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Entre el 11 de enero y el 6 de septiembre de este año han arribado al país 13 vuelos con al menos 405 nicaragüenses deportados de Estados Unidos, de acuerdo con reportes de medios oficialistas.

El último vuelo arribó al Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, de Managua, el pasado miércoles seis de septiembre. 

El pasado 19 de abril llegó al país el sexto vuelo con 56 nicaragüenses deportados. Ese día volvió Alfredo Baca, quien tenía 30 año de estar viviendo en Miami, Florida.

A su regreso recordó ante medios oficialistas, la noche en que fue detenido en Miami. Cenaba con su esposa cuando agentes policiales le pidieron documentos, pero permanecía en el país de forma ilegal. En Miami quedó su esposa junto a sus cinco hijos nacidos en Estados Unidos. “Eso es lo que más me duele”, dijo Baca.

En efecto, la desintegración familiar una de las consecuencias más dolorosas de la deportación, afirma el psicólogo Juan Daniel González. 

“La mayoría de las consecuencias en estos casos suelen ser emocionales y pueden desencadenar otros problemas. Estas personas experimentan un sentimiento de fracaso por no haber alcanzado su objetivo, angustia y frustración por estar lejos de su familia”, explica el especialista. 

A nivel psicológico también desarrollan un nivel de miedo e ira, por el trato que sufren durante el proceso de deportación, agrega el psicólogo González. 

“Todas estas emociones juntas provocan que se les dificulte la readaptación social, ya que generalmente tienden al aislamiento. Otros hasta sienten un grado de vergüenza y caen en depresión”, señala González.

Miriam Reyes, responsable de Atención Legal del Servicio Jesuita para Migrantes de Nicaragua, indica que además hay un impacto económico, pero a la vez sienten una “anulación del proyecto de vida”.

“(Ellos) no encuentran sentido a su vida en un país que muchas veces no brinda respuestas a sus necesidades, y su único fin es estar en aquel otro en donde tenían ciertas facilidades. Esa anulación y depresión se agudiza en aquellas personas que dejan a sus familias en el país deportador o cuando emigraron a sus pocos años de edad,  y su remoción implica un desarraigo total con su país de origen”, comenta Reyes.

Impacto económico

Desde el año 2007 hasta agosto del año 2015 la Dirección General Consular había atendido al menos 9,340 nicaragüenses deportados de Estados Unidos,  que llegaron en 124 vuelos.

El año pasado Nicaragua recibió US$1,264.1 millones en concepto de remesas familiares, según cifras oficiales. 

En el informe “Estado de la Economía y Perspectivas 2017” del Banco Central de Nicaragua, se detalla que las remesas que entran al país provienen principalmente de Estados Unidos y Costa Rica.