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Al escuchar el anuncio de sus nombres a través de la transmisión que seguían vía internet, Alex Santiago Ramírez y Octavio José Sanabria sintieron la alegría más grande que hasta ahora han experimentado en sus jóvenes vidas. Gritos, abrazos, risas y agradecimientos a Dios formaron parte del jolgorio, luego vino la foto junto a su tutora.

La emoción no era para menos, ellos, junto a otros tres universitarios estadounidenses habían sido galardonados con el segundo lugar del premio mundial de innovación Wege que entrega la fundación del mismo nombre y que dotó a su proyecto de un premio de US$10,000.

“La emoción que experimenté mientras seguíamos la transmisión de la premiación fue similar a la que podría sentir si disputara los últimos minutos de una final de campeonato con el juego empatado y marcase el gol definitorio, fue muy emocionante”, expresó Ramírez, nacido en Jalapa, Nueva Segovia, hace 23 años.

Sanabria por su parte comenta que una vez que se repuso de la emoción, comenzó a recordar las fases previas del proyecto, las largas caminatas hacia la montaña y las horas dedicadas a la investigación.

“Cuando clasificamos a los cinco finalistas me decía a mí mismo hasta aquí es un logro que hayamos llegado, luego que nombraron al tercer lugar me dije vamos a ganar el primero, pero aunque no lo hayamos obtenido, el quedar de segundos fue un gran logro para Nicaragua”, comentó Sanabria, originario de Estelí y con 20 años.

La intervención

Ramírez y Sanabria, ediantes de ingeniería ambiental y de energía renovable, respectivamente, se habían cruzado algunas veces por los pasillos de la Facultad Regional Multidisciplinaria Farem- UNAstuN, de la norteña ciudad de Estelí, sin embargo no habían interactuado nunca, no obstante por su desempeño académico sus docentes los consideraron candidatos ideales para desarrollar un proyecto de investigación en conjunto con estudiantes de la Universidad de Kendall College of Art and Desing.

“Hay un profesor de la universidad de Kendall llamado Paul Line que estuvo en Nicaragua, él conoce a la mentora de nuestro proyecto, la doctora Beverly Castillo. Él le mencionó sobre la existencia de este concurso y le planteó la idea de que un equipo de Centroamérica pudiera participar, en total se establecieron tres estudiantes de Kendall y dos de Nicaragua”, dijo Ramírez.

La investigación que realizarían estaría enfocada en la preocupación nacional por la escasez de agua y tendría como punto de intervención la Reserva Silvestre de Miraflor, sin embargo una vez iniciada la tarea descubrieron que no existía falta de agua en el lugar, sino más bien desaprovechamiento y contaminación, especialmente durante el proceso de producción de café.

Según los jóvenes, en la reserva existe ineficacia en la gestión de residuos, ya que los agricultores suelen lanzar el agua que emplean para lavar el café a los mantos acuíferos, lo que provoca contaminación en las zonas más bajas de la reserva.

Ambos universitarios explican que se requiere de 11 litros de agua para lavar una sola libra de café. En promedio un pequeño productor levanta 200 libras de café, por lo que requieren aproximadamente de 2,200 litros de agua, sin embargo cuando los granos son lavados arrojan una capa de mucílago que contamina el agua, a esto se le conoce como aguas mielas, la cual es muy ácida, y era esa agua ácida la que se estaba lanzando hacia el suelo y los mantos acuíferos en la zona alta de la reserva.

“Vimos que en el cultivo de café había mucha contaminación y mucho desperdicio de agua. Entonces lo que buscamos fue idear una alternativa para evitar seguir contaminando y botando el desecho de la pulpa”, mencionó Sanabria.

“Fue así que decidimos rediseñar el proceso de producción de café para eliminar el desperdicio, fomentando buenas prácticas agrícolas con la reutilización de los recursos y convirtiéndolos en subproductos que sirvieran como fuente de ingresos adicionales para los productores”, agrega Ramírez.

“Entonces pensamos en automatizar el beneficio húmedo y el beneficio seco que es la idea que tenemos y sacar dos subproductos: té a base de pulpa y condimentos, y del agua miela, al mezclarla con otros materiales como almidón y glicerina, se vuelve biodegradable”, dijo Sanabria.

Por su parte Ramírez explica que al combinar el agua miela con estos dos productos se lleva a una ebullición de cien grados y que al enfriarse se torna una sustancia plástica que se puede destinar para envasar productos libre de polímeros.

Té a base de pulpa de café

Otro de los productos ideados por los innovadores fue la creación de té elaborado a base de pulpa de café, el único uso que los productores daban a la pulpa de café era para crear abono orgánico al mezclarlo con la tierra, sin embargo “nosotros por medio de estudios químicos vimos que por el PH registrado por la pulpa se podía aprovechar para hacer otros productos, tales como el té y condimentos”, dijo Sanabria.

“Entonces aparte de hacer un reuso de los ‘desechos’ del café, se ha propuesto crear subproductos que al pequeño cafetalero le dé ingresos adicionales a través de las buenas prácticas agrícolas”, mencionó Ramírez.

Los jóvenes sostienen que su idea puede ser replicada en otras zonas productoras de café del país que puedan poner en práctica esta manera de cultivar el café de manera amigable con el medioambiente.

Finalmente, los jóvenes afirman que en los próximos días tendrán una reunión con los otros tres integrantes del equipo: Enrique Andrade, Ian Culver y Taylor Axfford, todos de Kendall College, para decidir el próximo paso a seguir con la empresa innovadora.