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Talpetate, Buena Espereza, El Trapichon y el puente Walter Pentzke son los cuatro puntos de más alto riesgo, de los 36 lugares identificados como vulnerables en el municipio de Chinandega.

La municipalidad de Chinandega, dos meses atrás, realizó una serie de actividades de limpieza pública en parques, cementerios, mercados y cauces, para evitar el estancamiento de las aguas, ahora que se instale el invierno.

“En cada lluvia se puede observar las grandes correntadas que bajan de los cerros y que dejan incomunicado a los caseríos por espacio de una hora después que pasa el aguacero”, dijo Martha María Moreno, habitante de la comunidad de La Grecia No. 4.

Leyla Núñez vivió esas incomodidades durante el invierno. Las obras civiles de 100 metros en el sector de Buena Esperanza han disminuido la entrada de agua en los patios de 50 familias, donde habita la familia de esta mujer que en nombre de su comunidad pidió esos trabajos de mitigación. 

La comunidad de Buena Esperanza, ubicada a 20 kilómetros de Chinandega, es otro de los cuatro puntos críticos que identificaron las autoridades municipales, porque es la comarca que recibe las aguas del cerro El Chonco.

“La correntada que baja de los volcanes Chonco y San Cristóbal afecta comunidades como La Joya, El Piloto, Buena Esperanza, en la parte oriental y la comarca San Benito, en la zona sur del municipio, caseríos que quedan incomunicados por las aguas que bajan e inundan patios y viviendas”, dijo Pablo Pérez, habitante de esa zona.

Existen otros puntos de la ciudad, como la ribera del río Acome, la orilla del cauce detrás de la vieja estación del ferrocarril, lotes donde se fueron a vivir familias que no tienen dónde vivir.

“Esta gente se autoevacua. Esta gente vive en peligro en la etapa del invierno. A muchos de ellos se les ubicó en otros sitios y los venden para luego regresar. Otros realmente no tienen dónde vivir”, dijo el vicealcalde Ángel Ortega, quien considera que ellos no ignoran que están en riesgo, porque sus aparatos eléctricos, provisiones y ropa, están colocadas a un metro de altura y salen cuando el agua les llega al ojo del pie.

“Ellos se ubicaron en el desagüe de Chinandega, donde coinciden la mayoría de las aguas pluviales y tienen una actitud temeraria”, dijo Milton Martínez, vecino de ese sector.