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A Lila María Barquero le dicen “Jackie Chan” en la escuela. El apodo le causa gracia porque sabe que es, aunque de una forma un poco tosca, una manera de reconocer su talento. La joven de quince años es karateca desde 2012, y recientemente pasó a formar parte de la Selección Nicaragüense de Karate-do.

“Al comienzo no me gustaba porque me daba miedo”, confiesa Lila María, vistiendo su característico uniforme blanco. Entró a la Escuela de Karate-do en Altagracia por influencia de unas amigas, y asegura que la adrenalina del deporte la hizo interesarse más. Tanto fue el interés, que ahora porta un cinturón marrón avanzado, solo un nivel inferior al cinturón negro, el de mayor nivel en los deportes marciales. 

Alisson García, de 12 años, practica técnicas de karate con Lila María Barquero, de 15.

Una vez que le agarró el gusto al deporte se dio cuenta de que practicar karate no solo le acercaba a sus amigas y le hacía sentir orgullosa por las medallas que había ganado, también reparó en que había aprendido a defenderse.   

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“Ahorita  hay mucha violencia y a las niñas se les tiene que enseñar autodefensa”, comenta la mamá de Lila, Mercedes Herrera, quien acompaña a su hija a la mayoría de entrenamientos y torneos nacionales a los que asiste.  El último de ellos fue el Segundo Campeonato Nacional Femenino, en el que la escuela ganadora fue la de Altagracia. Lila María ganó una medalla de oro, pero otras seis de sus compañeras obtuvieron en total 14 medallas de oro, plata y bronce. 

Autodefensa

Allison García, de 12 años, medallista de plata en el último campeonato, también valora el beneficio de la autodefensa. Aunque nunca ha tenido que usar las técnicas marciales para defenderse de nadie, afirma que ya tiene pensado qué movimientos usar si alguien la atacara: “Una patada allí (en la entrepierna) y un puñetazo en la cara”, después emprendería la huida. Si bien, las niñas de la escuela de Altagracia tienen todas las técnicas para combatir ante cualquier atacante, ellas no lo utilizan como parte de su día a día. Para el sensei o maestro de la escuela, José Luis Zamora, el karate no fomenta la violencia.  “Defenderse de un agresor no es ser violento, aquí les enseñamos que el uso de la fuerza es el último recurso a utilizar”, asevera el sensei, quien entrena a las niñas “para hacerlas más fuertes, más seguras y evitar las peleas”. Este fue el principio que siguió Izayana Hernández, de nueve años y también karateca de Altagracia, cuando un grupo de niños en su escuela le hacían bullying y la golpeaban
De lunes a viernes se reúnen para entrenar.

Después de decirle varias veces a su maestra, sin que le brindara ninguna solución al respecto, decidió actuar. “Yo no soy pleitista en la escuela”, enfatiza, y luego cuenta cómo fue la última vez que uno de los niños la molestó.

“Le pegué un golpe en el ojo y él se puso a llorar. Me había sacado el aire y jalado el pelo”, dice la niña, quien ya tiene un año de practicar karate y porta un cinturón naranja.  

Beneficios

Izayana asevera que  practicar karate es importante para que las niñas se defiendan, “como yo lo hago”.  Con ello concuerda el padre de Lila María, Armando Barquero, y agrega que el karate genera disciplina en las niñas y les ayuda a “ordenar su vida”.  “Aprenden a tener más seguridad en ellas mismas, aprenden a que pueden hacer diferentes técnicas, el autoestima se les aumenta, se vuelven menos tímidas”, añade Zamora. El sensei de Altagracia también opina que es importante el sentido familiar y la unión que hay en la escuela. “Aquí todos somos amigos, aquí todos nos mantenemos juntos”, comenta Allison, quien ya tiene cinco años de practicar karate. 

El cambio

Lila María sigue asistiendo dos horas diarias a las clases de la escuela en que aprendió las “katas” o formas, una sucesión de técnicas de defensa y ataque. 

Su máxima aspiración es llegar a los Juegos Olímpicos y convertirse en V Dan de cinta negra, un nivel en el que “solo hombres hay, así que yo voy a hacer el cambio”, asegura.