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El misterio que durante varios días rodeó la posible salida del país del estadounidense Erick Volz, terminó ayer en medio de una frenética carrera automovilística que lo llevó a alta velocidad del Hospital “Carlos Roberto Huembes” al Sistema Penitenciario para terminar, finalmente, en el Aeropuerto Internacional “Augusto C. Sandino”.

Ahí, en la terminal aérea, lo esperaba un avión que lo llevó de regreso a su país de origen: Estados Unidos. Así concluyó el capítulo de Volz en Nicaragua, quien fue acusado del asesinato atroz y violación de la joven Doris Ivana Jiménez Alvarado, su ex novia, quien fue encontrada muerta el 21 de noviembre de 2006.

Doris, como se le recuerda a secas, era una simpática y popular joven que había participado y ganado varios concursos de belleza en su natal San Juan del Sur, un costero y turístico municipio del sureño departamento de Rivas.

Historia de amor y muerte
Allá conoció a Volz dos años atrás, y luego se convirtieron en pareja. Ella, de 24 años al momento de su muerte, y él, actualmente de 28 años, fueron el centro de una tragedia que conmovió a Nicaragua: Doris fue encontrada asesinada, violada y atada en su tienda de ropas de verano, y él, dedicado al negocio de bienes raíces y otros proyectos turísticos, fue el principal sospechoso del crimen, junto a dos nicaragüenses más.

Después de un juicio tenso por la agresividad de la población local de Rivas, que ardía de indignación contra Volz, éste fue sentenciado a 30 años de prisión el 21 de febrero de este año 2007, por la juez Iveth Toruño Blanco, quien lo remitió a la prisión de Granada junto al otro acusado, Julio Martín Chamorro.

Una vez ahí, la familia de Volz comenzó una extensa e intensa campaña a favor del reo y en contra del sistema judicial y gobierno de Nicaragua, que incluyó reportajes especiales, entrevistas y un sinfín de publicaciones en influyentes medios de comunicación de Estados Unidos, de Inglaterra, de Alemania y de otros países.

Los efectos de la campaña llegaron a su clímax este diciembre, luego que el Departamento de Estado de los Estados Unidos emitiera una declaración fuerte contra Nicaragua, en la cual demandaba la libertad de Volz y el respeto a los derechos de éste, quien por medio de su familia se habría quejado de torturas en la cárcel.

No obstante, Volz no pasó todo el tiempo en la prisión, y desde hace meses estuvo internado en el Hospital “Carlos Roberto Huembes”, de la Policía Nacional, de donde finalmente salió ayer, luego de que el Tribunal de Apelaciones de Granada decidiera dejarlo en libertad.

Protegido contra balas
La salida de Volz del hospital suscitó el interés de medios de comunicación de Nicaragua y de cadenas internacionales como CNN, Univisión, BBC, Telesur y otros.

Tras una intensa espera de varias horas, Volz salió raudo por el portón trasero del hospital policial, exactamente a las 12:52 minutos de la tarde. Iba a bordo de la ambulancia Toyota placas ME 1497, y custodiado por la patrulla policial 213.

A través de los vidrios, se veía a un Volz vestido de camiseta blanca, gorra oscura y un chaleco antibalas, que, en sus espaldas, traía la leyenda “Grupo CSC” en letras amarillas.

A la altura de la Embajada de los Estados Unidos, en la Carretera Sur, la patrulla 218 se le sumó a la custodia, y otros motorizados que esperaban en las esquinas y semáforos se iban sumando a la larga y rapidísima caravana de vehículos de los medios de comunicación que perseguían a la ambulancia en busca de las imágenes de un Volz que, cuando levantaba la cara barbada, se veía asustado, con los ojos y la boca muy abiertos, y jadeante, sin duda sometido a mucha presión.

Fricciones policías-periodistas
Su custodia lo llevaba a alta velocidad por las congestionadas calles de Managua, en medio de ulular de sirenas y pitazos de los veloces persecutores de los medios de comunicación, que con el fin de buscar las imágenes, desafiaban la velocidad, las leyes de Tránsito y la competencia entre ellos mismos, en una frenética carrera de muchos kilómetros que se estrechó a niveles peligrosos a la altura de Carretera Norte.

En ese trecho, la ambulancia que trasladaba a Volz colisionó contra el vehículo Hyundai blanco del Canal 23, al que sacó de la vía, y más adelante rozó el vehículo de un medio internacional. En la persecución, los policías que iban a bordo de las patrullas usaban sus radios bocinas para advertir a los periodistas que iban obstruyendo el tráfico y exponiendo a los otros conductores al peligro.

En la otra patrulla, que iba delante de la ambulancia, un policía les ordenaba a unos motorizados que persiguieran la caravana, que la interceptaran y detuvieran. Más tarde casi le gritaba por radio: “Anotá la placa de los vehículos, y cuando los veás en las calles multalos”.

La vertiginosa cobertura concluyó en su primera etapa, 40 minutos después, cuando Volz fue introducido al Centro Penitenciario La Modelo de Tipitapa, donde se le leyó la orden de libertad. A la salida, exactamente a la 1:47 de la tarde, los policías trataron de despistar a los medios al salir las mismas dos patrullas escoltando a una ambulancia placas ME 1816 del Ministerio de Gobernación, donde iban dos agentes que hacían de “Volz”.

Los periodistas no cayeron en la trampa, y a los segundos salió rauda del portón de la cárcel, una camioneta Mitsubishi, blanca, doble cabina, placas 040813, con vidrios polarizados, donde iba Volz en medio de dos policías.

Otra vez siguió la persecución a alta velocidad, la cual concluyó a la 1:58 de la tarde, cuando la camioneta que llevaba al para entonces ya famoso prisionero estadounidense ingresó como meteoro al aeropuerto, ya sin custodias policiales.

Todo quedó atrás
La llegada de Volz a la terminal del aeropuerto internacional causó conmoción entre viajeros y curiosos que se aglomeraron alrededor de los periodistas nacionales y extranjeros, que hicieron hasta lo imposible por lograr imágenes del norteamericano en libertad.

Una señora que se identifico como Eugenia Gómez lanzó improperios en contra del norteamericano, a quien llamó asesino, mientras Volz dentro del vehículo y protegido con un chaleco antibalas, reflejaba en su rostro el temor por la gran cantidad de personas que rodearon el vehículo que lo conducía.

¡Asesino, asesino, asesino!, gritaba Gómez, quien también lanzó fuertes ataques en contra del sistema judicial y contra los magistrados que firmaron la libertad de Volz. ¡Asesino de mujeres nicaragüenses!”, gritó la mujer, que lloró de indignación, justo cuando la camioneta que llevaba a Volz abandonada la pista para ingresar como meteoro al portón 9 del aeropuerto, donde a Volz lo esperaban familiares y funcionarios de la Embajada de Estados Unidos.

Precisamente de esta sede diplomática, una vez que se conoció la libertad de Volz, salió una brevísima nota de prensa que decía: “La Embajada de Estados Unidos en Managua ve positiva la implementación de la orden del Tribunal de Apelaciones de dejar en libertad a Eric Volz de acuerdo con las leyes nicaragüenses”.

Una vez en la terminal, Volz subió al avión y partió a su tierra antes de las tres de la tarde. Atrás quedaron un extenso juicio, un fallo discutible, un nicaragüense pobre, prisionero, sentenciado a 30 años, una campaña internacional de presión y una joven asesinada.