•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Freddy Nicolás tiene sesenta años y necesita un hígado nuevo. A diferencia de otros órganos del cuerpo, las funciones del hígado no se pueden reemplazar con máquinas, como las de hemodiálisis que se desempeñan como riñones artificiales. 

Por lo anterior, los medicamentos que existen para tratar enfermedades hepáticas severas son más bien paliativos y con resultados a corto plazo. END

“De momento han podido resolver las emergencias cuando se han presentado complicaciones, pero no hay una solución permanente, es como una bomba de tiempo, como un enemigo en silencio que en cualquier momento pasa su factura”, comenta su esposa, Wendy Guido. 

Desde hace cuatro años Nicolás fue diagnosticado con cirrosis. El trasplante de hígado es la única solución con beneficios a largo plazo para superar su enfermedad. Pero en un país donde este procedimiento no se realiza, las opciones son limitadas. 

“El trasplante de hígado es la única terapia efectiva para algunas enfermedades hepáticas, como la cirrosis principalmente, pero también la hepatitis fulminante a causa de medicamentos, la obesidad y el cáncer de hígado”, explica el cirujano oncólogo y hepatobiliar Sergio López Tórrez. 

En Centroamérica, solo Costa Rica y Panamá realizan este procedimiento. Una opción para Nicolás sería realizarse un trasplante de forma privada en el país vecino del sur, pero este ronda los 100 mil dólares. 

En promedio, en Nicaragua murieron dos personas al día de sangrado digestivo por cirrosis, según las causas de fallecimiento publicadas recientemente por el Ministerio de Salud (Minsa). 

De acuerdo con las cifras oficiales, la quinta causa de muerte de los nicaragüenses fue la “enfermedad alcohólica del hígado”, que dejó como saldo 998 personas fallecidas durante 2016. Aunque la cirrosis no es siempre ocasionada únicamente por el alcohol, aclara el doctor López.

“Que se realicen trasplantes de hígado en el país ha sido un sueño para nosotros”, comenta Guido, cuyo esposo sería un potencial candidato para este procedimiento, que según el cirujano López, nicaragüense y con experiencia en hospitales de Brasil y Estados Unidos, es un desafío para la nación y su implementación no está tan distanciada de la realidad. 

“Hay equipos y estructuras físicas donde se podrían llevar a cabo, tenemos personal formado en el país y apoyo internacional”, comenta con entusiasmo el oncólogo, quien afirma que un paciente que recibe un hígado tiene 90% de posibilidades de vivir cinco años más y 70% de posibilidades de prolongar su expectativa de vida por otros diez años. 

Incluso existe un marco legal que permite la donación y el trasplante de órganos, “pero falta la reglamentación de la Ley y un programa nacional de trasplante”, asevera López.  

La ley

En Nicaragua, la Ley 847, ley de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células para Seres Humanos fue aprobada el 26 de septiembre de 2013 y publicada en el diario oficial La Gaceta el 31 de octubre de ese año. 

Esta ley prohíbe el trasplante entre donantes vivos no relacionados, por lo que la norma legislativa acepta la donación y trasplante de órganos solamente si el donante es un familiar de la persona que requiere el órgano. 

Además aprueba la donación cadavérica, lo que significa que una persona puede autorizar a través de un documento jurídico el uso de sus órganos después de muerto para fines humanistas. También prohíbe la donación de órganos con fines comerciales.

Sin embargo, para empezar a aplicarse, la ley debe ser reglamentada. 

En una entrevista con El Nuevo Diario realizada en agosto de 2016, la presidenta de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional, Rosa Argentina Parajón, dijo que la ley se encontraba vigente, “pero solo se está esperando la aprobación (del reglamento) por parte del equipo del Poder Ejecutivo”.

Parajón sostuvo que con la reglamentación de esta ley se establecerá todo lo que debe normarse para su correcto cumplimiento.

Programa nacional de trasplantes

Ante la alta tasa de pacientes públicos, asegurados y privados que necesitan trasplantes, el oncólogo hepatobiliar Sergio López Tórrez desarrolló una propuesta que busca satisfacer esa demanda nacional, denominada “Programa Nacional de trasplante de órganos abdominales de donantes cadavéricos”. 

Dicha propuesta interrelacionaría al sistema público, el seguro social y los pacientes particulares, quienes trabajarían en conjunto para desarrollar el programa. “Hay que empezar con trasplante renal, de forma sistemática, y sobre la marcha iniciar con el trasplante hepático”, asevera López.

El proceso de trasplante de cualquier órgano sería el mismo. Lo primero sería crear una lista única nacional de receptores de órganos. 

A juicio de López, si en este momento se creara una lista de espera de receptores de hígado, la conformarían al menos unas 100 personas en estado crítico. Y la necesidad de realizar trasplantes de forma sistemática es vital, ya que “una vez que un paciente ingresa a una lista de espera, fallece en menos de seis meses o un año”, según el especialista. 

