•   San Juan de Oriente, Masaya  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Mientras la venerada imagen de san Juan Bautista, patrono de la feligresía de San Juan de Oriente, sale de la parroquia para realizar el tradicional recorrido por las calles, grupos de jóvenes y adultos se enfrentan en un ritual. Con chilillos en mano danzan al ritmo de los chicheros y descargan latigazos en sus espaldas.

Los espectadores locales, los de otros puntos del país y los extranjeros forman círculos para admirar ese ritual, que hace única estas fiestas patronales.

Con la llegada de los españoles a estas tierras iniciaron las festividades y se cambió la forma en que se pagaban las promesas.

A estos bailarines que se dan latigazos se les llama “chinegros”. Según la historia oral, la palabra “chinegro” se empezó a usar porque los indígenas apenas podían pronunciar algunas palabras en español, y en lugar de decir “sí, negro”, pronunciaban “chinegro”, al momento de retarse a los chilillazos.

El profesor Lázaro López, conocido popularmente como el Sol, explicó que este año la tradición en honor a san Juan Bautista cumple 401 años.

“Este ritual al chilillo consiste en todos los favores que san Juan Bautista nos ha realizado, todas las promesas y milagros que nos ha cumplido. Son muchos jóvenes de San Juan de Oriente los que participan y es importante que ellos rescaten estas costumbres y tradiciones, porque ellos han recibido favores en sus estudios”, dijo el profesor López.

El profesor explicó que la elaboración de esos chilillos consta de varios procesos. 

“Es importante destacar que si el chilillo es armado del toro sacrificado, obviamente que la persona que porta el chilillo va a salir próspero en la disputa o baile de los negros, que no es pleito sino es tradición”, detalló el consultado.

El profesor López aseguró que los participantes son natos de este pintoresco y fresco municipio reconocido a nivel internacional por sus cerámicas. Son todos devotos de san Juan Bautista, bailan con su contrincante, quien sale de manera espontánea previo a un acuerdo.

“Como originario de San Juan de Oriente salgo bailando y voy con el que me salga. Aunque haya espaldas reventadas no hay pleitos, porque es una cultura y al final los contrincantes se dan la mano en señal de que simplemente fue una promesa”, relató uno de los “chinegros”.

En tanto Hugo Potosme, quien tiene 15 años de bailar la yegüita, asegura que su función es separar a los chinegros durante el baile.

“Es una tradición de 401 años que tiene este pueblo y es parte del folclore y de la alegría de vivir esta experiencia”, dijo el párroco Félix Velásquez, a cargo de la iglesia San Juan Bautista y quien tiene tres meses de haber asumido el templo.