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Tomado de opiniongranada.es
“A nosotros no se nos ha muerto la esperanza”. Así de contundente se muestra el jesuita nicaragüense Fernando Cardenal en la última frase de su libro autobiográfico ‘Junto a mi pueblo, con su Revolución’, que ayer presentó en la Facultad de Ciencias Políticas, y en el que repasa toda su trayectoria vital desde que decidió abrazar la “opción preferencial por los pobres” que propugnaba la denominada Teología de la Liberación, hasta llegar a formar parte del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la guerrilla que derrocó al dictador Anastasio Somoza, en Nicaragua, y en cuyo gobierno desempeñó el cargo de ministro de Educación.

Ayer, justo antes de la presentación, Cardenal, que cumplió 75 años en enero, recordó a este periódico cómo decidió comprometerse, para el resto de su vida, con las causas justas. “Cuando terminé mi formación académica como jesuita me faltaba un curso, como un noviciado final de nueve meses. A mí me agradaba ir a Europa para hacerlo, a Madrid, conocer Italia, El Vaticano... pero tenía una inquietud, quería tener una experiencia con la vida de los pobres, ya que nunca la había tenido, así que pedí ir a Colombia.

Allí, en Medellín, estuve en un barrio llamado ‘Pablo VI, un lugar donde todo el mundo estaba sin trabajo, donde la pobreza era tremenda. Entonces tuve claro que eso era insoportable”. Giro vital. La experiencia fue tan intensa que decidió darle un giro de 180 grados a su vida. “Me comprometí desde entonces a luchar por la liberación de los pueblos lo que me quedara de vida”. La opción preferencial por los pobres de la Teología de la Liberación le acercó, irremediablemente, al movimiento cada vez más intenso que en Nicaragua se estaba produciendo contra la dictadura del clan Somoza.

El asunto del ateísmo

El FSLN, un movimiento posicionado claramente hacia la izquierda, era la fuerza guerrillera que había tomado la iniciativa para acabar con la tiranía somocista. Pero Fernando Cardenal enseguida tuvo claro que el marxismo no era incompatible, como se había hecho creer, con el cristianismo. “Marx tiene en su obra ‘El materialismo histórico’ el ateísmo, algo que no podía aceptar como católico, pero en su obra más importante, con la que se jugaba el día a día en la revolución, que es ‘El Capital’, ahí habla contra el capitalismo, y en eso no hay ni una sola idea que yo no pueda aceptar”. FSLN. La primera vez que Cardenal habló con un comandante de la revolución le preguntó qué opinaba sobre las personas creyentes, porque él sabía que “en Cuba, por ejemplo, no se podía ser militante del Partido Comunista y cristiano”.

El comandante le dijo: “A vos no te debe interesar que yo crea que cuando me muera mi cuerpo se vaya a desintegrar en la tierra sin más, ni a mí que vos creás que cuando murás estará la vida eterna. Lo que nos debe interesar es saber si podemos trabajar juntos por una revolución para conseguir una nueva Nicaragua más justa”. Fue el empujón definitivo para que Fernando Cardenal pasara a formar parte del FSLN. Alfabetización. La revolución triunfó el 19 de julio de 1979 y Cardenal fue el responsable de uno de sus logros más celebrados, la Cruzada Nacional de Alfabetización, un proyecto que coordinó y que supuso una reducción radical de las cifras de analfabetismo. “Lo más bello fue la participación de 60,000 jóvenes que se fueron a vivir a las montañas, con los campesinos, viviendo como ellos y con una capacidad de entrega fantástica”.

EU y el Vaticano en los 80

La campaña logró bajar la tasa del 51% de analfabetismo al 12.9% y fue premiada por la Unesco. El Vaticano. La revolución sandinista tuvo un enemigo declarado en EU y otro en el Vaticano. Prueba de ello fue la reprimenda que Juan Pablo II echó en público a su hermano Ernesto Cardenal, en 1983, durante su visita a Nicaragua. “Juan Pablo II tenía mucha desinformación. Habló como si estuviera en Polonia, porque tenía marcada la persecución de los comunistas contra los católicos, pero eso no ocurría en Nicaragua”.

La corrupción del FSLN y los que volverán

Aunque Benedicto XVI no se identifica precisamente con los sectores más progresistas de la Iglesia, Cardenal admite que “aún no se ha metido con la Teología de la Liberación”. Discreto, y sin ganas de polemizar, el jesuita prefiere no pronunciarse respecto a las declaraciones de Ratzinger en África sobre el preservativo, “para no meterme en un problema serio”. La Nicaragua de hoy, en la que el FSLN de Daniel Ortega está en el poder, no tiene mucho que ver con la de los sueños de la revolución. “Cuando se perdieron las elecciones de 1990, algunos comandantes sandinistas se repartieron dinero del Estado para su beneficio. Ahí empezó la corrupción, y hasta ahorita”. Sigue siendo optimista en que Nicaragua vuelva a tener una oportunidad para cumplir los sueños revolucionarios que se truncaron. “Confío en que los jóvenes nicaragüenses volverán a las calles para hacer historia”, concluye.