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En los años 70, las personas veganas y los practicantes de yoga eran vistos como extraños, recuerda Eloy Palaviccini, presidente y guía de la Sociedad Internacional de Realización Divina (Sird). Hoy, sin embargo, existen muchos centros a nivel nacional que promueven esta última disciplina, incluso muchas personas se pueden profesionalizar y convertirse en instructores. 

Fue el Centro Cultural Yoga Devanand el que comenzó a promover estas prácticas en 1970, con la llegada del maestro de origen hindú Swami Guru Devanand Sataswati Ji Maharaj. 

Palaviccini, arquitecto de profesión, dice que el propósito de la filosofía yoga es mejorar la calidad de vida de las personas, pero para eso se necesita “querer un cambio, una transformación”. El auge de esta práctica se debe, según él, “a que otras cosas no están dando resultado”. 

“Esta disciplina es una alternativa ante la búsqueda  de algo superior; las personas  siguen buscando algo más, como la felicidad y sabiduría como estado permanente. La filosofía yoga tiene todo ese requisito o exigencias que quiere la humanidad y por eso la gente la está buscando”, explicó. 

Ximena Gutiérrez, de Buen Karma –Yoga & Vegan Culinary School, coincide en que hay más personas realizando yoga, algunas porque quieren estar en forma y otras para conseguir tranquilidad. 

“Ahorita hay mucho estrés, las personas quieren respuestas instantáneas de todo y así los deseos son más intensos porque el ritmo de vida es más rápido, a más deseo más inconformidad. Yo creo que  la gente busca diferentes cosas, ya sea por cuestiones de salud física,  tranquilidad,  algunos porque quieren transcender su conciencia  y fusionarse con ese Dios que estamos buscando”, explicó la experta. 

Gutiérrez recuerda que hay movimientos dedicados a esta práctica trabajando en el país desde hace unas cuatro décadas y, como ejemplo de ello, está la Gran Fraternidad Universal de Altamira.

“Lo que pasa es que antes era más exclusivo para determinadas comunidades y la gente se asustaba por el tema espiritual, pero luego nos damos cuenta que lo pueden practicar todos. Son simplemente caminos y técnicas espirituales que te van acercar incluso más a tu fe”, argumenta. Un grupo de yoga hace práctica en la ciudad de Estelí,

La clave es la respiración

Gutiérrez dice que el yoga pretende calmar la turbulencia y agitación diaria y para lograrlo se necesita tener un control de la respiración. “Cuando uno está enojado tu ritmo cardíaco y respiratorio es bien rápido.  Si nuestra emoción controla la respiración, significa que yo puedo controlar mis emociones. Respirar más tranquilo, profundo y lento hace que el sistema nervioso se tranquilice”, explicó. 

Esos beneficios se pueden lograr desde la primera clase. Pero, ¿cómo reconocer esos cambios? “Después de la primera sesión tenés un impacto positivo en tu patrón respiratorio, empezás a sentir bienestar porque la insatisfacción se presenta o se da en el futuro de algo que debés hacer o en el pasado de algo que no hiciste y tenés culpa; entonces uno se enfoca en el presente porque tenés que respirar y hacer posturas, el resultado es la tranquilidad. La gente busca lo que llamamos ‘shanti’, que es paz”, señala Gutiérrez.

La meditación es otra disciplina y parte fundamental. El maestro Eloy Palaviccini señala que somos cuerpo, mente y espíritu, esta última está impedida de manifestarse. “A la humanidad le hace falta la parte de desarrollo mental. Se necesita despertar la conciencia, no es lo mismo tener información que tener consciencia de la misma”, apunta.

En Estelí

Hace 15 años, Fernando Salinas asistió por curiosidad a una clase de yoga, pero luego de la primera sesión decidió convertirlo en un estilo de vida. De hecho, ahora también se convirtió en vegano, que es una práctica que rechaza la utilización y consumo de todos los productos y servicios de origen animal. “Estaba en la universidad, en Managua, cuando asistí a un centro y me gustó. Al final de la primera clase sentí la mente más clara, sentí tranquilidad y un cambio a nivel físico. Después experimenté ser vegano para descubrir cómo me sentía y me quedé así. Mi cambio fue drástico”, cuenta. 

Cuando Salinas inició como practicante, en Estelí no existía ningún centro y fue hace tres años que abrió las puertas a su proyecto Yoci Yoga y Cultura Integral. “Cuando comenzamos, la gente se acercó poco a poco y preguntaba de qué se trataba, con el tiempo se acostumbró y ahora tenemos más alumnos, incluso hay otro centro. De hecho, actualmente nosotros ofrecemos certificación con la ayuda de un instructor estadounidense”, detalla Salinas. 

Yoci Yoga contabiliza hasta el momento unos 35 alumnos en su espacio, mientras que Centro Cultural Yoga Devanand  lleva  la enseñanza de diferentes disciplinas de meditación y yoga a 300 personas en la capital, y a más de 1000 en diferentes departamentos del país como Chinandega, Matagalpa, Granada, entre otros. 

¿Cómo pueden certificarse?

Hasta hace unos años esta opción no existía en el país, pero al popularizarse los centros observaron la necesidad de formar instructores certificados que estén preparados para llevar esta enseñanza. 

“Nosotros (en Buen Karma) ofrecemos certificación pero deben tener años y es costosa, es como cualquier profesión y entregás tus propias habilidades. El yoga es sabiduría, pero sí es necesario contar con la guía de un maestro y un aval, un linaje que le llamamos, que es una línea de sucesión de maestros hasta que llegue a vos la bendición de enseñar”, explicó Gutiérrez.

Este aval tiene un costo, porque son muchas horas que el maestro prepara al futuro instructor para ofrecer una práctica segura. “Hay un estándar que es fijo por la alianza de yoga estadounidense, de 200 horas de estudio, para tener el primer nivel básico. Nuestra certificación tiene un costo de 1,600 dólares, incluimos la matrícula y es por un periodo de seis meses”, precisó la experta. 

En el caso del Centro Cultural Yoga Devanand, que se especializa en Mantra Yoga Meditación, solo certifica en esta disciplina, que no tiene un costo pero sí una preparación intensa. 

“Si alguien quiere ser instructor de Mantra Yoga tiene que ser practicante por años y nosotros observamos el comportamiento de esta persona, su entusiasmo, constancia, aspectos morales y éticos. No hay un tiempo definido porque es una práctica mental,  ni exige ningún cobro, solamente el entusiasmo”, señala Eloy Palaviccini, director de este centro.

Hacer posturas o meditación no es el único objetivo de estas disciplinas. Los expertos dicen que las personas terminan adoptándola como un estilo de vida , que incide en su alimentación y comportamiento.  “Hablamos del tema de alimentación consciente  porque nos alimentamos de cuatro fuentes principales de energía: la comida, respiración, el descanso y la mente”, enseña Palaviccini. 

Al igual que Fernando Salinas, muchas personas terminan convirtiéndose al veganismo para el cuido de su salud, de hecho el Centro Cultural Yoga Devanand ofrece cursos de gastronomía vegetariana y con  ocho de estos talleres se puede convertir en chef. 

“El yoga es un estilo de vida, el camino de las ocho ramas y la primera tienen que ver con los comportamientos éticos. Y el primero es aahimsa, ‘no violencia’, que es estar consciente de que en ninguno de tus actos vas a promover  o provocar sufrimiento”, señala Ximena Gutiérrez.