El siguiente paso sería la generación de donantes. Los donantes de hígado serían pacientes diagnosticados con muerte encefálica, o muerte cerebral. Es decir, personas que sufrieron un trauma craneoencefálico generalmente a causa de un accidente o un balazo. 

“Un típico caso es el de alguien que conduce una motocicleta en estado de ebriedad. No porta casco y se estrella. Digamos que es una persona joven, sin VIH, sin hepatitis, y la familia decide donar sus órganos. De esta persona podríamos obtener un hígado, dos riñones, dos córneas, un páncreas. Con eso beneficiarías de cinco a siete personas”, detalla el doctor López, quien asegura que en el área de neurocirugía del hospital Lenín Fonseca se diagnostican entre cuatro y ocho muertes encefálicas al mes.

Aunque los donantes de hígado también pueden ser personas vivas, López especifica que ese no sería un procedimiento viable en el país, porque los costos son mayores e implicaría más experiencia profesional. Además, de una persona viva se podría obtener la mitad del hígado –ya que este órgano se regenera-, cuando de un donante cadavérico puede donar un hígado completo. 

Una vez aprobado el consentimiento para donar los órganos del paciente con muerte encefálica, se tendrían que hacer pruebas de histocompatibilidad, para identificar la buena compatibilidad para el trasplante. 

Puesto que en el país no existen laboratorios de histocompatibilidad, la propuesta es que el Minsa o el Hospital Militar desarrollen el mismo, cuyo costo rondaría los 50 mil dólares. 

El hospital extractor de órganos sería el Lenín Fonseca, mientras que los hospitales trasplantadores serían los que ya tienen experiencia de trasplante en el país, que son tres: el Hospital Salud Integral, pionero en trasplante renal, el Hospital Militar, y el hospital público infantil Manuel de Jesús Rivera La Mascota. El proceso de extracción y trasplante ocurriría en un lapso de 24 horas. 

Los hospitales trasplantadores también se encargarían posteriormente del control de infecciones e inmunosupresión. 

Las claves del éxito para lograr que este programa se desarrolle, según el doctor López, serían “el apoyo gubernamental e institucional con visión de futuro, coordinación y compromiso entre las especialidades médicas partícipes, aplicación y sistematización de los diferentes protocolos y trabajo en equipo”.

Los costos

“El costo de un trasplante de hígado podría oscilar entre 50 mil y 75 mil dólares” en Nicaragua, calcula el doctor López. Esta cifra incluiría la fase de operación y la posoperatoria. 

La propuesta es que el seguro social pueda realizar subsidios. “Si se trasplanta a tres pacientes del seguro social, el cuarto paciente podría ser del servicio público”, dice López.

Otra opción es que los costos sean progresivos. Es decir, que cada quien pague de acuerdo a sus posibilidades. “Esto podría sonar como una idea descabellada, pero ha funcionado en otros países. Los pacientes privados pueden subsidiar a los que no pueden pagar”, comenta el hepatólogo.

Aunque la propuesta es desarrollar un modelo mixto incluyente, López detalla que se tiene que profundizar desde el punto de vista costo-efectividad. 

Lo cierto es que los costos para el país son mayores al perder vidas humanas. En primer lugar, la terapia que se le suministra a los pacientes con un daño hepático severo es “carísima”, en palabras de López, y es al mismo tiempo “ineficaz y de resolución corta”. Asimismo, representa un freno al desarrollo económico del país por los años de vida potenciales perdidos de pacientes que fallecen jóvenes.

Los beneficios de realizar trasplantes de forma periódica también serían importantes para el sistema de salud. Entre otros, “el progreso profesional e investigativo de la medicina nacional, la utilización de los recursos que ya tenemos disponibles, la modernidad y eficiencia de nuestros servicios de salud”, afirma el doctor López. 

El personal 

Actualmente en Nicaragua hay dos médicos formados en el proceso de trasplante de hígado. Uno de ellos es el doctor López, con formación en cirugía oncológica y hepatobiliopancreática. Sin embargo, realizar el primer trasplante de hígado implicaría a equipo médico extranjero. 

“Tenemos el apoyo de mucha gente de España, de Estados Unidos, de Brasil y Argentina que nos quieren ayudar a implementar este programa. Solos no estamos”, dice el doctor.

Estas mismas brigadas médicas podrían entrenar al personal médico nicaragüense, como a anestesiólogos, enfermeras, nutricionistas e intensivistas.

El doctor Miguel Gómez Bravo, cirujano español y experto en trasplante de hígado, dijo en un simposio sobre trasplantes realizado el pasado viernes que “en el siglo XXI no debemos permitir que los pacientes fallezcan sin tener esta oportunidad (de trasplante), no podemos negar que los nicaragüenses tengan esta opción. Los españoles brindamos toda nuestra ayuda y estoy seguro de que esto será el comienzo de una gran aventura”.