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El 68% de hombres que presenciaron violencia contra su mamá y el 44% de los que no la presenciaron ejercen algún tipo de violencia con sus parejas, de acuerdo con los resultados del más reciente estudio del Centro de Análisis Sociocultural (CASC) de la Universidad Centroamericana (UCA) denominado “Masculinidades y violencias”.

En este estudio se encuestaron a 1,206 hombres de 40 barrios de  Managua, Tipitapa y Ciudad Sandino.

“La violencia debe ser entendida como un ciclo que si no se rompe desde la infancia es altamente reproducible en la edad adulta. Es por eso que se insiste en el ejemplo. Está claro que si un niño es testigo de violencia y ve que esa mamá no reacciona y por el contrario es sumisa, el niño tiende a normalizar el hecho y va querer ser violento con las mujeres, porque además desde niño se le enseña que su papá es como el modelo a seguir”, explica el psicólogo Juan Daniel González. 

El estudio, realizado por Sebastián Hernández, Douglas Castro y Kevin Jackson, también identificó que el 60% de los hombres que fueron víctimas de violencia y el 31% de los que no fueron víctimas reconocen ejercer violencia a sus parejas.

“El CASC ha constatado que en Nicaragua hay violencia estructural, pero últimamente se han desatado muchas formas de violencia ligada al género y la cultura por la forma en cómo se han educado a los hombres.  Hay mucha práctica de acoso, la violencia sexual, psicológica, verbal y económica”, asegura Mario Sánchez, del CASC.

Otro de los datos descubiertos es que el 58% de los hombres casados, el 54% de los que están en unión libre y el 41% de los hombres solteros ejercen algún tipo de violencia  sobre las mujeres.

“Para que los hombres ejerzan o no cualquier tipo de violencia hemos visto que es determinante el nivel educativo, la religión y el involucramiento de los padres en las actividades hogareñas”, comenta Sánchez.

El estudio indica que “los casos de machismo más severo suelen darse donde ha habido menos educación, la creencia religiosa influye y también tiene que ver con que sus padres se involucraron poco en la educación y el cuido de los niños o hubo ausencia paternal”.

“Al no haber un hombre que se involucre en estos quehaceres, cuando los hombres van creciendo tiene un mal referente de lo que es ser hombres. Hay una naturalización de la irresponsabilidad paterna y eso al final también es un detonante de violencia”, señala el psicólogo Juan Daniel González.

Perfiles de masculinidad

La investigación giró en torno a tres ejes: distribución de los hombres según perfiles de masculinidad (actitudes de género, control sobre la pareja y aversión hacia la homosexualidad), factores socioculturales que ubican a estos hombres en cada uno de estos perfiles y patrones de violencia de los hombres según perfil.

El estudio identificó cinco perfiles de masculinidad, de esta forma se encontraron dos grupos que se apartan de las posiciones intermedias y que son mayoritarias. Uno de estos muestra posiciones bastante positivas frente al género, se trata del perfil dos, que representa el 8% de la muestra.

Otro grupo, el perfil cuatro, muestra posiciones muy negativas y violentas y representa el 4% de la muestra. Por su parte el perfil uno (31%), perfil tres (35%) y perfil cinco (22%) se distribuyen de manera intermedia y proporcional en sus valoraciones.

 Los extremos

En el estudio del CASC se indica que el 8% de los hombres del total de la muestra (que fue de 1,206) son los que se sitúan en una posición más positiva en su relación con su pareja, en su manera de la representación con su masculinidad, son los que menos controlan y tienen más apertura a la diversidad.

“Apenas el 8% de los hombres son los que rompen con la masculinidad hegemónica. No están controlando la ubicación de su pareja, cómo se visten, son hombres muy abiertos y bastante humanizados. En estos hombres hay mecanismos de diálogo y se comparten más responsabilidades económicas en pareja. Los machistas no permiten que la mujer trabaje o tenga independencia económica”, puntualiza Mario Sánchez, del CASC.

Por otro lado, el 4% de los hombres son extremadamente machistas y en el estudio están agrupados en el perfil cuatro. “En ellos hay un gran rechazo a las ideas de género, el feminismo y la igualdad”, explica Sánchez.

Otro de los hallazgos que revela el estudio es que en cuanto a violencia física hacia las mujeres, esta es ejercida por el 19% de los hombres en unión libre, el 16% de los casados y el 8% de los solteros. Quienes más ejercen violencia física son los hombres de entre 25 y 49 años.

El Instituto de Medicina Legal (IML) realizó el año pasado 11,553 peritajes a mujeres por violencia física, lo que  equivale a 32 peritajes por día. 

En Nicaragua, de 14,540 peritajes hechos por lesiones psíquicas el año pasado en el IML, 12,635 fueron practicados a mujeres, lo que representa el 87%.

Lesión psíquicas

“Las lesiones psíquicas se dan cuando una mujer es humillada, le gritan, la ofenden o es descalificada, pero estas lesiones evolucionan a violencia física y posteriormente pueden terminar en femicidios”, explica Evelyn  Flores, de la Red Mujeres Contra la Violencia. 

Según Flores este tipo de agresiones las mujeres lo viven a diario, sin importar si están casadas o no y “esto afecta su salud mental y su salud física, lo cual es grave”.

“Los hombres piensan que la violencia es una forma de hacer valer la masculinidad o la hombría. En el caso de los machistas extremos la violencia es un recurso recurrente”, agrega el psicólogo González.

Recomendaciones

Entre las conclusiones del estudio “Masculinidades y violencias” destaca que para prevenir el ejercicio de estos tipos de prácticas es importante realizar campañas que promuevan la corresponsabilidad de los hombres en las actividades reproductivas, el cuido de los niños, la educación y los quehaceres domésticos.

“El papel que pueden jugar las iglesias podría apostar más a la prevención que a reforzar ciertos patrones. Es un tema que debería discutirse más allá de los planteamientos convencionales, sino más bien desde un punto de vista ligado a la dignidad de las personas”