mórbida. Ahora la joven originaria de Jinotepe reconoce que ese cambio era necesario en su vida.

Casi 50% de nicas con sobrepeso, según la FAO

La manga gástrica, también conocida como baipás, es un procedimiento quirúrgico que remueve una parte del estómago. Con esta operación Arévalo bajó 50 libras, pero también comenzó a ejercitarse y actualmente pesa 145 libras.

“El proceso de aceptación es largo y logré olvidar esas ofensas, así que no le guardo rencor a nadie”, confiesa. Esta joven señala que su mayor estrategia ha sido comer de forma inteligente, es decir, “consumo lo que mi cuerpo necesita”.

Adiós comida chatarra

Denis Blandón Martínez, de 20 años, harto de las burlas y su baja autoestima buscó ayuda. Su peso era de 228 libras hace un año y acudió a los ejercicios de alta intensidad para transformar su vida.

No solo eso ayudó, sino también dejó sus malos hábitos alimenticios. “Hace seis meses comencé a cambiar y lo hice por salud, también por verme mejor en todos los aspectos. Yo practico crossfit, pero antes busqué ayuda de expertos que me dieron una dieta balanceada”, menciona.

A su dieta le sumó algunos productos quemadores de grasa, pero reconoce que la comida de antes era el factor letal. “Mi alimentación era de lo peor, consumía comida chatarra en grandes cantidades. Sin embargo, hoy en día ha cambiado radicalmente, pues mi dieta está compuesta por alimentos sanos y estoy pesando 180 libras”, apunta Martínez.

La nutricionista Gema Lacayo recomienda a los padres educar a los niños para que tengan buenos hábitos alimenticios, pues será un comportamiento que los acompañará toda la vida. “Logrando esto se contribuye a corto o largo plazo a mejorar las condiciones alimentarias de la población”.

Lacayo aclaró que la llamada lonchera escolar es un complemento del desayuno, “nunca un sustituto”. “Esta lonchera debe contener alimentos que comúnmente no incluimos en el desayuno, así que es necesario que siempre lleven agua, jugo de frutas, jamás lácteos, frutas y vegetales; esto también lo pueden hacer los adultos”.

¿Qué factores influyen?

La obesidad es una enfermedad crónica en la que influyen muchos factores. El especialista en endocrinología y nutrición Mario Enrique Vega Carbó señala que puede ocasionarse desde el embarazo, pues muchas veces cuando no es planificado, eso trae como consecuencias el peso bajo al nacer.

“Cuando una adolescente se embaraza por lo general está delgada, no han madurado sus órganos vitales y en muchas ocasiones tampoco tiene para mantener los 9 meses de cuidado y nutrición, así que eso trae como consecuencia la anemia, infecciones urinarias y poca ganancia de peso, unos 3,000 gramos aproximadamente”, explica.

Del otro extremo están las mujeres con más edad, “que al momento de concebir un embarazo algunas tienen obesidad y eso hace que el feto tenga 4,000 gramos más o niños con exceso de peso. Ambos factores constituyen factores de riesgo para desarrollar obesidad en la adolescencia y la juventud”, detalla.

Otro comportamiento que influye y menciona el informe de 2016 Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe, que desarrollaron la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), ha sido el cambio en los patrones alimentarios.

La OMS advierte de publicidad digital para niños de alimentos poco saludables

El crecimiento económico, el aumento de la urbanización, los ingresos medios de las personas y la integración de la región en los mercados internacionales han reducido el consumo de preparaciones tradicionales y han aumentado el consumo de productos ultraprocesados, un problema que afecta con mayor fuerza a las zonas y países que son importadores netos de alimentos, revela el informe.

Vega Carbó señala que en muchas familias se sustituye la leche materna por refrescos. “Cuando empiezas a introducir en vez de lactancia materna el refresco, ya estás comenzando a dar alimentos hipercalóricos, vacíos de vitaminas, minerales y cero proteínas, esa combinación nos hace tener unos niños en su primer infancia que llegan a la escuela con un déficit nutricional en lo que es la calidad y mucha veces ya con exceso de peso. Hoy en día las familias y sociedad estimulan que nuestros hijos estén gorditos”, apunta.

Por otra parte, la falta de ejercicios en los jóvenes y la misma familia favorecen el desarrollo de la obesidad. “En resumen, tenemos comidas hipercalóricas, falta de ejercicios físicos y otras consecuencias que son trastornos metabólicos generados por este mismo problema y trastornos hormonales”, insistió.

Consecuencias

Las consecuencias directas de una personas con sobrepeso, según el endocrinólogo, son la grasa en el hígado (causa número uno de la cirrosis hepática), hepatitis crónicas, enfermedades cardiovasculares, ácido úrico, afectación a la fertilidad (tanto en hombres como mujeres), hipertensión, presión alta, colesterol, entre otros padecimientos.

¿Qué hacer?

Para hacer frente a esta situación, la FAO y la OPS llaman a promover sistemas alimentarios saludables y sostenibles que liguen agricultura, alimentación, nutrición y salud. Para ello, se debe fomentar la producción de alimentos frescos, seguros y nutritivos, asegurando su oferta, diversidad y el acceso a los mismos, especialmente para los sectores más vulnerables. Esto debe ser complementado con educación nutricional y advertencias para los consumidores sobre la composición nutricional de alimentos altos en azúcar, grasas y sal.

Sobrepeso en adolescentes y jóvenes

Según un reportaje publicado por el portal alemán Spiegel Online, el porcentaje de sobrepeso en Nicaragua equivale a 23.4% de mujeres y 14.8% de hombres menores de 20 años.
Mientras el informe de 2016 Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe, que desarrollaron la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la obesidad y el sobrepeso han aumentado en esta región con un impacto mayor en las mujeres y una tendencia al alza en niños y niñas.

Obesidad, enfermedad crónica

El documento señala que cerca del 58% de los habitantes de América Latina vive con sobrepeso (360 millones de personas). Salvo en Haití (38.5%), Paraguay (48.5%) y Nicaragua (49.4%), el sobrepeso afecta a más de la mitad de la población de todos los países de la región, siendo Chile (63%), México (64%) y Bahamas (69%) los que presentan las tasas más elevadas.