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Los males de doña Josefa Rodríguez Gallo comenzaron con un temblor en sus manos hace una década. Al acudir a sus consultas médicas fue diagnosticada primero con la enfermedad del túnel carpiano, por lo que fue operada. No obstante, después de la cirugía los síntomas persistían y fue remitida a un especialista en neurología, quien finalmente le diagnosticó párkinson a sus 52 años.

Rodríguez, administradora de empresas de profesión, laboraba para la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) cuando le detectaron la enfermedad, y con el avance de los síntomas no pudo continuar en su empleo. Además el neurólogo le explicó que la enfermedad no tiene cura y los síntomas iban a empeorar, por lo cual fue remitida al  Seguro Social, donde obtuvo una pensión por incapacidad laboral. 

“El doctor me dijo que el párkinson me había dado porque tomé un medicamento llamado cinarizina, un oxigenante del cerebro. Recuerdo que yo lo tomaba como agua y eso es malo. Se toma y luego se deja un reposo de unos dos o tres meses, pero eso no me lo dijo el médico que me lo recetó. En ese tiempo trabajaba demasiado, y me oxigenaba el cerebro”, dijo Rodríguez con voz temblorosa.

Además expresó que para enfrentar la enfermedad diariamente toma tres tipos de medicinas: una de ella son cinco dosis al día, la otra tres dosis y  la última es una sola dosis. También subrayó que estos medicamentos no los cubre el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y debe gastar unos C$6,000 mensuales en su tratamiento, los cuales cubre con su pensión de vejez, pues ya alcanzó los 62 años y hubo cambio en su tipo de pensión. 

“En mi caso, el párkinson es más de rigidez que de temblor y el dolor en el cuerpo. A uno le cuesta vestirse y bañarse. Llega un momento que no te quedan fuerzas en el cuerpo. No sentís estabilidad. Para comer es difícil, sentís que te babeás constantemente”, dijo Rodríguez. 

Ella también destacó que otro problema de esta enfermedad es la falta de comprensión y de apoyo de la familia porque algunas veces los pacientes amanecen con los síntomas más fuertes, en cambio otros días amanecen bien como si no tuviera nada.

“Nosotros (los enfermos) por lo general pedimos a la familia que nos apoye porque hay un momento en que no podés hacer nada, ni bañarte ni comer. Otras veces uno no puede ni platicar con la gente, porque es una inestabilidad que te da en el cuerpo y da vergüenza. Por lo general yo casi no visito a nadie porque no me gusta que me vean en ese estado”, sostuvo Rodríguez. 

La organización

Por su parte, Gloria Ramírez García, presidenta de la Asociación Nicaragüense de Enfermos de Parkinson Unidos por el Bien Común, manifestó que esta organización trabaja desde hace 19 años con los diagnosticados y sus familiares, realizan charlas sobre el cuido a los pacientes, así como de concientización para que no abandonen a los afectados. 

Además señaló que en Nicaragua no se manejan las estadísticas oficiales de la enfermedad, pero se estima que puede haber entre 300 y 400 pacientes. También apuntó que en la asociación hay inscritas 50 personas, pero no todos asisten a las actividades porque su estado físico no lo permite. La mayoría son hombres y mujeres entre 60 y 80 años.  

Ramírez también dijo que entre los problemas que enfrenta cada paciente es el tratamiento, porque reciben consultas médicas en los hospitales de referencia nacional como el Antonio Lenín Fonseca y el Manolo Morales. 


“A los pacientes le recetan sus medicamentos, pero la mayoría son de escasos recursos económicos. Algunos no compran su tratamiento y no se lo toman. Además de eso son caros, pueden estar entre 400 córdobas cada uno y se debe tomar más de una dosis al día”, afirmó la afectada. 

La enfermedad

El especialista en neurología Walter Díaz explicó que los síntomas del párkinson son temblor (del cuerpo) en reposo, lentitud de movimientos, rigidez para moverse y alteraciones al caminar. 

Además, la enfermedad se produce porque una sustancia conocida como dopamina que envía señales al cerebro y ayudan a coordinar los movimientos corporales empieza a disminuir, y eso hace que vayan apareciendo los síntomas de forma lenta y progresiva, frecuentemente entre los 50 y 60 años. 

“En un 10 por ciento es hereditaria, pero en la mayoría de los casos los pacientes no tienen antecedentes de la enfermedad en su familia. Además se han visto causas como el uso de los plaguicidas que se utilizaron en los años 60 a nivel del agro. También hay párkinson secundario de medicamentos como la cinarizina, que sirve para mareos y supuestamente oxigena el cerebro”, apuntó Díaz.

El especialista manifestó que el enfermo con párkinson permanece con los síntomas entre 20 y 30 años, los cuales afectan su calidad de vida. No obstante, la mayoría va envejeciendo y no están exentos que padezcan de otras enfermedades como: hipertensión, diabetes, entre otros, y estas influyen a que su salud se deteriore más rápidamente y fallezcan, pero la enfermedad en sí afecta la movilidad, pero no causa muerte.