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Pocas o casi ninguna de las nicaragüenses que sufrió abuso sexual durante su niñez llevó su caso a los tribunales, debido a que rompen el silencio siendo adultas, cuando el delito ha prescrito, explica la psicoterapeuta Nora Rugama, especialista de la Fundación Aguas Bravas, que atiende a mujeres que fueron víctimas de abuso en su niñez o adolescencia. 

Cuando las mujeres llegan a Aguas Bravas, en donde anualmente se asiste a un aproximado de 300 mujeres mayores de 18 años de edad, no “buscan” denunciar el delito, jurídicamente hablando. 

“La mayoría de las mujeres viene con la intención de dejar de sufrir, porque ya no aguantan el dolor que el abuso sexual les dejó; porque el abuso sexual se termina y entendemos que desde lo jurídico prescribe el delito, pero tu dolor no prescribe”, precisó la psicoterapeuta. 

Rugama sostuvo que las consecuencias del abuso sexual en etapas tempranas de la vida continúan repercutiendo en la vida adulta de las mujeres, que son más afectadas por este problema que los niños, y es por eso que se precisa de atención y acompañamiento de la sociedad, de las familias, de los profesionales de la salud y del Estado para lograr que las mujeres puedan recuperar la confianza.  

En Nicaragua, unas 4,941 personas fueron valoradas por violencia sexual el año pasado, según registros oficiales del Instituto de Medicina Legal (IML). Más de la mitad de estas valoraciones médicas fueron aplicadas a niñas y niños menores de 17 años. 

La tasa de incidencia del abuso sexual infantil en el país es de 78 personas por cada 100,000 habitantes, según las estadísticas del IML.  

Quienes han sido afectadas por el abuso sexual tienen más inseguridad, y desconfianza en sí mismas y en los demás; se les dificulta tomar decisiones, poner límites y decir que no, precisó la psicóloga Rugama. 

“Son dificultades de la vida cotidiana pero que muchas de ellas tienen su raíz en el abuso sexual”, señaló. 

Asimismo, las secuelas del abuso sexual en la niñez y adolescencia afectan algunas capacidades básicas de las mujeres, como la alimentación, el suelo y las relaciones, que inciden en la vida cotidiana de cada una de ellas, agregó Rugama. 

Sentimiento de culpa

Por su parte, la psicoterapeuta Anielka Escobar afirmó que como las víctimas se sienten culpables por lo ocurrido, también tienen afectaciones físicas que se desencadenan en dolores de cabeza, migrañas, gastritis y otras enfermedades. 

“A diferencia de lo que se cree de ‘No lo digas, porque eso se le olvida al niño o niña’, no es así. El tiempo lo que va haciendo es garantizar que la secuela se complejice y el cuerpo empieza a somatizar el dolor”, indicó Escobar.

El abuso sexual es una problemática que afecta no solo a los niños, también a su entorno. Usualmente las familias se dividen entre quienes les creen a la víctima y quienes no, sostuvo la psicóloga Rugama. 

“Lo que pasa comúnmente es que se le culpa a la niña, se les pregunta a las mujeres: ‘¿Por qué te callaste? ¿Por qué hablás de eso hasta ahora?’. Se invisibiliza de esa manera al agresor, se culpa a la mamá. ¿Dónde estaba tu mamá y por qué no te protegió?”, afirma la especialista. 

Hablar del abuso sexual y denunciar a los abusadores es complicado porque generalmente estas son figuras de poder en las familias y la comunidad: padres, tíos, hermanos, abuelos, sacerdotes, pastores o líderes políticos, acotó Rugama. 

“Es un dilema impresionante para todas las personas que están alrededor, es algo sumamente duro”, comentó.  

Delito prescribe 

Por otro lado, el marco jurídico no respalda a las mujeres que se deciden a romper el silencio cuando son adultas, el Código Penal de Nicaragua estipula que el delito de abuso sexual prescribe después de veinte años. 

“No existe una ley que nos respalde, eso es muy doloroso. Debería ser un derecho denunciar, pero aquí no existe; no poder denunciar es como volver al duelo”, agregó la psicóloga Anielka Escobar. 

El Código Penal de Nicaragua establece que el delito de abuso sexual infantil prescribe después de veinte años de ocurrido el hecho.

Creer en la niñez

Desde la Fundación Aguas Bravas, las especialistas consideran que aún es importante que la sociedad nicaragüense pueda creerle a los niños y niñas, que los profesionales de salud estén capacitados para detectar indicadores de abuso sexual y sobre todo, prevenir que esta situación continúe afectando a más personas. 

La psicoterapeuta Nora Rugama también consideró que esta problemática está ligada al machismo. “Todo viene desde esta cultura machista en la que vivimos. Niñas, niños y mujeres somos considerados personas de segunda categoría, y de ahí el abusador lo que hace es tratar el cuerpo del niño o niña como una cosa”
Ambas psicoterapeutas coinciden en que nunca es tarde para “trabajar” el abuso sexual, independientemente de la edad. “Quienes vivimos abuso sexual tenemos mucho qué hablar, tenemos también que contar nuestra verdad, la verdadera historia”, concluyó Escobar.