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Panamá exportaba plátano a diferentes mercados, pero un día los sindicatos se pelearon con los inversionistas y los sacaron. Ahora, están tratando de que vuelvan. La anécdota la cuenta Thomas Kenna, presidente de la Asociación de Cámaras de Comercio Americanas de Latinoamérica y el Caribe (AACCLA), que realiza en Managua el foro “El futuro de los negocios de las Américas”.

Las relaciones público-privadas, como la que se desarrolla en Nicaragua, “son importantes cuando existe la confianza”, dice Kenna, quien ve a este país con muchas riquezas, “todo lo que cualquier empresario inversionista quisiera”.

“Lo único que tienen que ofrecerles (a los empresarios) son las condiciones. Tienen riqueza, lo que tienen que ver es cómo mercadearla, venderla, lograr socios importantes, estratégicos, que les ayuden”, indica Kenna, quien en su país dirige la empresa de ferrocarriles Panama Canal Railway Company.

¿Qué hacen para integrar más a los sectores empresariales de la región?

AACCLA nace de la necesidad de unir criterios, unir fuerzas y tratar de ver cómo nuestros países, los países más pequeños especialmente, podemos lograr una integración entre nosotros para hacer un frente mejor a los mercados más grandes, que en este caso es Estados Unidos. Este evento (foro en Nicaragua) es un ejemplo. Venimos unos días antes, conocemos a empresarios locales, podemos palpar el sentir de la población, qué está pasando, cómo el gobierno está dando respuestas, qué necesitan los empresarios, qué desean los empresarios para invertir más. En todos los países el tema es similar, siempre se escuchan los tres pilares que es AACCLA: Seguridad jurídica, estado de derecho y transparencia. Como latino lo puedo decir, a veces en esos tres rubros no nos manejamos muy bien. Estamos en pañales todavía, tenemos que mejorar.

¿Cuál es la percepción sobre Nicaragua, desde AACLA?

Cuando nosotros vemos países como Nicaragua, que han sufrido cambios drásticos y que van en buen camino, lógicamente queremos darles la mano, ver cómo podemos ayudarlos a continuar por el buen camino. Vemos que aquí tienen grandes éxitos. Un sentir que se escucha mucho en las calles es: Estamos bien, pero tenemos miedo que nos vaya mal. Si nosotros escuchamos eso, tratamos de trabajar conjuntamente con el gobierno y decirle “oye, mira qué bien te ha ido, mira qué positivo te va, suelta un poquito aquí, ayuda un poquito más”. Y los temas siempre vienen a estado de derecho, seguridad jurídica. Te puede estar yendo bien ahora mismo, porque el que está de turno en alguna entidad del gobierno, te llevas bien con él o es simpático, pero eso puede cambiar. Entonces, ese es el miedo que tenemos nosotros en nuestros países, que de lo bien que te va, cómo puedes estar seguro que eso va a continuar. Ese es el reto que tenemos.

¿Qué éxitos ve en Nicaragua?

Número uno, seguridad. Este es un país seguro, que es una cosa muy extraña en nuestros países hoy en día. Han sabido controlar la seguridad, que es lo primordial para que alguien tenga interés en invertir. Número dos, han creado un clima de confianza con los empresarios; hay confianza, los locales se sienten a gusto invirtiendo. Claro, siempre existe esa preocupación de que guinda de un hilo, que algo puede cambiar de la noche a la mañana. Entonces, eso es lo que nosotros tenemos que cambiar. Si soy un inversionista de afuera, vengo a Nicaragua, quiero invertir y hablo con los empresarios que les ha ido bien, yo puedo pensar, “oye, les va bien porque son del patio”. Pero si yo vengo mañana y no tengo esas reglas claras y no tengo la seguridad, o invierto y hago un negocio muy exitoso y después viene alguien, le gustó mi negocio y lo pierdo porque no hay seguridad, ese es un ambiente que nos dificulta.

AACCLA afilia a más de 20 mil empresas del continente, de las más grandes, que en conjunto representan más del 80% de la inversión norteamericana en Latinoamérica.

¿Qué sugiere?

Nicaragua es como Panamá hace 30 años. Se parece físicamente, el calor de las personas, todo el mundo se conoce, yo me siento como que estoy viviendo mi juventud. Nos impresionan mucho las carreteras, las autopistas. Ustedes tienen muchos avances que envidiamos. Panamá es una de las economías que más crece en los últimos 10 años, pero nuestras carreteras no tienen esta calidad de las que tienen ustedes. Están haciendo las cosas bien. Falta, pero van por buen camino… En Panamá aprendimos que la empresa privada es la que nos va a levantar. Las bases militares se fueron, las de los norteamericanos, y entonces nos tuvimos que poner los pantalones largos. ¿Qué fue lo fundamental en Panamá? Seguridad jurídica, reglas claras, se hicieron privatizaciones, concesiones. El ferrocarril que yo manejo, fuimos invitados por el gobierno de Panamá, es una concesión a nivel de Estado. El Estado le dijo a este grupo de norteamericanos, “yo les doy esta oportunidad pero estas son las reglas”, y las reglas son tan buenas para mí como son para el gobierno. Así que son reglas, el gobierno nos ha dejado trabajar, nos ha dado la comodidad de sentir que yo me puedo dormir en las noches y despertar en las mañanas y voy a tener las mismas reglas del juego. Es lo que yo recomiendo a Nicaragua.

