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A casi tres meses de haber iniciado en Venezuela una ola de protestas, el abogado y ex diplomático venezolano Emilio Figueredo dice a El Nuevo Diario que se está abriendo un espacio de coincidencia entre el chavismo original y la oposición.

Figueredo, de 73 años, ex embajador de Venezuela en las Naciones Unidas y hoy editor en jefe del diario digital Analitica.com, opina que los países de la región pueden ayudar a los venezolanos a encontrar una solución a la crisis que ya tiene consecuencias graves como la migración de más de dos millones de venezolanos y la escasez de alimentos.

¿Cómo grafica usted la situación de Venezuela hoy?

Lo que está sucediendo en Venezuela es una situación muy preocupante y muy peligrosa, pero al mismo tiempo se están empezando a abrir algunos compases que eran inimaginables hace un año. Estamos viendo que hay un terreno en el que está coincidiendo parte del chavismo original, del 4 de febrero, están en diálogo y en entendimiento sobre puntos comunes con la oposición. Esos puntos son la defensa de la Constitución, que es lo que ellos llaman el legado del comandante Chávez, y al mismo tiempo el rechazo de la Asamblea Constituyente que ha tratado de imponer, al margen de la Constitución, el presidente Maduro.

¿Está incluida ahí la Fiscal General de la República, Luisa Ortega?

Sí, ella es la figura más prominente del sector civil. Ayer hubo una acción que no le corresponde hacerla al Tribunal Supremo, sino a la Asamblea Nacional. Quisieron empezar un antejuicio de mérito contra la fiscal general porque ella ha dicho que se ha roto el hilo constitucional y que la Constituyente no corresponde a lo dispuesto por la Constitución. Y, cosa que yo no había visto en mucho tiempo, la fiscal general de la República chavista, porque sí es chavista desde origen, recibió el respaldo unánime de la oposición. La situación en que estamos ahora es muy complicada. Es un juego suma cero, como se llama en teoría del juego, porque ni el Gobierno reconoce a la Asamblea ni a la Fiscalía, ni la Fiscalía ni la Asamblea reconocen al Gobierno.

¿Qué otras figuras políticas están apartándose de Maduro?

El general Carlos Alcalá Cordones, quien fue compañero del golpe de Chávez; el general Rodríguez Tórrez, quien fue ministro del Interior y fue parte del golpe del 4 de febrero; el mayor general Alexis Ramírez, quien era principal asesor de Soberanía e Integridad del presidente Maduro, que renunció hace unos días porque está en desacuerdo con la constituyente. Jorge Giordani, quien fue ministro de Planificación y fue una figura fundamental del principio con el presidente Chávez; Gabriela Ramírez, quien fue la defensora del pueblo antes del actual; y, bueno, hay diputados del Gran Polo Patriótico como Eustoquio Contreras; diputados del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) como (Germán) Ferrer; o sea, cada día se va sumando gente y hay muchos que no se han sumado todavía porque no saben dónde van a caer.

¿Qué consecuencias cree que pueda tener el enjuiciamiento de la Fiscal General?

Creo que ninguna. A menos que decidan meter un batallón del Ejército a sacar a la fiscal general de la República de la Fiscalía. Ella tiene el respaldo completo de la Fiscalía, de todos los fiscales, tiene el respaldo de la Asamblea Nacional, de la oposición, del sector chavista del 4 de febrero. Yo creo que eso es seguir echándole gasolina al fuego. La decisión de ese Tribunal Supremo fue de magistrados designados a toda velocidad, después que la oposición había ganado la mayoría absoluta de la Asamblea. Muchos de ellos no cumplen los requisitos que establece la Constitución, que son: tener posgrados, que sean profesores universitarios, con más de quince años de graduados. Es una corte que fue designada prácticamente a dedo por Diosdado Cabello, cuando era presidente de la Asamblea. Entonces, eso no contribuye a la paz, todo lo contrario, y el objetivo de la Constituyente es crear un suprapoder que disuelva la Asamblea Nacional, que saque a la fiscal general y que le dé el poder a una camarilla que, se ve, s
erá de máximo 200 o 300 personas que decidan el destino de 31 millones de venezolanos.

¿Cuáles son las propuestas que han surgido para iniciar negociaciones?

