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Cixto Jiménez es un criador y vendedor tradicional de burros en el municipio de Somoto, Nicaragua. Dijo que recientemente solicitó a las autoridades de la alcaldía a que terminen “con esa veda que no permite la venta de este animal”.

Esa prohibición, agregó, de alguna manera afecta su economía.

Las autoridades somoteñas han establecido restricciones para la venta de burros como parte de un plan de conservación, ya que la población de ese animalñ se ha visto reducida de manera drástica en los últimos años.

Políticas de conservación de estos équidos también se observa en otros países, por considerar que la especie ha entrado a un proceso de extinción.

Un censo elaborado en años recientes indica que el 73 por ciento de la población de burros está en zonas de Madriz y Nueva Segovia, y sumaban cerca de 7 mil, pero últimamente se ven pocos.

Según organizadores del festival de burros ataviados, gran parte de esos animales han sido vendidos a ganaderos de Nueva Guinea, sur del país, y de allí pasan a Costa Rica.

Desfiles ataviados que sensibilizan

Haydee Castillo, miembro de la Comisión Ciudad Segovia, ha señalado que los desfiles de burros ataviados que desde hace 10 años se realizan en Ocotal tienen el propósito de conservarlos y de eliminar el maltrato para estos animales.

Los burros, por muchas décadas, desde la llegada de los colonos españoles que los trajeron a estas tierras, fue el animal de carga para todo, principalmente para el abastecimiento de agua y de leña.

En tanto, Edelberto Maradiaga, directivo de la Asociación de Ganaderos de Madriz, se quejó ante las autoridades edilicias y policiales por el engorroso proceso de trámite de cartas de compra y venta de ganado vacuno y bovino, principalmente, por la exigencia al gestor de una carta de record policial

Maradiaga calificó el procedimiento como “denigrante” tanto para el productor como para el que comercializa ganado.