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Los habitantes de la ribera del río el Cacao, en Jinotega, cuyas aguas pasan por la planta eléctrica Centroamérica, fueron sorprendidos cuando se dirigieron al río a lavar ropa y otros a sus labores cotidianas debido a que miles de peces estaban muertos.

Según los pobladores, los peces pudieron haber sido envenenados. Este río abastece a las comunidades el Quebrachal, Cacao abajo hasta llegar cerca de planta Santa Bárbara, donde los productores utilizan el agua para el ganado.

Debido a la situación, se organizó una comisión formada por el Marena, el Minsa, el Ejército de Nicaragua y autoridades municipales, los que se trasladarán al lugar del crimen ambiental.