Este país está entrando en la etapa de las asociaciones público-privadas, para desarrollar proyectos. ¿Cómo lograr un buen desempeño en este campo?

Esas relaciones público privadas son importantes cuando existe la confianza. En Nicaragua tienen recursos, riquezas, tienen belleza; tienen todo lo que cualquier empresario inversionista quisiera. Lo único que tienen que ofrecerles son las condiciones. Tienen riqueza, lo que tienen que ver es cómo mercadearla, venderla, lograr socios importantes, estratégicos que les ayuden.

Después de Panamá, Nicaragua es el que más crece en Centroamérica. ¿Cómo ve el panorama de Centroamérica?

Todo lo que digo de positivo de Nicaragua, es en parte el problema que tenemos en otros lugares, la seguridad. En los países vecinos hay un problema de inseguridad enorme. Es difícil tener riqueza cuando estás preocupado porque te pueden matar en la calle. La seguridad es un tema muy importante.

Los acuerdos comerciales se hacen ahora a nivel de región. ¿Cómo aprovecharlos mejor?

Las claves son socios en los negocios. Nuestro mercado primordial es los Estados Unidos. Aquí hemos traído empresarios de Estados Unidos, ellos están buscando socios, el mercado de Estados Unidos está en un crecimiento muy importante. Los americanos tienen que tomar café, tienen que comer carne; para todo lo que ustedes tienen, hay que buscar socios. ¿Qué pasa con nosotros muchas veces? Tenemos todos los materiales necesarios, pero no tenemos la inversión, el empuje y alguien que nos abra las puertas. Pero esta persona tiene que sentirse cómoda, segura. En Panamá teníamos un mercado enorme del plátano, pero los sindicatos se pelearon con ellos, los sacaron, los largaron y ahora estamos tratando de traerlos de vuelta. Si tú no tienes seguridad, y no los invitas y no les haces sentir que son bienvenidos, difícilmente puedes desarrollar. Pero todo eso yo lo veo en Nicaragua, que ustedes están en la cúspide, hay muy buenas oportunidades aquí. Lo importante es que el mundo los vea, como que alguien va a venir aquí y las reglas son iguales para todos.

Algunos empresarios creen que el nuevo gobierno de Donald Trump está más interesado en otros continentes que en Latinoamérica. ¿Qué política económica esperarías de Trump?

Estoy muy optimista, es la era de Latinoamérica. Creo que de los Estados Unidos tenemos que separar lo que se escucha y lo que realmente hay detrás. Sí ha habido un sentir en Estados Unidos, de que hay ciertas reglas en ciertos lugares que no son justas, que no son claras. Estados Unidos pasó por muchos años de falta de crecimiento y cuando hay falta de crecimiento es un poco más difícil, a veces, ser más generoso con otros y se busca un culpable, que México es culpable. En Centroamérica, entre nuestros países y Estados Unidos, el balance (comercial) es a favor de ellos. En el Cafta, ellos salen ganando. En México sí tiene un desbalance… pero los americanos saben que el libre comercio es como todo el mundo crece.

¿No le preocupa a usted que Trump revise los tratados comerciales?

No, no. Al contrario, creo que nuestros países se van a beneficiar. Creo que México sí va a tener que revisar un poco, van a haber algunos momentos difíciles para ellos, especialmente por la manera que el mismo presidente se expresa. Los políticos siempre están buscando sus bases, pero, creo que a la larga aquí no ha pasado nada. Nadie gana restando y quitando, lo que hay que hacer es que el pastel crezca para que todos comamos mejor. No es nada más ir reduciendo y reduciendo y eventualmente se acaba el pastel. Trump puede decir lo que quiera, pero es un presidente de turno. El poder de los Estados Unidos son los empresarios. He tenido casos en Panamá, cada cinco años cambia el gobierno y cada gobierno tiene nuevas ideas y quiere cambiar el mundo y empezamos de nuevo y empieza la lucha. En la última reunión que fui, estamos allí en el salón y les digo: “Con todo respeto, aquí todos cambian (funcionarios), menos yo; soy el único que tiene 30 años regresando a esta misma silla y todos ustedes cambian”. Por eso, las reglas tienen que durar más allá, porque yo he estado en esta reunión y han pasado siete presidentes y allí estoy yo. El único constante es el empresario. Entonces, los gobiernos deben respetar esas condiciones para que el país siga creciendo; reglas justas para ambas partes. Si todo va bien, hasta a los políticos les va bien.