• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

El monte y el lodo de las lluvias aterraron las trincheras que el general Sandino tenía casi en la cima del imponente cerro El Chipote, ubicado en Quilalí, Nueva Segovia, donde funcionaba el cuartel general del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional que él comandaba.

Durante los primeros años de la lucha contra los marines estadounidenses, la ubicación del cuartel general fue el secreto mejor guardado en toda Nicaragua. Cuando lo descubrieron, fue objeto de un tenaz asedio y testigo de una de las batallas más grandes durante la guerra antiintervencionista.

De aquel mítico campamento solo quedan algunos promontorios, junto a soterrados huecos cubiertos de maleza frente a un campo de labranza abierto entre el bosque, a más de 800 metros de altura y a solo unos siete kilómetros de Quilalí. Felipe Duarte con su hijo.

Felipe Duarte, un campesino de 50 años, vive en La Garita, la comunidad donde está ubicado El Chipote.

Muralistas resguardan la historia de la combativa ciudad de Estelí

“Mi bisabuelo conoció a Sandino porque él estuvo aquí antes de que Sandino llegara a instalarse en estas montañas”, asegura Felipe, cuya casa está distante unos 400 metros arriba de donde fue el campamento guerrillero.

Cuenta Duarte que tenía unos 10 años cuando él conoció a Calixto Tercero, un veterano y anciano combatiente del ejército de Sandino, quien le contaba historias de sus andanzas al lado del general.

Sandino con Blanca Aráuz en el parque central de San Rafael Del Norte.A mediados de la década de los 80, con casi 70 años, Calixto fue asesinado por la contrarrevolución durante un ataque a un colectivo al que pertenecía.

“Son como 20 trincheras las que hay en ese campamento, un día las conté, porque yo paso diario por ese lugar a ver unos frijoles y maíz que tengo sembrados allí abajito de esas zanjas”, relata Felipe Duarte.

La casa de Felipe es la que está más cerca del antiguo campamento. Él recuerda que su bisabuelo le contaba que, como todos los comunitarios, cuando se dio la guerra salieron huyendo.

Parlamento rinde homenaje a Sandino

La historia

NICARAGUA • A finales de enero de 1928 el campamento fue finalmente tomado por los marines y la guardia.

Fueron más de nueve meses de sitio, con lento avances y constantes escaramuzas, pero cada día cerrando el cerco con miles de soldados yanquis y guardias del gobierno de Adolfo Díaz al servicio de estos.

Los marines ametrallaban y lanzaban bombas desde sus aviones, y Sandino desde arriba catapultaba bombas de dinamita con charneles y con sus rifles “con con” y algunos Springfield capturados a los mismos agresores del norte. Bajaron varios aviones que, aunque no causaban mucho daño a las bien atrincheradas tropas sandinistas, mataron decenas de vacas y caballos de los corrales, creando un ambiente insoportable por la descomposición de estos animales, lo que al fin lo motivó a abandonar el cuartel general.

Sandino visto por su hermano

Años después de finalizada la guerra, el propio Sandino le contó a José Román, autor del libro “Maldito País”, quien lo entrevistó entre febrero y marzo de 1933 en este campamento, los detalles de esta épica batalla. El  diario El Comercio informa sobre la lucha de Sandino.

“La situación de El Chipote se agravaba día a día por la mortandad de animales que había hecho la vida insoportable debido a la descomposición de los cadáveres y la fetidez nauseabunda, y aunque hervíamos el agua, tuve miedo de una epidemia. Los zopilotes y buitres tupían el espacio, al grado que una vez los ametrallamos, confundiéndolos con aviones. Nuestra vida, pues, se dificultaba con cada día que pasaba y aunque continuábamos emboscando y peleando ferozmente, por las razones de higiene ya mencionadas, decidí abandonar nuestro invicto Chipote”.

Continúa narrando: “Con anticipación fabricamos muñecos de zacate vestidos con nuestra ropa y sombreros de los que usaba nuestro ejército y armados de rifle de madera los habíamos colocado en lugares adecuados y visibles, y aún reemplazábamos a los ‘muertos’. Una noche sin luna, sigilosamente abandonamos en masa nuestro maternal Chipote. Fue una operación tan bien ejecutada que por varios días continuaron sus ataques los aviones, arrasando aquel sitio y kilómetros y kilómetros en sus alrededores, donde ya nadie quedaba. Al fin se dieron cuenta de nuestra estratagema y cuando trataron de perseguirnos, no sospechaban donde podríamos estar. Estábamos muy lejos, donde apenas divisábamos la cabeza de El Chipote con su chambergo de nubes”.

¡“Maldito país”, un retrato de Sandino!​