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La encuesta Estigma y Discriminación Nicaragua 2016, realizada por la firma CID Gallup, revela que hay avances sobre la conciencia de los derechos humanos de las personas no heterosexuales; sin embargo, aún hay tres de cada diez nicaragüenses (el 29%) que no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales.

El estudio que se aplica en todos los países de Centroamérica, incluyendo Belice, da a conocer que Nicaragua se encuentra en el tercer lugar de los países de la región con mayor apertura a la diversidad sexual, si se toma en cuenta que en El Salvador, Guatemala y Belice el rechazo a compartir domicilio con una persona homosexual sobrepasa el 30%.

Costa Rica (24%) y Panamá (21%) son los países que muestran, en este sentido, menos discriminación en la región. Nicaragua y Honduras se encuentran igual (29%) respecto al rechazo a la convivencia con personas lesbianas o gais. También hay un 11% de nicaragüenses que dice no saber o no respondió a esta pregunta.

En Nicaragua, otra encuesta del 2013 reveló que el 38% de la población se mostró en desacuerdo a compartir la casa con una persona gay; tres años más tarde, en el 2016, pasó a un 29%, lo que representa una disminución de nueve puntos porcentuales. En ese período la disposición a convivir con una lesbiana o un gay aumentó 2.3%.

Los niveles más altos de rechazo a compartir domicilio se concentran entre las personas mayores de 40 años que solo terminaron la primaria; este grupo presenta un 56% de quienes no aceptarían vivir bajo el mismo techo con una persona homosexual.

En cambio, 7 de cada 10 personas entre 18 y 24 años dicen no tener problemas en convivir con una persona no heterosexual. El 70% cuyo nivel educativo alcanzó la universidad también dice estar de acuerdo.

El estudio sobre estigma y discriminación es una encuesta de opinión a nivel poblacional que Usaid y Pasca desarrollan en los países de la región centroamericana desde 1997, con intervalos de dos a tres años entre los diversos cortes.  
En mayo de 2016, se aplicó este estudio por séptima vez en Nicaragua y se entrevistaron a 1,204 personas. La encuesta posee un nivel de confianza de 95%.

Prejuicios

El psicólogo Juan Daniel González explica que la negación a la convivencia con una persona no heterosexual es una clara muestra de intolerancia y homofobia, pero sobre todo de ignorancia. 

“A pesar de que ya la ciencia ha demostrado que la homosexualidad es innata y que ha existido desde hace millones de años, aún existe la discriminación. Contrario a la homosexualidad, la homofobia se aprende. Es enseñada por los padres y familiares que con sus comentarios y acciones les demuestran o dan a entender a sus hijos que los homosexuales son malas personas y que la homosexualidad es algo que hay que condenar, de lo cual hay que huir o que se puede contagiar”, comentó el especialista.

“Las personas deben estar claras de que la homosexualidad no se pega. Por más que sus hijos interactúen con personas homosexuales no van a ‘aprender’ a ser homosexuales, pero sobre todo deben tener presente que ser gay no es una enfermedad, ni una moda, simplemente es una preferencia sexual”, agregó.

Identidad 

Un 65% de los nicaragüenses confiesa sentirse cómodo trabajando con una persona trans frente a un 20.1% que se manifiesta en contra. La desaprobación a trabajar al lado de una trans pasó de 32%, en el año 2013, al 20.1% en el 2016.

Ludwika Vega, presidenta de la Asociación  Nicaragüense de Mujeres Trans, estas estadísticas le dejan un sabor agridulce. Por un lado, celebra el hecho de que la mayoría de la población se muestre dispuesta a compartir los espacios laborales con las mujeres y los hombres trans, pero, por otro lado, lamenta que en Nicaragua estas personas no accedan a trabajos con mayor remuneración y condición. “Las trans siguen trabajando en salones de belleza, mercados, son las ayudantas de cocina en las comiderías, algunas meseras. No hay ninguna que esté sentada en una oficina porque al querer entrar a empresas formales, en estas se les cierran las puertas a menos que vuelvan a su identidad femenina y esto en parte se debe a que en el país no existe una ley de identidad de género”, lamentó Vega.

En el 2013, el 64.3% de los nicaragüenses rechazaba la idea de que las personas trans tuvieran un documento de identidad que las identifique como quisieran, mientras que en el 2016 ese rechazo bajó a un 47%.

Mientras tanto, la aprobación de la  opinión pública a una eventual ley de identidad de género pasó del 31%, en el 2013, al 38% en el 2016, al afirmar que las personas trans tienen derecho a poseer un documento de identidad que las identifique como quieran.

En cuanto a reconocimiento de las personas trans en el país, la Resolución Ministerial 671-2014 del Minsa establece en el punto tercero que el personal de los establecimientos de salud públicos y privados deberá “llamar a las personas por el nombre elegido según su vivencia de género, entendiéndose por nombre elegido el nombre social utilizado por la persona, todo sin perjuicio de lo establecido por la legislación nacional en lo concerniente a la identidad ciudadana y las normas y manuales para el expediente clínico aprobado por el Ministerio de Salud”.