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En el 90% de las personas que padecen alcoholismo se producen enfermedades hepáticas, afirma Fernando Ruiz, médico internista. La enfermedad alcohólica del hígado es la quinta causa de defunción a nivel nacional, según el Mapa de Salud del Ministerio de Salud (Minsa), solamente el año pasado, se reportaron un total de 998 muertes por esta causa.

El daño al hígado se produce no solamente por tomar, sino en el volumen tomado, asegura Ruiz. “Aproximadamente del 20% al 35% de los que toman tienen hepatitis alcohólica y del 8 al 20% tienen cirrosis”, argumenta Ruiz, quien agrega que las personas que padecen de alcoholismo también pueden desarrollar afectaciones en el páncreas, el cerebro y los nervios periféricos, es decir, el raciocinio del ser humano.END

El alcoholismo

El alcoholismo es comprendido desde tres ángulos, el primero de estos es cuando el consumo excesivo de alcohol ya está afectando directamente los órganos, detalla Ruiz. Puede ser que la persona no tiene afectación orgánica, pero tiene dependencia, a ese también se le llama alcohólico, explica el especialista.

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Y un tercer grupo que abarca el alcoholismo, es cuando un individuo tiene afectación social, es “aquel que no va a trabajar, tiene problemas con la familia y con el trabajo. Tal vez no toma mucho, pero cuando lo hace saca el AK-47 tira balazos en el vecindario”, señala Ruiz.

Aunque cada persona procesa el alcohol de manera diferente, un hombre necesitaría consumir al menos una cantidad de alcohol que represente 60 gramos de alcohol cada día por diez años para que esta sustancia provoque daños considerables en el cuerpo, declara Ruiz.

Mientras que en las mujeres, debería de tener 40 gramos diarios por este mismo período, puesto que el proceso de metabolización del alcohol para ellas es más lento, señala el especialista. A este nivel, la persona ya depende o padece alcoholismo, afirma Ruiz.

“Eso es lo mínimo que se necesita tomar, puede seguir tomando más, pero mientras lo haga, hay más daños”, asegura el médico.

El límite

El toxicólogo Jesús Marín, explica que el alcohol puede causar efectos inmediatos en el cuerpo humano cuando se consume en grandes cantidades y provocar una intoxicación etílica aguda. La primera fase es la embriaguez. No obstante, esto dependerá de la cantidad de bebidas que se consuman, el tiempo en el que lo haga y la capacidad de procesar el alcohol.

El especialista indica que el alcohol tiene un efecto estimulante, pero también depresor en las personas. “Por eso es que puede ver a alguien agitado y de pronto se pone triste o a llorar”. Durante este estado, el individuo también experimenta la pérdida de la estabilidad al caminar.

Cuando la persona, aunque no sea alcohólica, consume alcohol en cantidades desmesuradas en una noche, podría sufrir intoxicación etílica aguda, lo que le provoca la pérdida de estabilidad y de consciencia, cambios drásticos en el humor y, en casos más graves, puede tener arritmia o dificultades en el sistema respiratorio, acota Marín.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) especifica que las conductas asociadas con los efectos del alcohol también, pueden llevar a conductas de riesgo como la actividad sexual sin protección, lesiones por accidentes de tránsito y violencia.

Al ser consultado respecto a si un bebedor excesivo puede detectar su propio límite y dejar de tomar en un punto específico, el toxicólogo Marín considera que el individuo pierde el control sobre sí mismo y no puede controlarse. “Es una droga. Ese es el efecto de toda droga, quita la voluntad y lo más difícil de ser alcohólico es reconocerlo”, expresa Marín.

¿Por qué beben?

El psicólogo clínico Ludendorf Suce, explica que en muchos de los casos las personas toman licor en exceso por la influencia en la familia, o las figuras adultas cercanas. “Los adolescentes lo ven como algo agradable, o algo divertido, entonces por curiosidad empiezan a probar el alcohol, pero luego se vuelve una constante”, especifica Suce.

Además, otros factores sociales y emocionales pueden contribuir a que una persona se vuelva alcohólica, en especial los hombres, toman “como manera de tranquilizarse” ante la depresión por situaciones como una separación, una pérdida del trabajo o una infidelidad.

“El hombre tiene más tendencias emocionales para tomar licor. Se le ha hecho sentir al hombre que es alguien que tiene que enfrentar con valentía los procesos dolorosos. Acuden al alcohol y de ahí ya no pueden parar”, subraya Suce.

Las separaciones sentimentales por alcoholismo son más frecuentes, recalca Suce. Además, el alcoholismo también propicia la violencia intrafamiliar y el rechazo social hacia la persona que consume alcohol excesivamente, quien también puede experimentar secuelas como la baja tolerancia a la frustración, irritabilidad y problemas del sueño.

Por otro lado, el médico internista Fernando Ruiz destaca que lo más recomendable es abstenerse de consumir alcohol, y si se consume, detenerse cuando la misma persona detecte que va por el rumbo del alcoholismo.