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Once denuncias al día por robos con intimidación  recibió en promedio la Policía Nacional durante el año pasado. Eso equivale a 4,270 casos en todo el territorio nacional, una cifra que incrementó un 12.5% con respecto al año anterior, cuando se reportaron 3,794 casos.

Lo anterior se especifica en el Anuario Estadístico 2016, publicado por la Policía Nacional en este mes de junio, que define a los robos con intimidación como uno de los delitos que más incidencia tienen en la población, por sus características para amenazar e intimidar. 

En la mayoría de estos robos, el objeto de amenaza es un arma blanca o un arma de fuego. Usando esta última se cometieron un 33% de los delitos denunciados. 

La Policía logró resolver 2,862 de los más de cuatro mil casos denunciados, es decir, uno de cada tres casos. 

En Managua, los casos ascendieron a 2,353 durante todo el año, lo que en promedio serían 7 casos al día. Este es el departamento con mayor incidencia en robos con intimidación y tuvieron un incremento de un 19.1% con respecto al 2015, cuando se registraron 1,975 casos. 

Según el anuario policial, los distritos I, III y V acumulan el 41.3% del total de robos con intimidación registrados en la capital. 

Otros tipos de robo

Los casos de robo con fuerza en las cosas fueron 4,495 en 2016. Estos son aquellos cometidos para perpetrar en vehículos y viviendas rompiendo puertas, ventanas o saltando cercas o muros. Y los casos de robo con violencia en las personas fueron en total 2,341. Estos últimos son casos en que los delincuentes arrebatan objetos personales a las víctimas. 

El informe “Riesgos, retos y oportunidades de la Seguridad Ciudadana”, publicado por el PNUD en 2011, destaca que en las modalidades para perpetrar robos con intimidación han incrementado los casos en que dos personas en una moto interceptan a la víctima, o en que una persona sube sola a un taxi y más adelante aborda el vehículo un delincuente, o en buses de transporte colectivo donde dos individuos amenazan a los pasajeros para robarles. 

Los robos, especialmente los cometidos bajo intimidación, “dejan traumas en la  vida personal y familiar, alteran el comportamiento cotidiano, obligan a las víctimas a modificar sus rutas de movilización, sus horarios y costumbres, generan recelo hacia otros en la vía pública, aumentan el temor y afectan la convivencia social”, según el documento del PNUD.