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Sonja, de 27 años, aún recuerda lo espantosa que fue esa noche en la que su hijo, que entonces tenía un año y medio, casi ingiere ácido muriático. Ella explica que después de cenar en casa de sus suegros, buscaba algo en su cartera mientras su pareja recogía los platos de la cena y casi en cuestión de segundos se enteró que el pequeño había encontrado una botella que contenía el químico e intentó beberlo pensando que era agua. 

De inmediato llevaron al pequeño al hospital, quien fue remitido a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). “Esperamos que fuera atendido y el doctor dijo que lo que le había pasado era algo muy serio y tenían que hacerle una endoscopia para saber las condiciones”, explica Sonja. 

Cuando el bebé de Sonja salió de UCI, los doctores debatieron por dos días la posibilidad de hacerle una endoscopía porque había que examinar el daño que había sufrido, pero al mismo tiempo el procedimiento representaba un riesgo porque existía la posibilidad de que el esófago también hubiera sufrido quemaduras y esto podría dañarlo más. 

El pediatra Constantino López señala que cuando ocurren accidentes como estos, por lo general los niños solo llegan a probar los químicos. “Como el sabor es feo, con un trago basta para que el esófago sufra una especie de quemadura”, afirma López, quien además reconoce que los padres no deberían inducir el vómito en estos casos, porque la quemadura podría repetirse cuando la sustancia sale del estómago hacia afuera. 

López especifica que estos incidentes se dan con cierta frecuencia, y que usualmente las sustancias que los niños ingieren por accidente son el cloro y el gas. El especialista considera que este tipo de percances pueden ser evitados, debido a que muchas veces suceden por descuido de los adultos que dejan al alcance de los niños pequeños los recipientes con químicos peligrosos.

Por su parte, la doctora Ivania González, gastroenteróloga y nutricionista pediatra, afirma que hay una etapa en la que los niños suelen introducir objetos a su boca porque “a través de ella conocen los objetos que los rodean”, la cual ocurre después de los 6 meses. Sin embargo, la mayoría de los accidentes con sustancias químicas ocurren entre las edades de 1 y 5 años, manifiesta González. 

González detalla que es más frecuente que los niños traguen objetos pequeños que caben en su boca, como monedas, piezas de lego, aretes o anillos; pero cuando ingieren sustancias tóxicas muy peligrosas, como kerosene, soda cáustica o diablo rojo, estas pueden representar un daño grave para su salud. 

“En el caso de los líquidos ocurre porque (los adultos) almacenan sustancias tóxicas en botellas de agua o de bebidas gaseosas, el niño no sabe leer, pero reconoce la botella como algo que previamente le han dado a tomar”, argumenta González. 

Recomendaciones de los Bomberos

El teniente Olmo Noguera, director del Departamento de Prevención del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Nicaragua, recomienda a los adultos tomar medidas para prevenir estas situaciones, no dejando al alcance de los niños estos productos tóxicos, ni en envases que son exclusivos para bebidas de consumo humano, como botellas de gaseosas, jugos o agua.

En el caso que el químico ya esté en este recipiente, es importante etiquetarlo para señalar que no se puede consumir, agrega Noguera.

Y en el caso de que los niños ingieran los tóxicos, es recomendable llamar inmediatamente a los números de emergencias o trasladarlos a un sitio donde puedan recibir asistencia médica. 

Las consecuencias

Dos días después del accidente, los médicos le hicieron la endoscopía al bebé de Sonja, y descubrieron que el niño no había tragado el ácido muriático, pero este sí le provocó quemaduras en los labios, las encías, el paladar y el frenillo lingual. El proceso de recuperación demoró varios meses, explica la joven madre, quien además añade que después de este accidente le operaron la lengua al niño en dos ocasiones, y que actualmente aún tiene algunas secuelas de esa fatídica noche. 

La doctora González argumenta que cuando el niño llega a tragar este tipo de sustancias, la situación se puede tornar muy grave, en dependencia del tipo de químico, la cantidad ingerida y el tiempo que este pase en contacto con el interior del organismo del niño. Los principales órganos que se dañan en estos casos son la boca, el esófago y el estómago, Señala la especialista. 

“Hay una quemadura de diferente grado a nivel de esófago y estómago, esto deja como secuela una úlcera que luego de la cicatrización deja la luz del esófago reducida, o sea una estrechez en el esófago que requiere de corrección quirúrgica o de dilataciones por endoscopia. Si esto no se corrige, el paciente no puede alimentarse adecuadamente”, subraya González. 

Con respecto a este tema, el médico internista Lombardo Espinoza señala que las complicaciones por ingerir sustancias nocivas, además de ocasionar quemaduras en la boca y esófago del niño, pueden afectar también el sistema respiratorio de este, y por eso son manejados directamente en Cuidados Intensivos. 

“El paciente puede presentar también algo que se llama neumonitis química que es una afección pulmonar que se da por bronco aspiración, porque el paciente siente la irritación en la boca y en el esófago, tiende a toser y eso tiende a irse a las vías respiratorias”, manifiesta Espinoza. 

Posterior al accidente, el niño deberá ser alimentado a través de una sonda, y cuando hay lesiones muy graves, el proceso de regeneración del paciente es muy difícil, y deberá ser valorado por varios especialistas, subraya Espinoza.

El pediatra Constantino López también añade que cuando ocurren estos accidentes, los niños son dejados en observación por el personal médico, para determinar si el esófago tolera bien los alimentos que pasan a través de este hacia el estómago.

¿Qué hacer en estos casos?

La doctora González agrega que es mejor prevenir los accidentes supervisando bien a los niños y no dejar las sustancias tóxicas que se utilizan en los hogares en lugares donde sean de fácil acceso para los menores. Además, evitar por completo almacenar estas sustancias en envases que los niños puedan relacionar con otras bebidas, como botellas de agua o de gaseosa. 

En el caso de que el niño ingiera accidentalmente el químico, es esencial que los adultos no induzcan el vómito a los pequeños y que acudan de inmediato a los centros médicos. 
Además, el doctor Espinoza también destaca: “Todo va a depender de la agilidad o la rapidez con que se lleve al paciente a la valoración por el pediatra”.