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Este libro debió ser publicado hace diez o veinte años. Después de todo, la Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción de María fue inaugurada el 3 de septiembre de 1993, en un acto triunfal en el que el cardenal Miguel Obando y Bravo, a la cabeza de una multitud devota y creyente, procedió a consagrarla en un acto solemne, digno y hermoso, donde pueblo, obispo y autoridades se reunieron para celebrar este enorme acontecimiento. 

Así empieza el prefacio del libro “La última gran catedral del Siglo XX”, el destacado arquitecto nicaragüense José  Francisco Terán, en el que plasma sus memorias y revela detalles como coordinador y director general de la construcción de la actual Catedral de Managua. 

La recopilación de datos para hacer el libro fue inmensa. Más de 2,000 páginas de documentos procedentes de la empresa constructora y los planos originales fueron revisadas. Cardenales y donantes fueron entrevistados. 

Luego del terremoto de 1972, el país se quedó sin catedral. El libro inicia con una carta que un misionero de la Arquidiócesis de Boston, Estados Unidos, que se encontraba en Honduras, le envía al cardenal Bernard Low, donde solicita la construcción de la nueva catedral para Nicaragua, texto que originó uno de los proyectos de construcción más importantes del siglo XX.

Terán fue el arquitecto que diseñó el Teatro Nacional Rubén Darío y numerosos proyectos residenciales de la capital. Actualmente reside en Estados Unidos.

¿Cómo surgió el proyecto de construir una nueva catedral para Nicaragua?

Esta catedral es una obra arquitectónica financiada principalmente por el señor Tom Monaghan, dueño de la cadena Domino´s Pizza y del equipo los Tigres de Detroit. Costó US$4.7 millones, de los cuales este empresario católico estadounidense puso cuatro millones. Lo mágico de este proyecto es que tiene una historia única. Desde el terremoto de 1972, Managua llevaba 17 años sin catedral cuando se comenzó con el proyecto de la nueva catedral para Managua.

La catedral se sentía como una necesidad en El Vaticano. El papa Juan Pablo II no se sentía tranquilo de que el único cardenal que había en Centroamérica, Miguel Obando y Bravo, no tuviera catedral.

El principal cardenal americano con el que se comunicaba el Papa era Bernard Low, de Boston, pero un Papa y cardenal bien intencionados no hacen una catedral. Ahí vino lo que llamo un milagro.

Había un cura misionero de la Arquidiócesis de Boston que estaba en un pueblito del norte de Honduras. A este hombre se le ocurre un día escribirle una carta al cardenal de Boston sobre el hecho de que al lado de Honduras había un país llamado Nicaragua que no tenía catedral y que era necesario construirla. Entre las razones que el cura le da al cardenal es que el país estaba bajo el comunismo, y era necesaria la existencia de un templo importante en Managua. Estamos hablando de octubre de 1989.

A la Arquidiócesis de Boston llegan un sinnúmero cartas, pero el cardenal saca la carta de su misionero que tiene en Honduras y comienza a pensar qué podía hacer para construir una catedral en Nicaragua. En ese momento llama a su amigo Tom Monaghan, el dueño de Domino´s Pizza y del equipo Los Tigres de Detroit, y le pide que le ayude a construir la catedral. Tom inmediatamente aceptó. 

Otra casualidad: este empresario tiene una fundación que financia la construcción de capillas en el mundo, y esta fundación estaba a cargo de un muchacho que se llama Joe Davis, que acababa de editar un libro del nicaragüense Humberto Belli, y así Davis al conocer más sobre Nicaragua apoya que Domino´s Foundation ayude la construcción de la catedral.

¿Cómo es que dan con usted?

Mi familia tenía aquí en Nicaragua una constructora, pero nos tuvimos que ir a Estados Unidos. Allá yo seguí trabajando como arquitecto y había hecho mi clientela. Este empresario cada año otorga premios a 30 de los mejores arquitectos seleccionados por prestigiosas universidades. 

En enero de 1989, Monaghan llega a Managua para reunirse con el cardenal Obando, quien ya había dado a hacer planos para construir la catedral y se los presenta al donante. Era una catedral prefabricada, de acero, chapada en madera, una cosa totalmente criolla y Monaghan le dice que él se compromete  a financiar la catedral pero no la que le estaba presentando. El cardenal Obando acepta y al día siguiente van a ver el terreno donde se construiría la catedral, el terreno estaba frente al Colegio Pedagógico La Salle, donde ya habían puesto la primera piedra. Monaghan sigue recorriendo Managua y visualiza los terrenos donde está ahora la catedral y él se da cuenta que esa iba llegar a ser la vía principal de Managua y le dice al cardenal que no estaba de acuerdo con el otro terreno. Finalmente el cardenal Obando consigue que le donen el terreno actual y comienza la construcción. 

Pero, ¿cómo es que dan con usted para ser el director general de la obra?