La propuesta última que ha habido es que haya cinco países negociadores. Dos países que sean afines al gobierno actual, dos a la oposición y que el quinto sea neutral, para ayudar con un esfuerzo de mediación a encontrar una salida negociada.

¿Quiénes podrían ser esos países negociadores?

Por ejemplo, pueden estar Nicaragua y Bolivia por un lado, y por otro lado pueden estar México y Chile, y el quinto se ha sugerido que sea el primer ministro de Canadá. Pero el quinto puede ser el Vaticano o Noruega, cualquiera, el que las partes decidan. Pero lo importante es que tiene que haber una agenda previa y un compromiso de quitar los principales focos que están haciendo que prácticamente se mate gente a ritmo de dos personas diario. Llevamos 75 y la mayoría son muchachos menores de 25 años. 

¿Cree que la solución está entonces en la presión que ejerzan los países latinoamericanos?

Sí, definitivamente, y que se comprometan. La paz de un país de la región es la paz de todos. Yo creo que es hora de que los países nos ayuden a encontrar una solución y no se lo tomen a la ligera, simplemente bajo formalismos jurídicos o procedimentales. Esta es una situación que puede tener unas consecuencias muy graves para todo el imperio, no solamente por la crisis migratoria, porque ya hay más de dos millones de venezolanos fuera del país, sino que además aquí hay literalmente gente muriéndose de hambre, porque la situación está absolutamente bloqueada y las naciones hermanas son las que pueden ayudar a desbloquearla.

Con lo que ocurrió el martes, el cambio de algunos mandos de las fuerzas armadas, ¿cree usted que eso traería alguna consecuencia directa?

Lo que hicieron fue ratificar al ministro de defensa, que se decía que lo iban a sacar, es el cuarto período en que lo renuevan. Sacaron al de la Guardia Nacional (general Antonio Benavides Torres) y pusieron a un hombre mucho más radical, porque el otro había hecho algunas objeciones. Más bien, creo que es una actitud de un cerramiento ideológico increíble. Entonces, creo que aquí es un absurdo seguir manteniendo este nivel de tensión cuando hay posibilidades de que, en la mesa, respetando los intereses de cada quien, se llegue a acuerdos equilibrados que puedan traer la paz en Venezuela y por supuesto esto tiene efectos en toda la región. Aparte de la presión internacional que se podría ejercer desde la OEA, también juega un gran rol la ruptura interna del chavismo en un posible desenlace de la crisis. Claro, la solución siempre está entre los venezolanos. En la medida que el chavismo se está dividiendo y que los compañeros originales de Chávez están dialogando con la oposición en defensa de la oposición, M
aduro queda más aislado, básicamente como un grupo cada vez más reducido de militares. En este momento lo que tenemos de hecho es un gobierno militar.

También se habla de posibles golpes militares. ¿Usted cree que esto podría suceder?

No, no creo que nadie lo haga, por lo menos de los sectores opositores, inclusive del mismo chavismo original. Lo que se está diciendo es todo lo contrario, que se respete lo que está establecido en la Constitución de 1999 que hizo Chávez en una Asamblea Constituyente. El mismo Chávez estableció que cualquier presidente puede solicitar una Constituyente, pero tiene que estar sometido a un referéndum aprobatorio previo, no al final. Porque el pueblo debe decidir si está de acuerdo o no en cambiar la Constitución. La voluntad popular es la máxima expresión de cualquier régimen democrático.

Pero no hay disposición gubernamental de hacer un referéndum previo...

No, hasta ahora no ha habido. Por eso es importante la presión internacional. Hay que empujarlos a que se sienten a dialogar y buscar un esquema para restablecer la gobernabilidad en este país. En este momento vivimos en una situación de anarquía y anomia. 

¿Usted prevé algún tiempo determinado en que esta crisis pueda aproximarse a su final?

Creo que el tiempo se está acortando, porque el Gobierno puso un límite de que el 30 (de julio) van a imponer a “trocha y mocha” su Constituyente, a pesar de que tienen un bajísimo soporte de la población. Inclusive, las elecciones se llevan a cabo en los colegios y los colegios no están dispuestos a abrirse, o sea que los van a ocupar militarmente.