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Aunque hay muchas teorías acerca de su origen y actualmente se conocen unas cinco formas de practicar el arte marcial del Taichí, quienes lo practican, tanto en Oriente como en Occidente, pueden palpar los múltiples beneficios de realizar este ejercicio.

Compuesto por 24 movimientos básicos, esta práctica milenaria de la China antigua combina cada uno de los pasos para crear secuencias y da la impresión que se está ejecutando una danza pausada. El único sonido que se percibe durante una sesión de Taichí es la respiración armonizada de los participantes del ejercicio.

Al ser un ejercicio más tranquilo, la persona ni siquiera se da cuenta que está ejercitándose de la misma manera que lo hace un surfista en el mar. La división de la fuerza empleada en los pasos se distribuye en 70-30. Mientras que se ejerce mayor presión en la parte del cuerpo que realiza el movimiento, que podría ser la pierna, cadera u hombros, el resto del cuerpo utiliza ese mínimo 30 para atraer con suavidad los brazos. Jaime Jer-ming Chuang, embajador de la República de Taiwán en Nicaragua, instruye al grupo.

En Taiwán, es común ver a adultos mayores realizando Taichí en parques y espacios abiertos. También es practicado por jóvenes y niños, quienes son enseñados por sus padres o abuelos. Actualmente, el uso de estos ejercicios se ha extendido a muchos países y muchas investigaciones realzan las bondades de practicarlo.

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El Taichí puede resumirse en cuatro palabras: relajación, circulación, concentración y respiración. Es considerado ejercicio “interno” porque implica “bajar toda la velocidad de un arte marcial, para que se aprecie lo básico de los movimientos”, explica Jaime Jer-ming Chuang, embajador de la República de Taiwán en Nicaragua, quien practica este arte desde hace más de 30 años.

Para poder practicarlo, no se necesita mucho espacio, pero sí demanda toda la concentración y dedicación de la persona. Sincronizados con la respiración, los movimientos son lentos y en la mayoría de las posiciones el peso del cuerpo está apoyado en las rodillas.

En Occidente se reconoce que el Taichí ayuda a los sistemas circulatorio e inmunitario; refuerza los músculos de las rodillas; mejora el metabolismo y la digestión; y beneficia directamente el equilibrio, la coordinación y la concentración de la mente. Incluso la organización norteamericana Breast Cancer comprobó que el uso de esta terapia en pacientes con cáncer de mama resulta en mejorías considerables en el autoestima y la calidad de vida de las mujeres.

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Representantes del cuerpo diplomático de Taiwán compartieron los conocimientos básicos del ejercicio en una sesión introductoria al Taichí celebrada esta semana en la capital, en donde participaron también miembros de la Cámara Empresarial Taiwanesa Nicaragüense (Cetainic).

Hasta el momento no se ha instaurado una academia de Taichí local, debido a que los instructores no dominan el idioma español. Sin embargo, en el país existe un grupo pequeño de personas que lo ejecutan por medio de iniciativas independientes o aprendiendo en internet.