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El nuevo libro de Jorge Eduardo Arellano, El Cine entre los Nicas, en opinión del escritor y filósofo Pablo Kraudy, “concilia la lucidez crítica y la investigación a fondo”, constituyendo un rescate histórico-cultural único. 

La obra editada por su autor, según Bayardo Cuadra, despliega en sus 341 páginas más de treinta ilustraciones y dos secciones con unos veintitantos capítulos–, “un caleidoscopio de la cultura cinematográfica de Nicaragua a lo largo del siglo veinte”. Pero llega hasta 1978. 

Incorporando el séptimo arte a su colección de obras, Jorge Eduardo Arellano asegura que este libro constituye un homenaje al arte del celuloide, a sus íconos de antaño y a todos los que lo amaron en Nicaragua, considerándolo el más popular del siglo XX.

El libro será presentado el jueves 21 de septiembre, en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, a las 6:30 de la tarde.  

¿A qué se debe la delimitación cronológica al siglo XX que presenta en el libro? 

A una sencilla razón. Existen, al menos, seis obras que desarrollan pormenorizadamente la producción cinematográfica del país a partir del 79. Y yo deseaba aportar otra cosa: la recepción del cine a nivel popular y culto, su influencia en la moral pública, en la sociedad y en la literatura, entre otros múltiples aspectos. 

¿Incluye su obra a los cinéfilos?

Desde luego. En el estudio preliminar y en la primera sección (“Textos impostergables”) destaco ampliamente a los más grandes cinéfilos del país: Mario Cajina-Vega (1929-1995), Horacio Peña, Sergio Ramírez, Franklin Caldera y Ramiro Argüello (1943-2017). Precisamente, la desaparición de Ramiro el pasado 5 de enero me motivó a ejecutar esta iniciativa. A los cinco (y un poco menos a otros, como Roberto Cuadra, Rolando Steiner y Guillermo Rothschuh Tablada) les dedico capítulos enteros.

¿Cuáles fueron sus fuentes?

Imposibles enumerarlas todas. Pero es posible resumirlas: 10 documentos singulares como guiones y textos desconocidos; 49 libros específicos sobre cine; 47 libros con información sobre la actividad cinematográfica de Nicaragua y 106 artículos de cronistas extranjeros y nacionales sobre la materia. Los últimos proceden de 49 revistas y periódicos, aparecidos desde los años veinte hasta nuestros días. 

¿Dónde encontró más información?

En la Hemeroteca Nacional Manolo Cuadra, a cuyo personal agradezco su fina atención permanente; pero no debo restar importancia a los datos localizados en la Biblioteca del Banco Central y en mi estudio personal. Allí acumulaba mucho material que me fue útil. 

¿Dispuso de otras ayudas?

Naturalmente. Catorce fueron las personas amigas que me facilitaron impresos valiosos. A todas les reconozco su generosidad en las páginas iniciales. Pero especialmente me animaron Franklin Caldera y Bayardo Cuadra: con ellos, siempre eficaces y disponibles, aprendí mucho. Y no puedo dejar de citar los documentos extraordinarios que me cedió Eduardo Pérez-Valle hijo y una obra excepcional que me obsequió Humberto Ortega Saavedra, editada en Buenos Aires, en 2015, por la cinéfila nicaragüense Tamara Caldera Turcios: A / Zeta: Guía al mundo del cine. 

¿Cuántas novedades contiene su obra? 

Muchas. En un resumen final, expuesto en forma de 31 preguntas y respuestas, las enumero. Habría que repasar los capítulos de la segunda sección, en los cuales se amplía y corrige la obra de Karly Gaitán Morales, primera cronista nica de nuestro cine. Los cinco anteriores a ella son extranjeros: un boliviano, un cubiche, un italiano, un gringo y una tica. Esos nueve capítulos se titulan: “Inicios de un invento asombroso”, “Cine mudo de anteayer”, “Delirio de los años veinte”, “Once escritos pioneros”, “Impacto del cine sonoro”, “Nuestra vanguardia ante el cinema”, “Los años cuarenta”, “Los cincuenta” y “Los sesenta y setenta”. 

¿Cuáles fueron algunas de esas novedades?

Por ejemplo, hasta ahora la más temprana crítica cinematográfica, publicada por Ramón Caldera en la revista Los Domingos (16 de noviembre, 1919) sobre la serie muda “El Desfalco”; el primer nicaragüense que trabajó en Hollywood: Adolfo Vivas, de Granada; el primer panegírico del cine como arte: el de Antenor Sandino Hernández, de León, en la revista Arte y Vida (15 de septiembre, 1920); y las más antiguas filmaciones realizadas en Nicaragua (noviembre, 1922). Me refiero a un documental sobre el Ingenio San Antonio y al reportaje de la consagración del obispo de León Agustín Tijerino Loisiga. 

¿Qué capítulo de su obra considera más logrado?

Depende del punto de vista. Como aporte al conocimiento de Rubén Darío, el que descubre sus citas sobre el cinematógrafo entre 1897 y 1913: once en total. Como reportaje concreto de la experiencia hollywoodense de Gabry Rivas, las páginas que le consagro. Como incidencia determinante del cinema en la literatura, el capítulo sobre los vanguardistas granadinos desde 1927 a inicios de los años treinta. Como semblanza integral de una personalidad cinemaniática, de gran impacto en mi generación, el titulado “Mario Cajina-Vega: Barón de la pantalla”.

¿Por qué decidió abordar la temática del cine en Nicaragua?

Porque se necesitaba conocer mucho más acerca de la experiencia entre nosotros de ese vicio solitario ––el mejor de todos–– practicado entre multitudes. Y porque ha incidido en la vida de tres, cuatro, cinco generaciones, como sofisticado medio expresivo, sin olvidarnos que su “amalgama y suma de todas las artes” ––como lo define Pedro Xavier Solís–– ha sido y es industria y producto comercial, testigo de su tiempo, documento social y psicológico, evasión, divertimento y propaganda política. 

¿Se limita el ámbito geográfico de su obra a Managua?

Como era de esperarse, nuestra capital ocupa la mayoría de sus páginas. Pero también detallo el cine visto en otras ocho poblaciones: León, que se lleva la primacía; Chinandega, Granada, Masatepe, Boaco, Juigalpa, Bluefields y el Mineral La India. 

¿Cuál fue el aporte de Ramiro Argüello?

Mi libro lo concebí en homenaje a Ramiro. Franklin Caldera ––el intelectual que más sabe de cine en Nicaragua y acaso en el área centroamericana–– ha reconocido ese aporte: una labor crítica que combinaba magistralmente la erudición y la pasión cinéfila con el análisis sintético, profundo e incisivo. 

¿Qué más puede añadir sobre El Cine entre los Nicas?  

Prefiero que lo adquieran y lean. En el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, donde se presentará el jueves 21 de septiembre por la noche, tendrá un precio promocional. No obstante, diré que mi más reciente obra conforma un tributo al arte del celuloide, a sus íconos de antaño y de mi generación, como también a todos los espectadores que, en nuestro pedazo del tercer mundo, lo amaron y disfrutaron, apreciándolo como el espectáculo más atractivo y popular del siglo veinte.