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“Mi papá y mi tío mataron a mi mama de ocho balazos”, recuerda la joven Seylin Martínez. Su hermano Javier, de 17 años, todavía se despierta pensando que ella le está preparando el desayuno, aún cree que los sábados antes de ir a la universidad le dará la bendición, también tienen un hermanito menor que quedó huérfano.

Javier Martínez, el padre de ellos, había planeado el asesinato de Sayra Fonseca Bravo porque se resistía a mantener una relación sentimental con él, aunque salía con otra mujer.

Esa madrugada el hombre llegó hasta la casa de su expareja en compañía de su hermano Anselmo Martínez, quien disparó contra Sayra, “pero mi papá lo planeó todo”, recuerda Seylin Martínez. Eso ocurrió el 24 de agosto de 2015.

“Mi mamá tenía 35 años y llevaba 20 viviendo con mi papá. Ella sufrió mucho maltrato. Le gritaba constantemente en los pleitos, decía que la iba matar y la acusaba de infiel, ella le aguantó porque no tenía cómo mantenernos a mí y a mis dos hermanitos”, relata la joven que ahora tiene 20 años.

Martínez ya había intentado ahorcar a su pareja, pero ella logró liberarse. Después de eso se separaron, pero el hombre se resistía a aceptar esto.

“La madrugada del crimen, mis hermanos recuerdan que entró mi papá a la casa y enllavó el cuarto para que ellos no salieran. Yo me desperté hasta que la escuché decir ´Javier no me matés´. Mi papá ya no vivía en la casa, pero él lo había planeado todo y así se demostró en el juicio”, relata Seylin, quien ayer junto a su hermano Javier participó en Managua de la inauguración de una exposición fotográfica sobre mujeres víctimas de femicidio en donde aparece la historia de su madre.

El padre de los tres hermanos, Javier y el tío Anselmo Martínez fueron condenados a 30 años de cárcel por femicidio y asesinato respectivamente. Los hijos de la mujer fueron testigos claves y atestiguaron contra su padre y organizaron una multitudinaria marcha en Nueva Guinea porque los acusados intentaron sobornar a las autoridades.

Desde entonces Seylin Martínez asumió el rol de madre y es la tutora legal de sus hermanos. Se distanció de su familia paterna y no tienen contacto con su familia materna. Viven en la casa que les dejó su mamá y sus ingresos dependen de la renta de cuartos que también pertenecían a Sayra.

“Lo que mi papá hizo no tiene perdón de Dios ni de nosotros. Lo más incómodo para mí es llevar el nombre del hombre que mató a mi mamá y no sé si algún día lo voy a perdonar”, concluye Javier Martínez, hijo de la víctima.

Huérfanos de femicidios

Los 23 asesinatos de mujeres que se contabilizan en lo que va del año han dejado, al menos, 26 niños, niñas y adolescentes en la orfandad, según datos del observatorio de la organización Católicas por el Derecho a Decidir (CDD).

Estos menores, en su mayoría, quedan a cargo de sus abuelas o tías, quienes enfrentan serios problemas económicos y emocionales, explica Aida Carrión, directora de la Fundación Dina Carrión.

La fundación, que surgió en noviembre del año pasado, es la primera en el país en atender directamente a menores cuyas madres fueron víctimas de femicidio. 

Específicamente, la fundación busca brindar a los menores huérfanos un seguimiento psicológico hasta superar el trauma, paquetes alimenticios, chequeo médico y becas de estudio.

La fundación atiende actualmente a 10 menores que son hijos de tres mujeres asesinadas. Los casos se encuentran en Tipitapa, Mateare y Monimbó, Masaya. 

Las historias de estos menores y sus abuelas serán presentadas hoy a través de un documental en el Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano (CCNN) para sensibilizar sobre el tema. 

La presentación del documental, producido por la Fundación Dina Carrión, es completamente gratis e iniciará a las 6:30 p.m. 

Atención necesaria

La psicóloga y especialista en familia Brenda Cisneros indica que al darse un femicidio “siempre hay un duelo natural en el menor y se presenta con mayor fuerza cuando es el papá quien asesina a la madre”. 

Cisneros explica que “en ese momento los sentimientos que se le vienen al menor son de impotencia y frustración. Si un adulto, al ver situaciones así de fuertes y dramáticas, queda impactado, peor un niño que no sabe lo que pasa”. 

En cuanto a las secuelas que dejan los femicidios, la psicóloga refiere que los seres humanos tienden a registrar las situaciones crueles a nivel neuronal, “es decir, siempre están presentes. Los menores huérfanos llegan a sentir culpabilidad, depresión, crisis de angustia, ansiedad e intentos de suicidios, aunque estos suelen aparecer en la etapa adolescente o adulta”.

Inauguran exhibición fotográfica “¡Vivas las queremos!”

El Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Ihnca) de la Universidad Centroamericana, con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos, inauguró ayer la exhibición fotográfica “¡Vivas las queremos! Testimonios de violencia contra las mujeres en el Caribe Sur de Nicaragua”. 

En la muestra fotográfica, que quedó abierta en el Paseo de la Memoria, de la UCA, se muestra la historia de 18 mujeres caribeñas víctimas de femicidio entre el 2014 y 2016. La iniciativa pretende contribuir a visibilizar el impacto de la violencia contra las mujeres en la vida de sus familias.

De los 23 asesinatos de mujeres registrados hasta hoy, cuatro han ocurrido en el Caribe Sur y tres en el Caribe Norte, según el observatorio de las CDD. 

Mientras que de los 37 femicidios en grado de frustración en el primer semestre del 2017, cinco se concentran en el Caribe Sur y cuatro en el Caribe Norte.

La embajadora de Estados Unidos, quien asistió a la inauguración de la exhibición fotográfica, indicó que “las víctimas no son solo estadísticas, son mujeres con historias que tienen hijos, padres, hermanos y amigos. Esta exhibición nos llama a la acción, el femicidio requiere de acciones coordinadas que ataque el problema desde su origen que es la cultura machista”.