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Retrasar el uso de la insulina como tratamiento para los pacientes diabéticos desemboca en mayores complicaciones de salud, y la razón más común de que esto suceda es la negativa de los pacientes para consumirla. 

Así lo explicó la endocrinóloga Lucy Villagra, quien participó ayer en el XXV Congreso Nacional de Medicina Interna, el cual culmina el día de hoy y reunió a unos 600 médicos generales e internistas de todo el país.

“Hay muchos mitos alrededor de la insulina. Como se usa tardíamente, ya el paciente va teniendo complicaciones, entonces eso les genera el temor, creen que la insulina les hace daño”, aseguró la doctora, quien labora en el hospital Antonio Lenín Fonseca.

Algunos de los temores y mitos asociados con la insulina es que esta provoca ceguera o daños renales. “Lo primero que te dice la gente es que los va a dejar ciegos, que les va a dañar el riñón, pero no saben que es el azúcar la causante de esos problemas”, comentó por su parte Wilfredo Ávila, médico general del centro de salud de Ciudad Sandino.

Mientras que la endocrinóloga Arlen Fuentes añade el miedo a usar tratamiento inyectable como otra de las posibles causas. Sin embargo, destacó que “ahora hay dispositivos más chiquitos, que son prácticamente imperceptibles las agujas por lo pequeñas que son y menos dolorosas”.

Villagra destacó que el uso de la insulina es muy seguro, de hecho el mayor riesgo de esta medicación es la baja excesiva en los niveles de azúcar, pero son reacciones que un médico entrenado es capaz de controlar. 

“Mientras más temprano se use la insulina, más beneficios tiene. Usarla puede ser incluso temporal, porque uno lo que quiere es sacar al paciente del exceso de glucosa, y una vez logrado se puede regresar al uso de medicamentos orales”, agregó la endocrinóloga, aunque esto es para los pacientes de diabetes tipo 2, quienes tienen reservas de insulina en su cuerpo.

La insulina está disponible en los centros médicos públicos del Ministerio de Salud (Minsa) y de forma privada los costos varían: desde los frascos convencionales que cuestan C$200 hasta los que rondan los C$700 córdobas. 

Último recurso

Otra de las razones por las que se retrasa el uso de la insulina es que algunos médicos la utilizan como última instancia, consideró la doctora Arlen Fuentes, subespecialista del hospital Carlos Roberto Huembes.

“Los médicos generales dejan la insulina como el último paso, y está demostrado que si hacemos eso hay más muertos por diabetes, ya que hay más complicaciones crónicas como ceguera, infartos, derrames, enfermedad renal crónica”, dijo Fuentes.

Con lo anterior concuerda Villagra, quien añadió que “los médicos generales no están entrenados a un nivel óptimo (en el tratamiento de la diabetes), y son ellos quienes en su mayoría atienden a los pacientes diabéticos, porque son la primera línea de contacto con la gente en los puestos de salud”. 

Ávila, el médico general de Ciudad Sandino, afirmó que en su centro de salud hay dos internistas, a quienes remite los pacientes diabéticos que asisten a consulta. Aunque destacó que en otros centros de salud no hay internistas, por lo que son los propios médicos generales quienes se encargan de su atención. 

Por ello, Villagra promueve que los médicos generales se entrenen en diabetes “porque hay tantos casos de diabéticos que no darían abasto los internistas”.

De hecho, el Minsa atendió durante el año pasado a 84,183 personas con diabetes en todo el país, de acuerdo con el Mapa de Padecimientos de Salud de ese ministerio.  Mientras que en las Instituciones Proveedoras de Servicios de Salud (IPSS) del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) el 27% de los pacientes atendidos con enfermedades crónicas eran diabéticos. 

Villagra afirmó que tanto los médicos generales como los internistas pueden mejorar a través de capacitaciones, como los diplomados que ofrece el Minsa y la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), del que se gradúan como diabetólogos. 

Pocos endocrinólogos e internistas

En la cadena de atención de la diabetes, se encuentran el médico general, luego el diabetólogo, posteriormente médicos internistas y finalmente los endocrinólogos, quienes están “más familiarizados con los medicamentos más especializados para la diabetes”, apuntó Fuentes. 

De acuerdo con los datos de la Asociación Nicaragüense de Endocrinología hay quince endocrinólogos en el país: la mitad de ellos atiende a adultos, y la otra mitad a niños. “Hacen falta endocrinólogos, la mayoría de internistas se decantan por otras subespecialidades”, señaló Villagra. 

Mientras que los médicos internistas, de acuerdo con datos de la fuerza laboral del Minsa para octubre de 2015, eran 231 a nivel nacional trabajando en puestos de salud públicos. De esos, 71 se localizaban en  Managua y sus municipios.