La selección del arquitecto quedó en manos del empresario Monaghan y acordate que él entregaba premios a los mejores 30 arquitectos en Estados Unidos cada año. El mismo día que él estaba hospedado aquí en Managua comienza a revisar su lista de los 30 escogidos. Él quería un verdadero arquitecto latino, y así dio con el mexicano Ricardo Legorreta (q.e.p.d.), lo llaman y le pide que diseñe la catedral de Managua. 

Yo vengo a Nicaragua en mayo de 1990, y me entero que estaba el plan de hacer una catedral y que quien estaba bajo el mando era Tom Monaghan, que había sido mi compañero de universidad. A través de Joe Davis, el encargado de la fundación, entré en contacto con Monaghan y me llama para verme. Él ya conocía mi trabajo y me hizo el tiro: me dijo que necesitaba una persona de confianza, y qué mejor que yo que era nicaragüense. Dudé por la tremenda responsabilidad que implicaba, pero al final terminé aceptando.

¿Cuándo comienzan las obras de construcción en sí?

Después de todas las reuniones de 1990, el contrato para la construcción se firmó en julio de 1991. Pero de septiembre de 1990, hasta julio de 1991, pasamos haciendo los diseños. Estábamos bajo la tutela de una comisión que había nombrado el Vaticano para todo lo que tiene que ver con la liturgia, para que todo el diseño no fuera en contra de las reglas de la Iglesia de dónde debía estar ubicada cada cosa. Dentro de esa comisión estaba monseñor Leopoldo Brenes.  Las obras iniciaron a mediados de agosto. 

¿Cuántos trabajadores participaron en la construcción y qué retos supuso?

Llegamos a tener hasta 212 obreros, pero generalmente se manejaban 110 con 20 ingenieros.  Se nos avisa de una visita del papa Juan Pablo II para octubre 1992, para bendecir la nueva catedral, ¡ay, Dios mío!, eso significó que teníamos que construir en un año una catedral. Tuvimos que poner en marcha un programa de alto nivel forzado que se trabajaban dos y hasta tres turnos. El trabajo que hicieron los obreros nicaragüenses es digno de reconocer. Al final se descartó la visita del Papa por problemas de salud y terminamos la obra en  julio-agosto de 1993.

Todo el material que se usó fue conseguido aquí en Nicaragua, pero aquí no había equipos idóneos, la maquinaria era vieja. El país se estaba levantando de la guerra. Rezábamos para que la grúa que teníamos llegara hasta arriba como esperábamos y todo se fue dando. Por eso y más es que digo es que esta catedral es un milagro.

¿Cuántas cúpulas tiene el techo de la catedral y por qué?

Tiene 63 cúpulas y cada una de ellas es un ventilador estático en el que la forma curva aumenta la superficie de contacto con el sol que produce el calor. Pero por encima de la cúpula hay un cubo que tiene un vidrio inclinado: por encima resbala el agua y por debajo sale el calor. La función de todas esas cúpulas encima de la catedral es crear una nube de calor que chupe el aire fresco de abajo, y por eso la catedral es fresca porque los ventiladores de arriba están funcionando todo el tiempo sin necesidad de energía. Además que, las puertas laterales que dan hacia el este-sureste funcionan como ventiladores porque por ahí cruza el aire que viene del noreste hacia el suroeste y se da el efecto de ventilación cruzada.

¿Cuánto mide la obra gris de la catedral?

Son 5,000 metros cúbicos de concreto, pero el terreno son 18 manzanas. En el resto del terreno se hicieron gradas de 15 metros de ancho porque el terreno es inclinado. El diseño es moderno, funcional y trata de tener una expresión mística y sagrada en la forma cómo se introduce la luz. 

Managua es una ciudad sísmica, ¿qué magnitud de sismo puede resistir el edificio?

Hubo un problema grandísimo cuando ya estábamos construyendo y tuvimos que parar la construcción por 70 días. Nos dimos cuenta que la catedral no iba poder aguantar un sismo superior a los cuatro grados. Las columnas no eran adecuadas. La catedral era muy controversial, muy criticada. Tuvimos que hacer cosas en el perímetro que no fueran importantes y hacer creer que todo seguía normal. 

Tuve que llamar a mi amigo nicaragüense Javier Horvilleur Cuadra (q.e.p.d.) que era jefe de diseño de una de las firmas de diseño más importantes de Estados Unidos en ese momento, y le pedí que nos hiciera una revisión detallada de los planos, diseño, de todo. Mandamos todos los documentos a la compañía y él designó a un ingeniero que tuvo que rediseñar toda la estructura de la catedral. Eso lo hizo en 40 días y costó 150,000 dólares más unos 200,000 dólares en inversiones adicionales que no eran parte del presupuesto inicial.

Ya con el nuevo diseño fácilmente puede resistir un terremoto de siete grados si en la remodelación que le van hacer no le tocan las paredes perimetrales que tiene la catedral, que son las que resisten el sismo. 

¿Esta catedral necesita mantenimiento o se le han hecho retoques?, ¿qué sabe?

El diseño, el concepto que nosotros trabajamos ha estado ahí desde que se inauguró hasta el año  2015. A partir de ahí entra un programa de remodelación que está en proceso y no sabemos en qué va terminar. Mantenimiento necesita, pero muy poco.