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El diagnóstico inicial del cáncer de ovario es muy difícil de dictar, puesto que es asintomático o presenta síntomas difusos al principio, asegura la gineconcóloga Luz Indiana Talavera, secretaria de la Asociación Nicaragüense de Oncología.

“Las pacientes pasan más o menos de seis meses hasta ocho meses sin diagnóstico, hay una pérdida de tiempo para hacerlo”, señala Talavera. END

El cáncer de ovario es el cuarto más común en las nicaragüenses, después del cáncer de cérvix, de mama y el uterino, y puede afectar a cualquier mujer, independiente de su edad, apunta la especialista.

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Según el Anuario Estadístico del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) de 2016, unas 25 mujeres ingresaron al programa de tratamiento oncológico de la institución, y cinco de ellas fallecieron el año pasado por esta causa.

QUISTES NO SON CÁNCER

Talavera subraya que los quistes no están relacionados con el cáncer de ovario. Estos tienen consistencia líquida y pueden ser provocados por causas hormonales, mientras que los tumores cancerígenos son sólidos y son provocados por el crecimiento de células anormales.

Cuando hay sospecha de la presencia de un tumor de un diámetro mayor a 6 centímetros en este órgano durante la exploración clínica es necesario intervenirlo quirúrgicamente, agrega la especialista.

Luego el tumor debe ser sometido a una biopsia para poder determinar el tratamiento que se le puede recomendar a la paciente, este corresponde a los resultados de la biopsia y a la necesidad de la mujer. 

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Normalmente, esta enfermedad es más fácil de tratar en las pacientes mayores de edad, aunque es más agresivo. “Porque les podemos quitar todo, la matriz, los ovarios. En cambio una joven de 18 años cuando le da un cáncer, le tenemos que mutilar la probabilidad de reproducir”, explica Talavera.

El “seguimiento estricto” después de la operación es esencial, debido a que existe una probabilidad alta de que el cáncer regrese en otro órgano. “Aunque ya esté operada para ver si no hay probabilidades de que el tumor vuelva”, concluye Talavera.